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Lo posible y lo deseable. La joyería artística postpandemia

Por Carmen Tapia Martínez.–

Todos lo sabemos, la pandemia que vivimos en el 2020 y 2021 ha transformado la manera en la que nos relacionamos. El conjunto de las áreas de la vida ha sufrido grandes cambios y en general nuestras relaciones han migrado a lo virtual con excepción de nuestro entorno familiar inmediato. Nuestras vidas se instalaron en un sólo sitio, e impedidos a viajar y a reunirnos, migramos a espacios virtuales mediando la comunicación con plataformas multimedia que nos permiten al menos, mantenernos “conectados”. La comunicación virtual sincrónica está ya normalizada y vamos en camino de acostumbrándonos a compartir vía streaming parte de nuestra intimidad doméstica con personas que en tiempos previos a la pandemia jamás habrían entrado a nuestras casas. La oficina, taller, escuela, negocio o cualquier sitio donde hayamos laborado, entró a nuestro hogar con las ventajas y complicaciones que esto significa.

La educación formal migró casi totalmente al modelo online, y crecieron exponencialmente las plataformas que ofrecen formación virtual asincrónica en los más diversos asuntos de la vida y del trabajo. Miles de cursos, tutoriales y talleres, pululan en la red; una interesante competencia entre la educación formal en línea y la formación virtual plantea una transformación inminente de la manera en la que comprenderemos y ejerceremos la educación en general.

La forma en la que adquirimos y vendemos productos cambió también radicalmente, la compra en línea y la entrega a domicilio por medio de todo tipo de servicios de envío y paquetería nos trajeron a casa los productos más variados posibles: desde una orden de comida rápida, hasta una pieza de arte puede estar a la puerta de nuestra casa. Marcas prestigiadas, pequeños negocios locales, productores independientes y grandes tiendas multimarca, empezaron a vender o incrementaron su atención a la venta en línea. Las redes sociales han tenido un papel muy importante en ello. Sin embargo, la producción de bienes cayó, ya que muchas industrias detuvieron su producción y muchas pequeñas empresas cerraron definitivamente, sin duda la oferta de trabajo y el consumo se redujeron también. La CEPAL[1] estima que más de 2.7 millones de empresas formales en la región de América Latina y El Caribe tendrían que cerrar; 2.6 millones de las cuales serían microempresas. La pérdida que esto implicaría en puestos de trabajo sería de 8.5 millones, sin incluir las reducciones de empleos que realicen las empresas que seguirán operando[2]. La ONU estima que nuestra región terminó 2020 con una caída del PIB del 7.7% y una tasa de desempleo del 10.7% en la peor crisis en 120 años, y aun cuando prevé que en 2021 podría rebotar un 3.7%, no alcanzará los niveles en que estaba antes de la pandemia sino hasta 2024.

En contraste, la industria del lujo, que también se vio afectada por la emergencia sanitaria, empieza a recuperarse este año. Entre los artículos que apuntalan esta recuperación se encuentra la joyería[3]. Al parecer, los más ricos del mundo, en lugar de viajar, compraron joyas de diamantes y oro durante el confinamiento. Sin embargo, la joyería artística –aun cuando podríamos considerarla como un bien de lujo– no es significativa para este sector en el que las grandes marcas de joyería de alta gama lideran. Me parece que también es poco adecuado considerar los datos del mercado del arte para valorar el mercado de la joyería artística, de la que se tiene muy poca información por su pequeño tamaño en relación con el potente mercado global del arte, que durante el 2020 se contrajo un 22%, con relación al 2019, y se adaptó muy rápidamente a las ventas en línea, convirtiendo este canal de venta en el 25% total del mercado, según el informe The Art Market 2021[4].

Hay que decir que el mundo “no conectado” desapareció. El acceso a internet y a las tecnologías digitales definió la posibilidad de pertenecer al mundo. Hoy la brecha económica se hace más grande, y el acceso a las TIC plantean una nueva forma de exclusión social sin precedentes, no es de sorprender que la polarización social y política sea cada vez más preocupante y que la globalidad se ponga duramente en entredicho.

