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Culturas precolombinas

Recursos gráficos usados para la descripción de las particularidades fónicas en el Arte de Carochi

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Por Carlos Alberto Salgado Romero.

Con la introducción de la imprenta a América, con la que se conformó el primer taller de impresión en lo que ahora es la Ciudad de México en el año de 1539, debiéndosele, desde diferentes perspectivas, los merecidos reconocimientos al fraile, inquisidor y juez, Juan de Zumárraga, primer arzobispo de la Nueva España; al alemán, impresor en Sevilla y comerciante de libros, Cromberger; y al italiano, nacido en Brescia (y quien en su momento fuera ayudante de este último), Giovanni Paoli (mejor conocido como Juan Pablos)[1], la tipografía aplicada en el “Nuevo Mundo”, durante los primeros años de la producción impresa en México –en donde los misioneros y expedicionistas (principales generadores del conocimiento novohispano) tuvieron que confrontarse de manera directa (echando mano básicamente de muy pocos instrumentos de reconocimiento científico) con algunos de los aspectos particulares asociados a la naturaleza de las formas y estructuras de las ignotas culturas indoamericanas–, se vio enfrentada a un singular reto, a saber, el conseguir satisfacer las necesidades de los productores del conocimiento quienes, por su parte, se vieron obligados a hacer un uso sistemático de elementos gráficos para alcanzar a explicar las singularidades relativas a la forma en que, de manera descriptiva y analítica, deberían de ser concebidas algunas de las particularidades asociadas a los valores de las unidades fónicas, pertenecientes, éstas, a los sistemas fonológicos de la amplia variedad y diversidad de lenguas indoamericanas, cuyos principios y parámetros se alejaban por mucho de los tenidos por sentados para sus equivalentes, pertenecientes, estas otras, a la macro familia indoeuropea, para las que ya se tenían concebidas artes y gramáticas descriptivas que concentraban su atención –además de sobre aspectos morfológicos y gramaticales– en la naturaleza de los sonidos de ellas[2] y sobre la manera en que se correspondían con los elementos con que se les representaba gráficamente.

De acuerdo con lo anterior, a falta de ciertos instrumentos de investigación, y debido a la carencia de métodos de acercamiento que garantizasen de manera fidedigna el ejercicio descriptivo al que tuvieron que ceñirse los misioneros para proyectar con cierto grado de precisión el entendimiento sobre estas unidades mínimas significativas, correspondientes al plano fonológico del sistema lingüístico (nivel en donde se define tanto la naturaleza acústica y articulatoria de los sonidos de la lengua como la manera en que se efectúan los procesos que están relacionados con sus principios de realización, transformación y cambio), los misioneros se vieron forzados a considerar de manera casi plena sus referentes ya definidos –que se hallaban concentrados en algunos de los trabajos previamente realizados– para, partiendo de ellos a manera de calco, diseñar un método explicativo tomando como base comparativa las gramáticas y artes ya conocidas que habían sido desarrolladas preliminarmente (sobre algunas de las lenguas indoeuropeas) con la finalidad de tratar ciertos aspectos que estaban relacionados con la naturaleza de las lenguas indoamericanas[3].

Si bien puede ser reconocido que las labores particulares de la imprenta dentro de la Nueva España, a partir del contenido de sus primeros impresos, se enfocaron en gran medida en la producción de documentos que han sido reconocidos como instrumentos que fueron aplicados, durante los procesos y labores del adoctrinamiento religioso, por parte de algunas de las órdenes mendicantes (franciscanos en gran medida)[4] que dirigían sus esfuerzos hacia fines puramente evangelizadores –en tanto, durante los diez primeros años de trabajos de impresión (a partir de que a finales de 1539 con el píe de imprenta de “la casa de Juan Cromberger” saliera el primero de este tipo, Breve y compendiosa Doctrina cristiana en lengua mexicana y castellana), por este medio vieron la luz trece obras cuyos fines intrínsecos estaban dirigidos al adoctrinamiento cristiano sobre los pueblos indoamericanos–, la labor que partía de los misioneros se centró, por otra parte, en desarrollar instrumentos por medio de los cuales se generara cierto reconocimiento y sensibilidad sobre aspectos culturales tales como los inmanentes a la lengua. En este sentido, tras la misma consigna evangelizadora, los misioneros al momento de desarrollar sus artes hicieron énfasis en gran medida sobre la importancia del buen entendimiento y conocimiento pleno y sistemático de la lengua para, a partir de ello, poder aplicar todo método dirigido hacia el adoctrinamiento.

