{"id":5359,"date":"2020-02-12T13:04:32","date_gmt":"2020-02-12T19:04:32","guid":{"rendered":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx?p=5359"},"modified":"2020-02-12T13:07:42","modified_gmt":"2020-02-12T19:07:42","slug":"existen-los-paisajes-olfativos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/2020\/02\/12\/existen-los-paisajes-olfativos\/","title":{"rendered":"\u00bfExisten los paisajes olfativos?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><strong>Por Fabio V\u00e9lez, Esmeralda Gaona Estudillo, Santiago Echarri Cotler y Sara Laura D\u00edaz Jim\u00e9nez<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #800000;\">\u00bfPor qu\u00e9 solemos identificar el paisaje con esas praderas suizas que suelen utilizar los publicistas para vendernos productos org\u00e1nicos? \u00bfPor qu\u00e9, en cualquier caso, damos por hecho que la ciudad es incompatible con el paisaje y que \u00e9ste s\u00f3lo podr\u00eda encontrarse fuera de ella? \u00bfPor qu\u00e9 el paisaje suele gozarse en tiempo de ocio o en viaje turista? \u00bfHay s\u00f3lo paisaje en la \u201cnaturaleza\u201d? \u00bfY en el campo, en el mundo rural? \u00bfSon lo mismo? \u00bfY el paisaje, puede ser feo? \u00bfExisten paisajes naturales feos? \u00bfY rurales? \u00bfY urbanos? \u00bfAcaso no son casi todas las ciudades bellas en la noche y feas a la luz del d\u00eda? \u00bfQu\u00e9 hay detr\u00e1s de todo esto? \u00bfEl paisaje c\u00f3mo se percibe y aprecia? \u00bfCon qu\u00e9 sentidos? \u00bfVemos el paisaje? \u00bfLo escuchamos? \u00bfLo olemos? \u00bfNo? \u00bfCarecen los invidentes de paisaje? Estas y otras preguntas est\u00e1n detr\u00e1s de nuestra pregunta:<em> \u00bfExisten los paisajes olfativos? <\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>I. <\/strong>Pero antes: \u00bfqu\u00e9 es el paisaje? O mejor: \u00bfqu\u00e9 no es?<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Comencemos. Un lugar o espacio considerado desde el punto de vista de sus caracter\u00edsticas f\u00edsicas no es <em>propiamente<\/em> un paisaje; tampoco lo es la suma de sus elementos, por mucho que la naturaleza los haya modelado; el paisaje, muy por el contrario, tiene que ver m\u00e1s bien con la relaci\u00f3n que establecemos con nuestro entorno. J. Maderuelo lo ha expresado acertadamente al tener que distinguir, para dar cuenta de esta diferencia, entre \u201cparaje\u201d y \u201cpaisaje\u201d:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 30px;\"><span style=\"color: #808080;\">El t\u00e9rmino \u201cparaje\u201d designa un sitio o lugar dispuesto de una manera determinada. Pero para que esos elementos antes nombrados adquieran la categor\u00eda de \u201cpaisaje\u201d, para poder aplicar con precisi\u00f3n ese nombre, es necesario que exista un ojo que contemple el conjunto y que se genere un sentimiento, que lo interprete emocionalmente (\u2026) Por lo tanto, la idea de paisaje no se encuentra tanto en el objeto que se contempla, sino en la mirada de quien contempla. No es lo que est\u00e1 delante, sino <em>lo que se ve<\/em><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><sup><sup>[2]<\/sup><\/sup><\/a>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El paisaje, por mor de lo anterior, exige a su vez que nuestra relaci\u00f3n con el lugar deje de ser utilitaria, para que pueda habilitarse una predisposici\u00f3n a la experiencia est\u00e9tica. Calvo Serraller lo ha ilustrado de manera insuperable:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 30px;\"><span style=\"color: #808080;\">Alguien que est\u00e1 agobiado por sacar rentabilidad a la tierra no puede contemplar con entusiasmo su belleza; y as\u00ed nos lo prueba la historia de la apreciaci\u00f3n est\u00e9tica de la naturaleza. Hace falta que el hombre se libere de esa carga onerosa y pueda mirar a su alrededor sin la preocupaci\u00f3n de que una tormenta o la sequ\u00eda arruinen su econom\u00eda para que pueda realmente recrearse en fen\u00f3menos como la lluvia, el crep\u00fasculo, la aurora o la variedad de luces y tonalidades que dejan las estaciones a su paso<a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><sup><sup>[3]<\/sup><\/sup><\/a>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Sea como