La joyería de arte ha tenido que adaptarse al mundo antes descrito. El entramado de agentes que sostienen al “sistema” de la joyería artística tuvo que modificar sus modelos para no desfallecer ante la emergencia.

El primer eslabón de este entramado es el grupo de estudiantes o aprendices de joyeros, quienes consumen: educación, materiales, herramientas, libros; asisten a las exposiciones; visitan ferias; etc., ellos son el combustible del sistema y por ello son fundamentales. Durante la pandemia, este grupo –que supongo es el más extenso– limitó su movilidad y definitivamente, en cuanto a la educación, migró a lo virtual. Ante la emergencia, sucedió lo que muchos no creíamos posible: talleres online sobre todo tipo de técnicas tradicionales y experimentales; talleres de diseño, conceptualización, historia, y un largo etcétera, fueron ofrecidos desde universidades prestigiadas, pequeñas escuelas y por joyeros independientes. Por supuesto, también aumentó la demanda de tutoriales y cursos en línea sobre joyería, ofrecidas desde plataformas dedicadas específicamente a la formación asincrónica (Domestika[5] y Crehana[6] en México, por ejemplo).

El grado de reconocimiento oficial de esos aprendizajes, y su calidad o nivel, no serán tema en este momento, pero lo que sí es relevante ahora es que dicha oferta de formación y educación, que la emergencia detonó, no tiene perspectiva de desaparecer. Tener al alcance a maestros de todo el mundo y poder acceder desde casa, es una ventaja que nunca habíamos tenido tan cercana. Los costos de esta formación, sobre todo de la asincrónica, son relativamente más bajos, que los que podríamos esperar si fuera presencial y, al no representar la necesidad de transportarse o mudarse, se convierte en un propósito asequible. Claro que tienen sus limitantes. Todos los que hemos estado en un taller de joyería sabemos lo relevante que es la experimentación directa con los materiales y el acceso a las herramientas, maquinaria o tecnología que poseen las instituciones.

El diálogo crítico e instantáneo entre maestros y estudiantes o las relaciones que genera el trabajo grupal, continuo y sostenido, son experiencias que me parecen insustituibles. Lo deseable a futuro sería que los modelos presencial y virtual se mezclaran, adaptándonos ya no a la emergencia sino a la pertinencia de cada modelo según la temática. Es obvio pensar que los contenidos teóricos pueden servirse del modelo “en línea”, en cuanto a lo técnico y experimental habrá que revisar los objetos generados de estas experiencias virtuales y analizar sus alcances y propuestas. No es raro que, durante la crisis y la carencia, la creatividad nos regale algunos de sus mejores frutos; que la experimentación técnica y los materiales recorran caminos desconocidos y las ideas se nutran de los contextos cotidianos o subjetivos refrescándose. Por ahora, antes del análisis de los resultados, lo que queda claro es que estudiantes y maestros hemos cruzado la línea y ya acostumbrados a las nuevas plataformas digitales difícilmente regresaremos a un modelo totalmente presencial.

Por otra parte, las instituciones educativas han encontrado en el modelo virtual, ventajas económicas y administrativas que dudo quieran desaprovechar en el futuro. Supongo que la educación y capacitación en línea sobre joyería, llegó para quedarse.

Que la oferta de cursos y talleres de joyería creciera durante el confinamiento nos hace pensar en un público cada vez más especializado, por ello no es de sorprender que también las conferencias, mesas de discusión y congresos sobre joyería fueran tan frecuentes y exitosos. Al igual que la educación, es muy probable que la difusión y divulgación del quehacer y los problemas de la joyería artística, sigan aprovechando la virtualidad. Me parece sobre todo relevante en México, en donde no está muy claro aún qué es la joyería de arte, qué es lo que la diferencia de la “otra” joyería y por qué puede y quiere definirse como distinta. También por qué en México no existen suficientes espacios de exhibición ni tampoco un sistema de galerías-ferias-premios-museos-coleccionistas que den cohesión a la producción de los joyeros artísticos mexicanos.