De acuerdo con lo anterior, en algunas de las artes, conocidas hoy en día como gramáticas misioneras, se hace explícita tal consideración por medio de la exposición de ciertas reflexiones planteadas en los trabajos preliminares que las acompañaron. A este respecto, Maturini Gylberti en 1558, por medio de su Arte de la lengua de Michoacán, hace manifiesto, en su prólogo, sobre la importancia de entender bien la lengua de los naturales en tanto debe predicarse la palabra de Cristo en la misma que le sea inteligible a los oyentes (Gylberti, 1558:11). Asimismo, con el fin de que se lograse entender, y reproducir de manera fiel a su naturaleza acústica, el repertorio de sonidos correspondiente a cada lengua, los gramáticos misioneros hicieron énfasis de manera exhaustiva sobre los recursos gráficos que habrían de ser utilizados para, por medio de ellos, poder representar características específicas asociadas a ciertos sonidos. En este sentido, por medio de una relación biunívoca quedaba definida una forma de representación que se establecía a través de una composición gráfica que se correspondía directamente con una matriz de rasgos acústicos ligados a las propiedades fonéticas y articulatorias de algunos de los sonidos de la lengua. Carochi (1645), a este respecto, en el libro primero, cuyo primer capítulo dedica a las letras y acentos de la lengua náhuatl, en donde establece una distinción entre cuatro tipos de ellos, que son representados por medio de las siguientes grafías: (´), (^), (`) y (ˉ), sugiere un mecanismo de reconocimiento visual para establecer un conjunto de distinciones que resultan ser de carácter significativo. A partir de su propuesta, Carochi centra su atención, al considerar las grafías referidas, sobre valores acústicos que están relacionados con aspectos de diversa naturaleza. Por un lado, utiliza las grafías referidas para establecer una distinción entre rasgos asociados a los valores vocálicos, por medio de los cuales se establece una diferencia entre la cantidad vocálica, y, por el otro, haciendo uso también de este tipo de grafías, para definir características articulatorias y acústicas de carácter consonántico.

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Arte de la Lengva de Michoacán. Maturino Gylberti. México, 1558.

De esta manera, además de identificar –con base en un ejercicio comparativo tomando como referencia al castellano– que el náhuatl carecía de la clase natural de los sonidos oclusivos sonoros (que para el castellano se representaban por medio de las grafías b, d y g); de la coronal vibrante (representada en castellano por medio de la letra r); y de la fricativa dorsal (expresada, dentro del Alfabeto Fonético Internacional (IPA, por sus siglas en inglés), por medio del fonema /x/, y que en el castellano se representaba por medio de la j), Carochi identificó también la presencia de sonidos en el náhuatl de los que el castellano carecía. Con relación a esto último, el autor de una de las primeras artes de la lengua mexicana propone para el que él supone como un solo sonido –y que, de acuerdo con Carochi, se correspondería con uno del hebreo que en esa lengua era representado por medio de la letra conocida como Tʃade– la composición tz que, con respecto al IPA y fonéticamente hablando, sería el sonido correspondiente al fonema africado apical /ʦ/, este mismo sonido, dicho sea de paso, Carochi lo representa también y de forma alternada a lo largo de su texto, por medio de la c cedilla, a saber, ç. De la misma manera, con relación al sonido considerado por el IPA por medio del fonema africado dorsal /ʧ/ –que en trabajos actuales sobre el náhuatl se expresa mediante la composición gráfica ch–, Carochi la representa gráficamente por medio de la x.