fuere, casi todos los te\u00f3ricos del paisaje han coincidido en el hecho de que no hay mejor prueba para dar con el origen del paisaje que acudir a la lengua. En occidente, por ejemplo, las ra\u00edces ling\u00fc\u00edsticas para nombrar el paisaje ya sean de procedencia latina (paesaggio, <em>paysage, paisaje\u2026<\/em>) o germ\u00e1nica (<em>Landschaft, landscape, landskip\u2026<\/em>), han puesto de manifiesto la referencia al territorio en t\u00e9rminos de su \u201caspecto\u201d. Esto, por su parte, guarda perfecto sentido con c\u00f3mo, en nuestra tradici\u00f3n (aunque no necesariamente en otras), el paisaje y la pintura han ido de la mano. No es casualidad, as\u00ed pues, que utilicemos la misma palabra para designar tanto un entorno real (como cuando, desde el Nevado de Toluca o el Valle de Guadalupe, decimos aquello de \u201c\u00a1qu\u00e9 paisaje!\u201d) cuanto la representaci\u00f3n de ese entorno (pi\u00e9nsese, por ejemplo, en un \u201cpaisaje\u201d de Poussin o Velasco). Efectivamente, nos servimos de la misma palabra en sendos contextos y, justo por ello, es crucial valorar en toda su medida el important\u00edsimo papel auspiciado por el arte en general, y la pintura muy en particular. No en vano, esta \u00faltima nos ense\u00f1\u00f3 a ver y nos permiti\u00f3 apreciar lo que antes simplemente <em>no<\/em> ve\u00edamos; supuso, qu\u00e9 duda cabe, una inmejorable escuela de la mirada<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><em><sup><strong><sup>[4]<\/sup><\/strong><\/sup><\/em><\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Con estas credenciales, no sorprende que la visi\u00f3n y la mirada hayan permeado el discurso te\u00f3rico de los paisajistas, pues, no por casualidad, han fungido como puertas de acceso para relacionarnos est\u00e9ticamente con nuestro entorno<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><sup><sup>[5]<\/sup><\/sup><\/a>. Ahora bien, y a pesar del ocularcentrismo que esta teor\u00eda entra\u00f1a, \u00bfes el paisaje dominio exclusivo de la mirada o puede darse igualmente en otros sentidos?<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Intentar dar una respuesta a esta pregunta nos obligar\u00eda, antes que nada, a tener que replantear el uso de los sentidos y su desigual jerarqu\u00eda; de hacerse esto \u00faltimo, tal vez pudiera despejarse una oportunidad para pensar y escribir una historia distinta a la que com\u00fanmente se nos ha contado.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><b>II.\u00a0<\/b>La historia entre la teor\u00eda y los sentidos es una historia de m\u00faltiples desencuentros y reacomodos. Y aunque por lo com\u00fan, en esta relaci\u00f3n, los sentidos siempre han ocupado un lugar secundario, s\u00f3lo la vista (y puntualmente o\u00eddo) parece haber escapado a esta condici\u00f3n ancilar. Que lo anterior es cosa cierta e indubitable se evidencia en el papel que la visi\u00f3n ha ejercido a la hora de modelar metaf\u00f3ricamente el marco conceptual del intelecto y el pensamiento<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><sup><sup>[6]<\/sup><\/sup><\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Sin embargo, es de justicia reconocer tambi\u00e9n que la visi\u00f3n tiene su historia, y que su prevalencia no siempre ha representado un monopolio sobre el resto de los sentidos<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><sup><sup>[7]<\/sup><\/sup><\/a>. Lo evidente, en todo caso, es que los sentidos denominados vulgarmente corporales \u2013el gusto, el tacto y el olfato\u2013 fueron perdiendo presencia en el espectro sensorial, hasta llegar un punto en el que su \u00fanico reconocimiento leg\u00edtimo resultaba del goce de placeres emp\u00edricos y el refinamiento de su uso.