Cada tanto aparece un congreso, una exposición o una galería que agrupa a la producción nacional, pero no con suficiente fuerza. Sería deseable que en el futuro post-covid estos “agentes” aprovecharan el creciente interés por el tema y que junto con las instituciones educativas prepararán y dieran lugar a los creadores y público de este tipo de joyería.

En cuanto al mercado de la joyería artística, éste padeció una transformación similar al de la educación y difusión. La mayoría de las ferias y eventos del sistema, que fungen como atractores del sector, cancelaron sus eventos presenciales y se mudaron a formatos virtuales durante 2020, y al parecer durante 2021, sólo Joya Barcelona[7] prevé un formato presencial hasta la fecha; todas las demás seguirán con eventos online y el regreso presencial se vislumbra hasta mediados o finales del 2022.

El marzo pasado, auspiciados por la plataforma AUTOR[8] y moderada por su director Along Dan Pierșinaru, se realizó una conversación, entre Astrid Berens, director y fundador de SIERAAD[9]; Bryna Pomp, curadora de MAD About Jewelry[10]–New York; Isobel Dennis, director de la feria COLLECT[11]–London; y Paulo Ribeiro, director y fundador de Joya Barcelona, en la que discutieron sobre el cómo estos eventos están sucediendo durante la pandemia y sobre cuál es su futuro. Hablaron también sobre el costo que representa para los artistas asistir a ellos y se cuestionaron acerca de si es redituable para ellos, o cómo es que podría serlo. Algunas de las ideas que se concluyeron apuntan a que las ferias son caras y la mayoría de los artistas de joyería no tienen una preparación comercial suficiente para aprovecharlas y hacer un buen negocio de ellas. Por otra parte, parece que es indispensable ser parte de ellas si se pretende tener alguna visibilidad en el mundo de la joyería artística y son fundamentales para sostener al mercado. Es de esperar que en cuanto sea posible, las ferias presenciales regresarán con mucha fuerza, hay cosas que no pueden ser virtuales y parece que estos eventos forman parte de ellas.

AUTOR
AUTOR
SIERAAD
SIERAAD
MAD About Jewelry
MAD About Jewelry
COLLECT
COLLECT

Sin embargo, la migración virtual que obligó a fortalecer las plataformas de comunicación y venta en línea, no solamente de las organizaciones convocantes a ferias y eventos comerciales, sino también de los propios joyeros que tuvieron que poner énfasis en sus plataformas individuales: páginas y tiendas web, redes sociales, etcétera, podría propiciar un acercamiento nuevo entre productores y compradores. Supongo que en los siguientes años este empeño dará mejores frutos, combinando la posibilidad de la presencia y el contacto directo tanto de la obra como de los autores.

Curiosamente, la imposibilidad de la comunicación directa favoreció la comunicación del gremio, saltando fronteras más que nunca, ampliando el público y fortaleciendo el interés por la joyería de arte. También ha sido fundamental la producción editorial que ha dejado ver su fortaleza e importancia durante la pandemia, pues esta es una de las articulaciones del sistema de la joyería de arte que ha permanecido sólida. No así las galerías y tiendas, que sufrieron una generalizada caída en las ventas con las desfavorables consecuencias para los artistas e intermediarios.

¿Qué podemos esperar del futuro de la joyería artística postpandemia frente a este panorama?, ¿qué sería lo deseable?, ¿qué lo posible? Es difícil prever un futuro cuando estamos aún en un estado de transición entre la crisis y la “nueva realidad”, la pandemia no ha terminado, tenemos esperanza gracias a las vacunas, pero al parecer pasarán todavía años antes de que podamos considerar superado el COVID-19 y aun así tendremos que lidiar con los efectos sociales, psicológicos y económicos que siguen siendo poco previsibles y bastante preocupantes. Sólo me atrevería a decir que seguramente el engranaje de organizaciones, personas, objetos y saberes que forman el sistema de la joyería artística, de ahora en adelante, seguirán el modelo omni-canal, es decir, un modelo híbrido que contemple lo online y lo offline en todas las áreas: educación, comercio, difusión, etc.