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Arte de la la Lengva Mexicana de Horacio Carochi. México, 1645

Volviendo al caso del uso de las grafías diacríticas: (´), (^), (`) y (ˉ), Carochi estableció una distinción de orden significativo, derivada de la cantidad vocálica, a través del establecimiento de una composición gráfica que se generó por medio de la combinación de las letras correspondientes a los sonidos vocálicos de esta variante del náhuatl clásico y los diacríticos (ˉ) –conocido como macrón–, por medio del cual se hacía énfasis sobre un alto grado de alargamiento de la vocal a la que se asociaba, y (´) –acento agudo–, por medio del cual se expresaba que en la vocal con la que se asociaba no existía tal alargamiento. En este sentido, a través del uso de estos diacríticos fijados sobre las vocales, se establecieron contrastes en el plano semántico que pueden verse expresados mediante la exposición de múltiples ejemplos que Carochi nos ofrece mediante construcciones sintácticas como: xitláti in āmatl ‘quema el papel’ y xitlāti in āmatl ‘esconde el papel’. Asimismo, con relación a los diacríticos (`) –acento grave– y (^) –acento circunflejo– (cuyo valor morfémico está relacionado con el sentido de plural), Carochi establece una distinción (con relación a valores consonánticos reconocidos por medio de los sonidos que son producidos a través de la glotis y que de acuerdo con el IPA se expresan mediante los fonemas /ʔ/ –para su realización oclusiva– y /h/ –para su realización fricativa–) el autor establece una distinción de modo de articulación que se define a través de ejemplos como nicān tlālticpac tinemî ‘aquí sobre la tierra vivimos’ y nicān tinemì tlālticpac ‘aquí vivimos sobre la tierra’. En tales ejemplos, por medio del uso de los diacríticos (`) y (^), Carochi estableció la distinción de dos maneras de realización glotálica a partir de dos posibilidades fonológicas, a saber, si la glotal se manifestaba en un contexto de linde silábico, su realización se daba de un modo oclusivo, mientras que, si la glotal se manifestaba a final de palabra, es decir que no apareciese (inmediatamente después) una sílaba en el linde derecho de la construcción sintáctica, su realización se daba de un modo fricativo.

A partir de los datos y los ejemplos mostrados, y tomando en consideración el uso que los gramáticos misioneros hicieron de las grafías de las que debieron echar mano para definir rasgos específicos de los sonidos de las lenguas amerindias –sometiendo con ello a los impresores de estas artes a tomarlas en cuenta al momento de la producción de este tipo de impresos (obligándolos, asimismo, a generar las combinaciones tipográficas requeridas)–, se puede hacer notar, por un lado, el grado de importancia que tuvo el hecho de utilizarlas como medio para establecer distinciones de carácter significativo que sin ellas la comprensión de las particularidades fónicas de los valores acústicos y articulatorios asociados a los sonidos de las lenguas indoamericanas, de ninguna otra manera hubiesen sido distinguidas. Asimismo, por el otro lado, se puede rescatar el nivel de sensibilización que los gramáticos misioneros alcanzaron para reconocer con precisión las particularidades fónicas de los sistemas fonológicos de estas lenguas al momento del registro de los datos que les sirvieron para elaborar sus artes

El autor es Profesor adscrito a la Facultad de Artes y Diseño Plantel Taxco de la UNAM.
Contacto: a_carlos@unam.mx
(11 de noviembre de 2016) 