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Esta apreciaci\u00f3n no es balad\u00ed, pues delata a su vez una diferenciaci\u00f3n de los sentidos en virtud de su potencialidad est\u00e9tica. Enti\u00e9ndase esto: del mismo modo que hay sentidos intelectuales y corporales, es l\u00f3gico que de estos se sigan, a su vez, sentidos est\u00e9ticos y no est\u00e9ticos, art\u00edsticos y no art\u00edsticos<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><sup><sup>[8]<\/sup><\/sup><\/a>. Pues bien, identificar adecuadamente el entramado de esta taxonom\u00eda puede resultar crucial puesto que, en ella, seg\u00fan creemos, se podr\u00eda jugar la posibilidad de que los \u201csentidos corporales\u201d pudieran recobrar toda su dignidad est\u00e9tica. Para todo ello seguiremos de cerca los pasos seguidos por Kant en su <em>Cr\u00edtica del juicio<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Lo primero que conviene tener presente es que, cuando Kant sostiene que <em>lo bello no puede oler<\/em>, lo que est\u00e1 cuestionando es la legitimidad de los \u201csentidos corporales\u201d para emitir un juicio est\u00e9tico<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. La raz\u00f3n, por \u00e9l esgrimida, es que en el uso de estos sentidos siempre impera, t\u00e1cita o expl\u00edcitamente, la satisfacci\u00f3n de un placer o un inter\u00e9s particular y, por tanto, no es posible obtener de ellos m\u00e1s que la mera <em>opini\u00f3n<\/em> de algo. Por este motivo, Kant distingue entre \u201cjuicios de gusto\u201d y \u201cjuicios est\u00e9ticos\u201d, reservando los primeros para los \u201csentidos corporales\u201d, habida cuenta de su irreductible parcialidad. La pregunta, entonces, se impone de suyo: \u00bfc\u00f3mo alcanzar la universalidad que el juicio est\u00e9tico pretende, desde la subjetividad que toda experiencia comporta?<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Para salir del atolladero, Kant diferencia, a su vez, entre dos tipos de placeres: lo bello y lo agradable. Pues bien, lo bello, en tanto es entendido por Kant como un <em>placer desinteresado <\/em>\u2212exento, por tanto, de los sesgos antes se\u00f1alados\u2212, estar\u00eda en condiciones, ahora s\u00ed, de cumplir con la pretensi\u00f3n de universalidad que ser\u00eda esperable de los \u201cjuicios est\u00e9ticos\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\"><sup><sup>[10]<\/sup><\/sup><\/a>. Por eso, dir\u00e1 Kant, cuando declaramos que algo es bello \u00abse exige a los otros exactamente la misma satisfacci\u00f3n; juzga, no s\u00f3lo para s\u00ed, sino para cada cual, y habla entonces de la belleza <em>como si<\/em> fuera una propiedad de las cosas\u00bb (cursivas nuestras)<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\"><sup><sup>[11]<\/sup><\/sup><\/a>. Lo agradable, por el contrario, representar\u00eda la satisfacci\u00f3n de un placer personal, singular y privativo, susceptible de emitir juicios all\u00ed donde el placer \u00abse limita s\u00f3lo a su persona\u00bb<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\"><sup><sup>[12]<\/sup><\/sup><\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">De lo anterior podemos inferir por qu\u00e9 el tacto, el gusto y el olfato, en detrimento de la vista y el o\u00eddo, parecen haber quedado proscritos del pensamiento est\u00e9tico y desterrados de la producci\u00f3n art\u00edstica. Y esta marginaci\u00f3n no s\u00f3lo se ha expresado en el pensamiento filos\u00f3fico, es importante subrayarlo, sino tambi\u00e9n en la historia cultural<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\"><sup><sup>[13]<\/sup><\/sup><\/a>. Pero \u00bfes tan tajante esta divisi\u00f3n entre sentidos, juicios y placeres est\u00e9ticos? \u00bfCiertamente no es posible un uso est\u00e9tico de los sentidos corporales?<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>III. <\/strong>Hagamos el intento con el olfato. Pero, antes que nada, para replantear cualquier sentido es necesario, como paso previo, entender su funcionamiento. Procedamos, entonces: \u00bfc\u00f3mo funciona el olfato?<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 30px;\"><span style=\"color: #808080;\">En la nariz se halla el \u00e1rea de recepci\u00f3n de est\u00edmulos qu\u00edmicos olorosos, en el epitelio olfativo, un tejido delgado que recubre los huesos de la cavidad nasal se sit\u00faan las neuronas sensoriales olfativas [\u2026] donde ocurre la interacci\u00f3n inicial entre el compuesto vol\u00e1til y el sistema nervioso<a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\"><sup><sup>[14]<\/sup><\/sup><\/a><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00bfQu\u00e9 pasa despu\u00e9s? Pues bien, la energ\u00eda qu\u00edmica de la uni\u00f3n generada por las mol\u00e9culas de olor, al encajar en los correspondientes receptores olfativos, se transforma en una se\u00f1al el\u00e9ctrica que desencadena una serie de respuestas. Pensemos en nuestro olor favorito, \u00bfsomos capaces de reconocerlo? Casi con toda certeza. \u00bfSeremos capaces de describirlo sin echar mano de las palabras que aluden a los objetos en cuesti\u00f3n (olor a rosa, a naranja, etc.)