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Revista de la Facultad de Artes y Diseño plantel Taxco

CUT EH4 Proceso

Dibujar un espacio habitado. Aproximaciones a un habitar interno de la memoria

Por Judith A. Arámburu García.–

Para el artista dibujar es descubrir.
John Berger[1]

Introducción

El dibujo se interrelaciona con la memoria y el espacio mediante el desarrollo de una actitud fenomenológica, la cual permite observar las múltiples formas en las que los recuerdos de los espacios se van presentando ante la conciencia y se van convirtiendo en trazos que logran traducir lo que se ha experimentado y los rastros que deja el haber evocado un espacio habitado[2].

Primera aproximación: sobre el concepto de dibujo

El dibujo invita a un diálogo inmediato con la realidad circundante y cuestiona el hecho cotidiano; vuelve posible una aproximación al objeto, a la sensación, a la experiencia, a un conocimiento, a una idea. “Un dibujo es un documento autobiográfico que da cuenta del descubrimiento de un suceso, ya sea visto, recordado o imaginado. Una obra ‘acabada’ es un intento de construir un acontecimiento en sí mismo”[3].

Un trazo permite lanzar una primera idea, arrojar información interna, externar lo que no está esclarecido. Cada día vamos coleccionando emociones, recuerdos y vivencias que ocupamos para producir, poco importa el tipo de registro que utilicemos, lo recolectado va a tomar formas diversas. Una línea hace comprender de distintas maneras un hecho atemporal, asemejándolo, quizá, con los relatos de Plinio el Viejo[4] en cuanto al primer encuentro de dibujo, en el contorno de esa sombra humana sobre la pared. Al respecto, Regis Debray menciona que “Representar es hacer presente lo ausente. Por lo tanto, no es simplemente evocar sino reemplazar. Como si la imagen estuviera ahí para cubrir una carencia, aliviar una pena”[5].

El dibujo ofrece un acercamiento a los fenómenos atemporales en un sinfín de dicotomías en las cuales se procura la reflexión, el análisis y la confrontación del lenguaje visual con las situaciones que se presentan en la vida —como las pérdidas y los espacios que alguna vez fueron habitados y que perduran gracias a nuestra memoria—. Según Berger existen tres tipos de dibujos: los estudios, los bocetos y los hechos de memoria. Estos últimos tratan de hacer un compendio de la información que se almacena: “se hacen a fin de exorcizar un recuerdo que obsesiona al artista, a fin de sacarse de la cabeza de una vez para siempre determinada imagen, llevándola a un papel. La imagen insoportable puede ser dulce, triste, espantosa, atractiva, cruel”[6].

Esto, dentro del contexto del arte contemporáneo, hace que el dibujo sea un concepto y una práctica tan amplia que no se puede comprimir en una sola vertiente, puesto que se muestra como un lenguaje que se aproxima a la realidad a partir de sus múltiples formas en cuanto a la línea que se expresa. Ya lo ha mencionado Adolphs Volker:

El dibujo se dirige hacia adentro y hacia afuera; es experimento de la contemplación y del pensamiento sin nunca llegar a un final exquisito. Por lo tanto, el dibujo no se ocupa únicamente de sí mismo y de sus recursos sino también de todo aquello que va más allá, es decir, del mundo.[7]

Segunda aproximación: memoria y espacio

La memoria, más allá de su función neurofisiológica, también abarca lo sociocultural en tanto a la percepción de la realidad y la construcción de significados. No podemos recordar todo aquello que percibimos y tampoco olvidarlo, el funcionamiento de cada uno es un asunto que aún no logramos dilucidar por completo, como lo expresa Samuel Arriarán:

Se tiene memoria de ciertas cosas, para otras no; hay cosas que debemos retener y otras que necesitamos olvidar. De tal manera que la relación retener-recordar se conecta forzosamente con el olvido, que no es pérdida y falta sino algo constitutivo de la vida humana[8].