Fuentes de consulta

  • Carochi, Horacio. Arte de la lengva mexicana con la declaracion de los adverbios della. Impreso por Iuan Ruyz, México, 1645.
  • Corredor Tapias, Joselyn y César Romero Farfán. “Seis gramáticos celebérrimos, y sus gramáticas: Panini, Dionicio de Tracia, Antonio de Nebrija, Andrés Bello, Rufino José Cuervo Urisarri y Miguel Antonio Caro Tobar” en: Cuadernos de Lingüística Hispánica, no. 14, julio – diciembre, 2009, p. 199-222.
  • Gómez de Orozco, Federico. “La tipografía colonial mexicana” en: Cuadernos de Arte, no. 2; Revista de la Universidad de México, febrero, 1938.
  • Grañén, María Isabel. “La transferencia de los grabados novohispanos del siglo XVI” en: Historias, no. 31, oct,1993 – mar, 1994, pp. 99-112.
  • Gylberti, Maturino, Fr. Arte de la lẽgua de Michuacã copilada por el muy Reuerẽdo padre fray Maturino Gylberti, dela orden de Seraphico padre Sant Francisco, deregular obseruãcia. Casa de Iuan Pablos Impresor, 1558.
  • López de Mariscal, Blanca. “La imprenta en la Nueva España. Un arma para la conquista espiritual” en: Hispanófila, vol. 174, junio, 2015, pp. 3-12.
  • Mateos Gómez, Humberto. “Historia de la imprenta en México” en: Art Neurocien, vol. 12, no. 2, 2007, pp. 69-70.
  • Medina, José Toribio. La Imprenta en México (1539-1821), Edición Facsimilar, Tomo I, 1539-1600. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1989.
  • Zulaica Gárate, Román. Los Franciscanos y la imprenta en México en el siglo XVI. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1991.

[1] Pese a lo dispuesto en algunas fuentes que sugieren que la llegada de la misma pudo haberse efectuado alrededor del año de 1535, como lo plantea Gómez de Orozco (1938) –siguiendo los datos propuestos por el bibliófilo Toribio Medina (al momento de hacer mención, en el apartado referido a México, en su historia sobre las imprentas de América (1907), acerca de dos obras, supuestamente publicadas por el impresor Esteban Martin, a saber, la Escala espiritual, en 1535, compuesta por Juan Climaco; y La doctrina de Toribio de Molina y el catecismo mejicano de Juan de Rivas, en 1537. Tales datos, por otra parte, son presentados, con un dejo de duda, por Zulaica Gárate (1991: 241-242), en tanto ofrece un argumento dirigido hacia el hecho de que hasta ahora no se ha sabido de alguien que haya tenido la fortuna de haber visto o de haber tenido entre sus manos alguno de los supuestos impresos mencionados por el bibliógrafo e historiador chileno.

[2] Vale la pena hacer notar que, para esos momentos el “mundo antiguo” contaba ya con el trabajo descriptivo y analítico sobre consideraciones de gran nivel en torno a la naturaleza acústica, morfológica y sintáctica de lenguas como el sánscrito, el latín, el griego y, muy recientemente ya para esas fechas, del español.

[3] Para estas fechas se contaba ya con una gramática del sánscrito elaborada por Panini (alrededor de los siglos VI y V a. C.) cuyas reglas estaban antecedidas por un catálogo que contenía el inventario total de los sonidos de esa lengua. Asimismo, Dionisio de Tracia, entre la vieja y la nueva era (alrededor del siglo I a. C.), elaboró su Tékhne Grammatiké (Arte Gramatical) en donde se tratan, con cierto detalle, aspectos relacionados con las letras y sobre algunas maneras de acentuación y sobre su pronunciación correcta. De la misma forma, se contaba con los trabajos de Antonio Martínez de Cala y Jarava, mejor conocido como Antonio de Nebrija, quien desarrolló dos trabajos correspondientes a los primeros que fueron efectuados sobre lenguas romances, el latín y el español (Corredor Tapias y Romero Farfán, 2009:206-212).

[4] López de Mariscal, Blanca. “La imprenta en la Nueva España. Un arma para la conquista espiritual” en: Hispanófila, vol. 174, junio, 2015, pp. 3-12.

El cincelado o repujado, técnica ancestral en el oficio de la platería que se niega a morir

CUT Cincelado

Por Francisco Javier Jiménez Velázquez.

Esencial para la elaboración de objetos metálicos, el cincelado como lo llaman los orfebres sudamericanos o repujado como la llamamos aquí en México por sus excelentes resultados estéticos se ha mantenido vigente a pesar de los avances tecnológicos que permiten ahora a los orfebres contemporáneos elaborar objetos de joyería, orfebrería y escultura utilizando programas digitales de modelado en 3D.

El proceso de esta antigua técnica consiste en la utilización de cinceles de diversas formas, que se clasifican en tres categorías, trazadores, embutidores y aplanadores.