? Probablemente no y, en todo caso, con suma dificultad. Y es que, a pesar de estar ligado tan \u00edntimamente a nuestra historia personal, pareciera que el olfato es un \u201csentido mudo\u201d. \u00bfA qu\u00e9 se debe esto? Pues se debe a la peculiar ruta que recorren las se\u00f1ales olfatorias al transitar, en primer lugar, por la am\u00edgdala y tener que lidiar con las emociones, para despu\u00e9s, en el hipocampo, tener que hacerlo con los recuerdos; y es que, como dijo alguna vez Helen Keller, el olor es un hechicero poderoso que nos transporta a miles de kil\u00f3metros y hacia todos los a\u00f1os que hemos vivido. Lo curioso, empero, es que estas se\u00f1ales pasen de largo por la zona cerebral encargada del lenguaje<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\"><sup><sup>[15]<\/sup><\/sup><\/a>. \u00bfPor qu\u00e9 deber\u00eda llamar esto nuestra atenci\u00f3n? Por lo siguiente: al sortear el lenguaje y empaparse al mismo tiempo de emociones vinculadas a recuerdos, \u00bfno resultar\u00e1n los olores, al menos los verdaderamente significativos, intransferibles e incomunicables? Y de ser este hermetismo, \u00bfno se comportar\u00edan como los lenguajes privados? Pero \u00bf<em>todos<\/em>?<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Tal vez no est\u00e9 de m\u00e1s, en este punto, dejarnos guiar por la historia. Regresemos en el tiempo a 1539, a\u00f1o en el que el rey Francisco de Francia promulgaba un edicto donde se prohib\u00eda la basura en las calles de Par\u00eds, y se persegu\u00eda en toda v\u00eda p\u00fablica el vertido de restos de animales, heces y orines humanos o cualquier otro desperdicio que contribuyera a degradar el aspecto olfativo de la ciudad. No satisfecho con la letra de la ley, o m\u00e1s bien sabedor de que \u00e9sta no se cumplir\u00eda por gracia y sin resistencia, se encarg\u00f3 de que una \u201cpolic\u00eda de la mierda\u201d vigilase y castigase a todo aquel que mostrara oposici\u00f3n al cambio de los nuevos usos y costumbres. Ahora bien, \u00bfla ley \u201crespondi\u00f3\u201d a un malestar previo, o la ley \u201ccre\u00f3\u201d ese malestar, extra\u00f1o a la saz\u00f3n?<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\"><sup><sup>[16]<\/sup><\/sup><\/a> Tal vez encontremos respuesta a esta pregunta, siglos m\u00e1s tarde, en palabras del gran cronista del Paris del XIX, Louis-S\u00e9bastien Mercier:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Se beb\u00eda el agua hace ya veinte a\u00f1os sin prestarle gran atenci\u00f3n; pero desde que la familia de los gases, la raza de los \u00e1cidos y de las sales aparecieron en el horizonte (\u2026) por doquier se armaron en contra del mefitismo. Esta palabra nueva reson\u00f3 como un formidable toque a rebato; se advirtieron por todas partes los gases malhechores, y los nervios olfatorios se volvieron de una sensibilidad sorprendente.<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\"><sup><sup>[17]<\/sup><\/sup><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Esta an\u00e9cdota pone de manifiesto, como pocas, la construcci\u00f3n cultural e hist\u00f3rica de los olores. En esta cita podemos comprobar c\u00f3mo la autoridad de la ciencia, y no la de un rey y su corte, es la que impone ahora un nuevo r\u00e9gimen olfativo. Lo que vendr\u00e1 despu\u00e9s es el relato bien documentado del proyecto higienista: ventiladores de fosas s\u00e9pticas, mecanismos de combusti\u00f3n, cal, arquitecturas ideadas para la circulaci\u00f3n del aire, nuevas normas sanitarias en c\u00e1rceles y hospitales, y un largo etc\u00e9tera. Pero sigamos con las preguntas pendientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Esos olores, explicitados por la ley e impuestos a la fuerza, \u00bfser\u00edan, siguiendo a