Sobre esta misma idea, Paul Ricoeur expresa:

¿de qué hay recuerdo?, ¿de quién es la memoria? […] Los griegos tenían dos palabras, mnēmē y anamnesis [sic], para designar, por una parte, el recuerdo como algo que aparece, algo pasivo, en definitiva, hasta el punto de caracterizar como afección –pathos– su llegada a la mente, y, por otra parte, el recuerdo como objeto de una búsqueda llamada, de ordinario, rememoración, recolección. El recuerdo, encontrado y buscado de modo alternativo, se sitúa en la encrucijada de la semántica y de la pragmática. Acordarse es tener un recuerdo o ir en su búsqueda[9].

De igual manera, la noción de espacio considera varios factores que van desde la percepción física hasta la complejidad en el pensamiento y experiencia personal, éstos son: las funciones adaptativa y simbólica; lo conductual; el territorio y espacio personal; y el apego al lugar. Al respecto, Jesús Rojas Arredondo menciona que: “se puede apreciar que el espacio también puede entenderse como una categoría para pensar la vida, una categoría múltiple y rigurosa, una categoría en las cosas, los hechos y las circunstancias que ocurren”[10]. A partir de aquí podemos vislumbrar el espacio no sólo como un “territorio físico abstracto” sino como un lugar que guarda en sí el escenario en el que nos desenvolvemos, no sólo lo que nos rodea sino también lo que rodeamos.

En la cualidad simbólica del espacio, junto a la memoria, es donde ocurren y se trasponen las cosas, pues no podemos separar nuestras experiencias, actos, recuerdos o situaciones del lugar en el que acontecen. Tanto la memoria como la cualidad simbólica precisan su contenido al tiempo que ayudan a examinar y recobrar las vivencias, ya que es el espacio lo que define el significado y nos acciona en las circunstancias que se presentan. Así lo describen José Antonio Corraliza y José María León:

Gran parte de la experiencia acumulada por los sujetos a lo largo de su existencia está relacionada con un lugar […] Los lugares anclan las vivencias de los sujetos, definen sus contenidos y ayudan a reconocer y a recuperar esas mismas vivencias[11].

Es decir, se va desarrollando una capacidad evocadora ligada a las experiencias pasadas. En palabras de Javier Maderuelo: “Es la experiencia quien define el carácter y las condiciones del espacio, configurando la capacidad perceptiva de él”.  Por ejemplo, una mudanza no sólo significa llevarse objetos, sino también recuerdos del lugar en el que estuvimos y de las personas con las que convivimos, los cuales pueden presentarse de manera frecuente, pero también olvidarse. En lo que se ha de recapacitar es en el hecho de que lo espacial es lo que invita a la evocación de lo vivido, lo que actúa sobre el recuerdo, aquello que sugiere un movimiento y nos conduce a una diversidad de direcciones, oportunidades o situaciones como escenario de nuestros actos, pensamientos y afectos.

Tercera aproximación: dibujar un espacio habitado

Dibujar un espacio habitado consiste en reflexionar sobre la espacialidad: en eso que se ha transitado, que es atemporal –porque se puede recorrer con la memoria–, y donde existe una conciencia de haberse ocupado –porque se puede rastrear–. Para captar el recuerdo de un lugar, se trabaja con los remanentes y se convive con éstos; es decir, se trata de concientizar la experiencia; de recordar la experiencia y la experiencia de recordar. En términos filosóficos, particularmente lo teorizado por Edmund Husserl, la actitud fenomenológica nos adentra a la experiencia y a la descripción de un fenómeno, dejando atrás las posibles conjeturas de la interpretación y la significación. Dicho de otro modo, no se necesita descifrar cada concepto sino observarlo y reflexionarlo a partir de los cuestionamientos surgidos dentro de los procesos creativos, es decir, permitir una interacción con los fenómenos que se presentan en la conciencia.