Los trazadores sirven para la impresión del diseño sobre la superficie que puede ser plana cóncava o convexa, las puntas de estos cinceles son filosas con formas de líneas rectas y curvas de variables formas y tamaños que ayudan a la elaboración del trazo del diseño como si fuera un lápiz con punta de metal, si se me permite la comparación.

Los embutidores se utilizan para presionar la superficie utilizando una base blanda que sirve de agarre y permite la expansión del metal consiguiendo la generación de volúmenes, pudiendo trabajar, así, altos y bajo relieves, las formas de estos cinceles son abultados de las puntas en forma de esferas perfectas, de gota, y ovalados, de diversos tamaños y ayudan a la creación de volúmenes complejos.

Finalmente, tenemos los cinceles de forma plana o llamados también aplanadores que sirven para perfeccionar los volúmenes en tanto sirven para alisar superficies y para quitar imperfecciones que se dan como resultado del trabajo en el momento en el que se va conformando la obra, de este tipo de cinceles existe una amplia variedad de tamaños que le permiten al artesano facilitarle la labor.

Merece una mención especial acerca de la base blanda que es utilizada en el manejo de esta técnica, pudiendo hacer uso de madera suave como el zompantle, resinas naturales de árboles mesclados con cera de abeja, chapopote y cargas de polvo fino cernido previamente cuya mezcla es colocada en un contenedor que permite su fácil manipulación. Algunos orfebres prefieren utilizar bases de metal blando como el plomo, aunque no es recomendable por el alto contenido tóxico.

El origen de esta técnica y de otras tantas para la elaboración de objetos diversos en metales y diferentes aleaciones se remota en las antiguas culturas andinas, no se puede aseverar con certeza exactamente dónde y cuándo se empezó a trabajar con los metales en nuestro continente, sin embargo se ha podido constatar que desde el surgimiento de antiguas culturas del Perú (Chavín de Huantar y los Paracas) en lo que se le llamó cronológicamente “Horizonte Temprano (900-200 a. C) se empezó a propagar el oficio metalúrgico.[1] Posteriormente se fue extendiendo el conocimiento de esta actividad paulatinamente por Centroamérica hasta llegar a Mesoamérica muy tardíamente.

Cincelado

Se tienen dos hipótesis interesantes acerca de la llegada a Mesoamérica del oficio metalúrgico y ambas resultan razonables, pero difíciles de precisar. La primera la manifiesta la investigadora Dorothy Hosler[2], quien estima que entre el 600 y 700 d.C, se empezó el desarrollo metalúrgico en el occidente de Mesoamérica y que éste llegó de tierras sudamericanas por vía marítima a través del intercambio comercial entre estas culturas. La segunda hipótesis que se tiene y en la que muchos autores coinciden es que el oficio se introdujo a territorio mesoamericano vía Centroamérica por medio de la expansión de algunas culturas del sur.[3]

Lo anterior es importante remarcarlo ya que todavía se tiene, erróneamente, la idea en algunos sectores de nuestra población especialmente en aquellas donde se desarrolla el quehacer metalúrgico de manera importante en el México actual, que el origen de la metalurgia en América surgió en nuestro territorio lo cual no es verdad, nuestras antiguas culturas fueron líticas por excelencia y el desarrollo metalúrgico se dio posteriormente, se debe de reconocer que a pesar de que somos diestros y hemos alcanzado un nivel de calidad considerable a través del tiempo, esto se debe a la importación del conocimiento de los pueblos antiguos sudamericanos y que gracias a esto se dio el aprovechamiento de los metales y la transformación de éstos en valiosos objetos de arte con el apoyo de las técnicas antiguas de producción como el repujado que aún perduran.¶

El autor es Profesor adscrito a la Facultad de Artes y Diseño Plantel Taxco de la UNAM.
Contacto: taurosfantasy@yahoo.com
(5 de mayo de 2016) 

[1] Longhena, María, Alva, Walter. Perú Antiguo, Historias de las culturas andinas, White Star, Barcelona. 2008

[2]  Hosler, Dorothy. Los sonidos y colores del poder, La tecnología metalúrgica sagrada del occidente de México, El colegio mexiquense, A.C, México. 2005

[3] Salinas Flores, Oscar. Tecnologías y diseño en el México Prehispánico, Teoría y práctica, Designio, México. 2010.