Por lo demás y si confiamos en que la historia se repite, podemos esperar una lenta transición a la normalidad en los próximos años con algunos cambios sociales, producto de la desigualdad agudizada por la emergencia. También es de esperarse, como lo pronostica el médico y sociólogo Nicholas Christakis, que después de un periodo de “cicatrización” de los traumas provocados por las pérdidas humanas y materiales, y de todo un mundo que dejamos atrás, venga un periodo de desenfreno postpandemia:

Hay impactos que está teniendo el COVID que ya hemos visto antes en otras pandemias a lo largo de la historia. Por ejemplo, la gente se vuelve más miedosa, más introspectiva y tiene más aversión al riesgo. Eso ya está pasando. La religiosidad está aumentando en EE. UU. No hay ateos en las trincheras. Este efecto no suele ser duradero y desaparece cuando desaparece la epidemia. También suele suceder, como pasó en los felices años veinte del siglo pasado, que tras la pandemia la gente vuelve a buscar el contacto social y el desenfreno. Así que, cuando vuelva la normalidad, seguramente aumente también el gusto por el riesgo, la fiesta y las ganas de gastar”[12]

Si confiamos en estas predicciones, el desenfreno postpandemia podría afectar muy positivamente al mercado de la joyería de arte, pues en gran medida depende de la socialización y el arrebato de los compradores. La joyería artística pocas veces se puede considerar una compra de inversión, como sí se considera a la joyería de lujo, que tiene un valor intrínseco por los materiales de los que está hecha, o al arte, que tienen un mercado más sólido que le da seguridad a los inversores. Por ello, tal vez, si el mundo tiene un ánimo de riesgo y desenfreno querrá adornarse con lo no convencional y atreverse a gastar en los indefinibles objetos que son la joyería de arte.

Pero, sobre todo, lo más interesante de esperar son las obras nacidas del confinamiento y la crisis, las nuevas producciones que los autores crearon en un mundo incierto. Confío en que durante este tiempo se hayan creado nuevas formas, nuevos mensajes y procesos enriquecidos de esta experiencia, muchas veces terrible, que ha sido la pandemia. El mundo paró para todos, algo de angustia y zozobra nos tocó, parémonos a reflexionar sobre el sentido de lo que hacemos, somos y queremos. Espero que esas reflexiones y experiencias estén contenidas en esos misteriosos objetos que llamamos joyería de arte. 

[Publicado el 10 de agosto de 2021]
[.925 Artes y Diseño, Año 8, edición 31]

Referencias


[1] La CEPAL es la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU. https://www.cepal.org/

[2] Naciones Unidas (02 de Julio 2020) Unos 2,7 millones de empresas podrían cerrar en América Latina y el Caribe a causa de la pandemia del coronavirus. https://news.un.org/es/story/2020/07/1476912

[3] Redacción (29 de mayo 2021) Industria de lujo apuntala su recuperación a través de accesorios y joyería. Forbes México. https://www.forbes.com.mx/forbes-life/moda-industria-del-lujo-muestra-senales-de-recuperacion/

[4] McAndrew Clare (20 de Junio 2021) The Art Market 2021. The Art Basel and UBS Global Art Market Report. https://www.artbasel.com/about/initiatives/the-art-market

[5] https://www.domestika.org/es

[6] https://www.crehana.com/home/

[7] https://joyabarcelona.com/

[8] AUTOR International Contemporary Jewelry Fair. https://dautor.ro/en/

[9] https://www.sieraadartfair.com/

[10] https://thestore.madmuseum.org/

[11] https://www.craftscouncil.org.uk/collect-art-fair

[12] Marta García Aller. (01 de febrero 2021 – 05:00) Entrevista a Nicholas Christakis. El Confidencial. https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-02-01/entrevista-nicholas-christakis-normalidad-coronavirus_2925579/

Carmen Tapia es diseñadora de platería contemporánea. Desde el 2005 dirige su estudio- taller en el que produce su obra y realiza colaboraciones con artistas y empresas. Su trabajo de platería ha merecido algunos de los premios más importantes de su gremio y se ha expuesto en ferias de arte, galerías y museos de Mexico y el extranjero. Cursó la licenciatura en filosofía en la Universidad Autónoma del Estado que Morelos y fue profesora de la Facultad de Arte y Diseño plantel Taxco de la FAD.

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