Esto se podría ejemplificar al tener un cubo entre las manos que sabemos consta de seis caras (un conocimiento previo y parcial ya nos ha indicado que se trata de un cubo), pero al observarlo sólo vemos tres caras al mismo tiempo; para ver las otras tres debemos rotarlo, pues no vemos el objeto en su totalidad, sino que la experiencia nos hace percibirlo en partes. A esto Husserl lo nombró “escorzos”. Trabajar reiteradamente sobre una imagen permite recabar información en cada boceto o dibujo que se hace debido a que la idea inicial se modifica, se buscan otras alternativas para acercarse a un efecto esperado y también se comprende que cada uno tiene sus propiedades particulares [Véanse las figuras 1 y 2].

FIGURA 1. Judith Arámburu, Exploración del espacio con perspectiva. Carbón vegetal sobre papel bond, 69×188 cm., 2016.
FIGURA 1. Judith Arámburu, Exploración del espacio con perspectiva. Carbón vegetal sobre papel bond, 69×188 cm., 2016.
FIGURA 2. Judith Arámburu, Boceto para Proceso de desalojo. Carbón vegetal sobre papel bond, 69×188 cm., 2016.
FIGURA 2. Judith Arámburu, Boceto para Proceso de desalojo. Carbón vegetal sobre papel bond, 69×188 cm., 2016.

Al comprender la concepción propia sobre el espacio habitado, el método fenomenológico funge como estrategia de aproximación al recuerdo gracias al trabajo que se hace con cada lugar, pues el recuerdo se lleva al lenguaje visual, dando apertura a las diversas posibilidades de exploración y experimentación dentro de los procesos creativos. Mediante los bocetos se busca capturar elementos y observarlos, dependiendo de la actitud fenomenológica que se pueda adoptar y desarrollar en cada momento de interacción con lo recordado.

A partir de lo observado durante el proceso, aparece la palabra inestabilidad cuando se reconoce una sensación fluctuante sobre la escena a recordar, ésta cobra sentido en la fugacidad del soporte y los materiales plásticos que se van combinando con los trazos. El dibujo se va convirtiendo en un pedazo de reminiscencia individual, en un imaginario propio a partir de las evocaciones que van tomando formas diversas, hasta que se logra hablar desde la imagen. Es gracias al constante diálogo interno, la repetición de bocetos y el uso de materiales, que el proceso se presta al análisis y la reflexión sobre observar el recuerdo, convivir con él y exteriorizarlo. O en palabras del propio Husserl: “La percepción es meramente vivencia de mi sujeto, del sujeto que percibe. Igualmente son vivencias subjetivas el recuerdo y la expectativa y todos los actos intelectuales edificados sobre ellos”[12].

En el caso particular de este proceso, los trazos de EH4: Proceso de desalojo [Véase la figura 3], sugieren una atmósfera cruda pero vigorosa, un tanto inquietante e inestable que se despliega y se mueve. Se trata de un espacio que muestra el despojo de objetos, donde sólo quedan atisbos de personas y vivencias. En palabras de Berger: “El dibujo fue una manera de dirigirse a lo ausente, de hacer que apareciera lo ausente”[13]

FIGURA 3. Judith Arámburu. EH4: Proceso de desalojo. Carbón vegetal y comprimido, medio acrílico, pigmentos y pintura acrílica sobre papel, 120×268 cm., 2016.
FIGURA 3. Judith Arámburu. EH4: Proceso de desalojo. Carbón vegetal y comprimido, medio acrílico, pigmentos y pintura acrílica sobre papel, 120×268 cm., 2016.

[Publicado el 5 de mayo de 2022]
[.925 Artes y Diseño, Año 9, edición 34]