El significado de los metales desde una perspectiva de las antiguas culturas andinas

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Por Francisco Javier Jiménez Velázquez.

En la actualidad, se cuenta con un referente asociado al valor de los metales que marca, junto con el petróleo, las formas del poder político y económico de las naciones. De acuerdo con lo anterior, el oro, considerado como el metal precioso por excelencia, es el que, en el terreno de los metales, dicta la pauta, seguido por la plata, mientras que en un nivel muy por debajo de ellos se encuentran otros de uso común e industrial como el cobre, estaño, zinc y plomo. Los metales preciosos –valiosos por la escases de ellos en la naturaleza–, de acuerdo con varias concepciones que son compartidas por diversas sociedades, guardan para un sinnúmero culturas un valor de carácter significativo que está asociado a referentes cargados de cierto misticismo y poder.

De acuerdo con lo anterior, el oro es utilizado para la fabricación de objetos cuya carga simbólica está asociada a un significado trascendental. Por citar solo algunos ejemplos, tenemos que los anillos de matrimonio para el hombre resultan ser de gran valor en tanto este evento puede llegar a ser considerado, entre algunas culturas, como el momento más importante de su vida, como un rito de paso (para tal acontecimiento ¿qué mejor que estrechar un vínculo de mutuo acuerdo que por medio de un par de argollas de oro con el que logre sellarse un compromiso ante una ley divina o ante las leyes del hombre?)Javier 1 CyanOtro ejemplo es la asociación con valores de reconocimiento por medio de los que puede mostrarse el status que guarda un individuo dentro de una sociedad determinada. Cuando alguien se gradúa –independientemente de si lo hace de manera decorosa o no– el egresado hace referencia a tal hecho por medio de un anillo de oro que lo identifica como merecedor del grado que obtuvo –sin importar si, en el futuro, será o no un buen profesional. Aunado a estos ejemplos existen otros más: los relojes de oro, de los que exclusivamente hacen uso solo ciertos individuos con un gran poder adquisitivo; las medallas de premiación en los juegos olímpicos, etc. Con relación a otros metales, a la plata también se le ha dado un uso ritual a partir de su valor, después del oro por supuesto, y principalmente se utiliza para la elaboración de objetos litúrgicos.

A través de estos ejemplos podemos poner en contexto la importancia social que mantiene el uso de estos metales, considerados como preciosos, para poner en relieve su valor significativo y para, a manera de preámbulo, comprender mejor el significado que el uso de estos metales representó para las antiguas culturas andinas –grandes referentes, consideradas como las potenciales propulsoras del trabajo metalúrgico en nuestro continente.Para las antiguas culturas andinas el oro fue considerado como un metal sagrado que estaba relacionado con la energía creativa que venía del sol y que garantizaba tanto la supervivencia como la fertilidad y la abundancia. A través de la transformación artística, el oro trascendió de su forma terrenal para llegar a ser una tangible expresión de estatus de poder y la divinidad.Javier 2 CyanPor medio de descubrimientos y estudios arqueológicos se ha podido esclarecer la relevancia del oro, junto con la plata, y se ha identificado que solo la sociedad perteneciente a la clase alta podía poseerlo, es decir, solo los emperadores con su corte nobiliaria podían acceder a este. Los objetos encontrados en contextos funerarios, en las tumbas de ciertos personajes de alto status o rango, así lo sugieren.

Asimismo, existen versiones míticas que hablan acerca de ciertas diferencias sociales que quedaban establecidas por medio de los sentidos metafóricos asociados a las propiedades de estos metales. De acuerdo con lo anterior, una de las más importantes sugiere que la estirpe de los emperadores emergió de un huevo de oro mientras que la de la nobleza y la gente común de un huevo de plata y de uno de cobre, respectivamente.

Aunque la plata y el cobre fueron empleados regularmente junto con el oro, a la plata, contrariamente a lo que sucedió con el oro, se le relacionaba con la luna y consecuentemente con la feminidad y la fertilidad, particularmente se le asociaba con Pachamama, diosa de la tierra, también llamada Madre Tierra. Por su parte, el cobre por su “carácter de bajo estatus” era empleado para la fabricación de armas y herramientas, así como también para producir diferentes aleaciones para el mismo fin.

Un mito más sobre el oro está constituido a partir de la concepción que se tiene sobre este, en tanto es considerado como “el excremento de los dioses”1, de tal manera que al metal se le asociaba con un valor sagrado por lo tanto, los objetos hechos con el oro solo podían ser portados por los emperadores y por su corte nobiliaria, puesto que ellos se autonombraban como “descendientes directos de los dioses” –en grado similar al de un semidiós. Incluso se han identificado ciertos rituales, que en estas culturas se practicaban, los cuales consistían en que el emperador, llamado también cacique, era “bañado con oro pulverizado” en un lago sagrado. Esto representaba que el emperador había sido bendecido por los dioses. Los mitos se encuentran también dentro de antiguas culturas emergidas en lo que actualmente es Colombia, en ese país existe un lugar llamado “El Dorado” en donde se cree que se realizaban este tipo de ritos.Javier 3 CyanComo conclusión podemos identificar la forma en que se le ha dado uso a los metales preciosos en ciertas sociedades y el carácter en que en la actualidad se hace uso de ellos. Ambas, no obstante, ligadas a una cosmovisión o ideología particular, o bien a principios jerárquicos por medio de los cuales se definen roles específicos de carácter social.

1. En algunas culturas indoamericanas como la mexica, por ejemplo,…“el concepto de suciedad, excremento, excrecencia, no se empleaba de manera peyorativa, como se puede observar en el significado y uso de palabras [como] teocuítlatl, “literalmente, excremento de Dios; esto es, metal precioso (oro, plata)”
Flores Farfán, José Antonio y Jan G. R. Elferink, “La prostitución entre los nahuas”, en: Estudios de Cultura Náhuatl, Vol. 38, 2007, pp. 265 – 282, [p. 276].

Fuente de consulta:

  • Kauffmann Doing, Federico. Ancestors of the Incas. Forma e Imagen, Perú, 2005.

El autor es Profesor adscrito a la Facultad de Artes y Diseño Plantel Taxco de la UNAM.

El desarrollo metalúrgico precolombino

CUT Mocha - Metalurgía

Por Francisco Javier Jiménez Velázquez.

El oficio de la metalurgia ha sido para el hombre a través de la historia, no solo un medio que le ha servido para fabricar objetos utilitarios que le han permitido resolver sus necesidades primarias, esta actividad es también una de las de mayor relevancia que se pudiera considerar para el desarrollo social de todas las culturas emergentes en la humanidad. Es por eso que vale la pena hacer una revisión a fondo sobre este oficio y reflexionar sobre la importancia que este mantiene hasta nuestros días.

Por una parte, debemos considerarnos afortunados de contar en nuestro continente con una gran riqueza mineral que permitió la emergencia y desarrollo de grandes culturas que nos heredaron un extenso legado cultural en toda América. De norte a sur surgieron diversas civilizaciones que a su modo y obedeciendo a diversos intereses, desarrollaron el quehacer metalúrgico que, por sus aportes técnicos y estéticos, las obras que han surgido de tal quehacer han llegado a ser consideradas entre las mejores del mundo.Mocha - MetalurgíaPartiendo desde el origen, es necesario hablar a partir de la obtención del mineral en tanto a las primeras culturas no les fue difícil obtenerlo ya que se le podía encontrar de manera natural y abundante en el exterior, es decir “a flor de piel”, como coloquialmente se dice. En los inicios de la metalurgia se trabajó con metales puros –oro, cobre y plata–, utilizando el cobre para la creación de herramientas de uso cotidiano y el oro y la plata, por su maleabilidad y aspecto estético, para la elaboración de adornos personales y objetos con cierto valor simbólico. Posteriormente, de manera accidental, se descubrieron algunas aleaciones1 con lo que empezó a comprenderse sobre el comportamiento de algunos de los metales para mejorar, así, su aprovechamiento en la elaboración de diversos objetos.