Referencias

  • Arriarán, S. (2010). Filosofía de la memoria y del olvido. Universidad Pedagógica Nacional-Ítaca, México.
  • Arámburu García, J. A. (2019). Espacios Perdidos. Interrelaciones entre pérdida, memoria y espacio en el dibujo. Tesis de Maestría. Facultad de Artes y Diseño- Posgrado en Artes y Diseño, Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Berger, J. (2011). Sobre el dibujo. Gustavo Gili. Barcelona.
  • Corraliza, José Antonio y León Rubio, José María. 1994. Aspectos ambientales de la conducta y facilitación social. En Psicología Social, coord. J. Francisco Morales Domínguez. Barcelona: McGraw-Hill.
  • Morales Domínguez, J. F.; Gaviria, E. Coord. (1994). Psicología Social, McGraw-Hill. Madrid.
  • Debray, R. (1994). Vida y muerte de la imagen: Historia de la mirada en Occidente. Paidós Ibérica, Barcelona.
  • Husserl, E. (1982). La idea de fenomenología: Cinco lecciones. FCE. México.
  • Maderuelo, J. 2008. La idea de espacio. Akal. Madrid
  • Ricoeur, P. (2000). La memoria, la historia, el olvido. FCE, Buenos Aires.
  • Vivas i Elias, P.; Mora Martínez, M.; et al. (2005). Ventanas en la ciudad. Observaciones sobre las urbes contemporáneas. UOC. Barcelona.
  • Volker, A. “El laberinto del mundo. El dibujo en el arte contemporáneo”, Banrepcultural, Youtube, minutos 8:20 al 8:41, (consultado el 13 de julio de 2021). https://youtu.be/xYu6T7h1sUs

[1] Berger, J. (2011). Sobre el dibujo. Gustavo Gili. Barcelona. p. 7.
[2] El presente artículo es un texto retomado y adaptado con fines de publicación de: Judith A. Arámburu García, “Espacios Perdidos. Interrelaciones entre pérdida, memoria y espacio en el dibujo” (tesis de maestría, FAD-PAD, Universidad Nacional Autónoma de México, 2019).
[3] Berger, J. Sobre el dibujo, 8.
[4] Plinio el Viejo (Cayo Plinio Segundo) (Comum, hoy Como, 23 – Stabies, hoy Castelllammare di Stabia, 79). Escritor latino de cuyas obras se conserva su ‘Historia natural’, obra enciclopédica que durante la Edad Media fue considerada máxima autoridad en materia científica.
[5] Debray, R. (1994). Vida y muerte de la imagen: Historia de la mirada en Occidente. Paidós Ibérica, Barcelona. p. 34.
[6] Berger, J. Sobre el dibujo, p. 35.
[7] Adolphs Volker, “El laberinto del mundo. El dibujo en el arte contemporáneo”, Banrepcultural, Youtube, minutos 8:20 al 8:41, (consultado el 13 de julio de 2021). https://youtu.be/xYu6T7h1sUs
[8] Arriarán, S. (2010). Filosofía de la memoria y del olvido. Universidad Pedagógica Nacional-Ítaca, México. p. 11.
[9] Ricoeur, P. (2000). La memoria, la historia, el olvido. FCE, Buenos Aires. pp. 19-20.
[10] Rojas Arredondo, J. (2005). “Nuevas ciudades y nuevos espacios”, en Ventanas en la ciudad: Observaciones sobre las urbes contemporáneas. UOC. Barcelona. p. 91.
[11] Corraliza, J. A. y León Rubio, J. M. (1994). “Aspectos ambientales de la conducta y facilitación social”, en Psicología Social, coord. Morales Domínguez, J. F. McGraw-Hill. Barcelona. p. 45.
[12] Husserl, E. (1982). La idea de fenomenología: Cinco lecciones. FCE. México. p. 29.
[13] Berger, J. Sobre el dibujo, 96.

Psicóloga, Psicoterapeuta y Artista Visual. Licenciada en Psicología y Maestra en Artes Visuales, por la UNAM. Actualmente, está por ingresar al Doctorado en Artes y Diseño en la UNAM. Es profesionista independiente en dos campos, desarrollando una perspectiva multidisciplinar en Investigación en Procesos Psicosociales y Culturales, Psicoterapia con especialidad en Logoterapia y Análisis Existencial, y Educación Artística. Dentro del campo artístico, ha comprendido una trayectoria de 20 años, con una práctica en dibujo y pintura, ha impartido clases particulares a población infantil, adolescente y juvenil (de manera presencial y en línea), y ha participado en 21 exposiciones colectivas.

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