En cuanto a los aspectos técnicos, es de reconocerse la creatividad y el enorme esfuerzo que le imprimieron los primeros orfebres americanos al tratamiento y a la manipulación de los metales. De acuerdo con lo anterior, con pocos recursos, explotándolos al máximo, los antiguos orfebres consiguieron alcanzar grandes logros. De la misma manera, con gran creatividad e ingenio elaboraron sus primeras herramientas utilizando como materia prima principal la piedra, de las que escogieron aquellas que por su dureza les permitieran conseguir herramientas de percusión y corte, básicas para efectuar las principales labores del tratamiento técnico, de la misma manera, improvisaron espacios específicos para el trabajo manual, con lo que surgieron los primeros talleres de producción.

El trabajo de la fundición, por otra parte, les permitió a los sudamericanos conocer las propiedades y cualidades de los metales. A este respecto, es digno de reconocer los alcances técnicos a los que llegaron los orfebres mochicas, cultura andina que prevaleció entre los siglos I-VII d.c. Si bien es cierto que todas las culturas andinas desarrollaron con maestría este oficio, la cultura moche sobresale de ellas en cuestiones técnicas de manufactura y sobre todo en aspectos ligados al perfeccionamiento que alcanzaron sobre los procesos de extracción de los minerales y al descubrimiento de ciertos tratamientos químicos metalúrgicos.Mocha - HornoDe acuerdo con lo anterior, los orfebres moches trabajaron con gran dominio el oro, la plata y el cobre, inspirados por sus cualidades de maleabilidad, en tanto metales nobles. Con ellos elaboraron una gran diversidad de objetos utilitarios y de uso personal. De la misma manera, con el incremento de conocimientos en procesamientos y tratamientos adquirieron el control sobre el plomo y el mercurio en combinación con algunos elementos reactivos como la sal común, el nitrato de potasio, el alumbre de potasa, los sulfatos dobles de aluminio, el sulfato férrico, el cloruro de sodio, antioxidantes, el carbón vegetal y la greda creando, así, los “baños dorados y plateados”.

Asimismo, los moches tenían un gran conocimiento sobre las técnicas de soldaduras, repujado, laminados, filigrana y vaciado –a través de moldes para los cuales utilizaban un barro con características especiales que les permitía obtener un buen registro consiguiendo la maleabilidad deseada para con ello perfeccionar el proceso que comúnmente se conoce como “cera perdida”.

A partir de la obra que dejaron estos antiguos orfebres se puede apreciar cómo es que aprovechaban las cualidades del material y cómo es que conseguían efectos a partir de sus improvisadas herramientas teniendo como resultado acabados tanto bruñidos como lisos. Además, analizando las marcas hechas por estas rústicas herramientas, por medio de las cuales se denota el trabajo manual en la obra con una fuerte carga expresiva agradable a la vista, se nos permite percibir el carácter del autor.

Con lo que hasta este momento se ha mencionado solo nos hemos enfocado en el comienzo del fascinante tema de la metalurgia y aunque actualmente se cuentan con altas tecnologías para la explotación metalúrgica, no puede dejar de reconocerse la herencia de los precursores de este oficio, cuyos conocimientos deben conservarse en tanto ellos han sido la base para el desarrollo de lo que algunos actualmente consideran como el arte de la metalurgia, ese arte del que se tendrá la oportunidad de profundizar aún más sobre sus técnicas y procesos en futuras entregas.

1. Una aleación es la combinación entre dos o tres metales para fines prácticos. Torres Della Pina, José. Plata, transformación en el arte precolombino del Perú. Primera edición. Editorial Industrial Gráfica S. A., Lima, Perú, 2002.

Fuentes de consulta:

  • Maiocchi, Danilo (2000). Inca, origins and mysteries of the civilization of gold. Marsilio, Venecia.
  • Torres Della Pina, José (2002). Plata, transformación en el arte precolombino del Perú. Industrial Gráfica S.A., Lima.

El autor es Profesor adscrito a la Facultad de Artes y Diseño Plantel Taxco de la UNAM.
Contacto: taurosfantasy@yahoo.com
(9 de febrero de 2015)

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