Kant, \u201cdesagradables\u201d o \u201cfeos\u201d? Nosotros creemos y defendemos que son feos. S\u00ed, <em>feos<\/em>. \u00bfPor qu\u00e9? Porque la desodorizaci\u00f3n que impuls\u00f3 el higienismo estaba destinada fundamentalmente, aunque no s\u00f3lo, al espacio p\u00fablico. Y en \u00e9ste los olores son ineluctablemente compartidos, es decir, los reconocemos porque los hemos previamente normado e interiorizado en un largo, aunque por lo general inadvertido, proceso de socializaci\u00f3n. Efectivamente, all\u00ed donde los olores dejan de ser desagradables (o agradables), los olores trascienden igualmente las historias personales. Y esto s\u00f3lo ser\u00eda posible si comparti\u00e9ramos alguna suerte de imaginario olfativo.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00bfQu\u00e9 nos revela, entonces, la historia de los olores? Nos descubre una pista, una idea que podr\u00eda ser f\u00e1cilmente ignorada, como el que ignora el sol bajo su luz cegadora, pero que ya no puede ser silenciada por mucho m\u00e1s tiempo, a saber, que el olor tambi\u00e9n es fen\u00f3meno cultural. As\u00ed pues, dig\u00e1moslo ya con todas las letras, los olores pueden ser y de hecho son no s\u00f3lo subjetivos y biogr\u00e1ficos, como dictaba la tradici\u00f3n, sino tambi\u00e9n construidos y sociales; part\u00edcipes, en suma, de una intersubjetividad que buenamente podr\u00eda ajustarse a las estrictas condiciones que Kant impon\u00eda a los sentidos y juicios est\u00e9ticos. Atr\u00e1s queda, por tanto, el excesivo encorsetamiento que reprimi\u00f3 la posibilidad de un despliegue distinto al acontecido para el olfato y el resto de los sentidos corporales. Para el caso que nos concierne, al liberarse el olfato de sus ataduras restrictivas, nuevas relaciones de apreciaci\u00f3n sensible con el espacio emergieron<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\"><sup><sup>[18]<\/sup><\/sup><\/a>. Y con ellas, y esto es lo importante, la posibilidad tambi\u00e9n de paisajes olfativos.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>IV.<\/strong> Y, aceptado lo anterior, la historia del olfato presenta en su despliegue particular algunos puntos de inflexi\u00f3n desconcertantes que, sin duda alguna, bien merecer\u00edan alguna reflexi\u00f3n. Uno de ellos, por ejemplo, tiene que ver con una coincidencia que se nos antoja toda menos casual. En este sentido, llama poderosamente la atenci\u00f3n que la divisi\u00f3n entre <em>stercus<\/em> (olor en la esfera p\u00fablica) y <em>screta<\/em> (en la dom\u00e9stica), \u201ccreada\u201d por el edicto de 1539, coincida en el tiempo con la aparici\u00f3n de la palabra \u201cperfume\u201d como contraparte a <em>screta<\/em>, sin que la \u00e9poca haya evidenciado la necesidad de inventar una palabra equivalente para <em>stercus<\/em> (\u00bfperfume p\u00fablico?). Pero esta inquietud, insistimos, la aplazamos para otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5346\" aria-describedby=\"caption-attachment-5346\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mxwp-content\/uploads\/2020\/02\/paisajeolfativo.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-5346\" src=\"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mxwp-content\/uploads\/2020\/02\/paisajeolfativo.jpg\" alt=\"\u00a9 \u00c1ngel Uriel P\u00e9rez L\u00f3pez\" width=\"1000\" height=\"698\" srcset=\"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/paisajeolfativo.jpg 1000w, https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/paisajeolfativo-300x209.jpg 300w, https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/paisajeolfativo-480x335.jpg 480w, https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/paisajeolfativo-716x500.jpg 716w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-5346\" class=\"wp-caption-text\">\u00a9 \u00c1ngel Uriel P\u00e9rez L\u00f3pez<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: left;\">En todo caso, allana el terreno para presentar otra flexi\u00f3n capital en la historia del olfato y los olores en la que s\u00ed nos detendremos, y con la cual deseamos terminar. Para ello tendr\u00edamos que avanzar en el tiempo hasta el siglo XIX. Resulta de inter\u00e9s hacer una parada en estas fechas para considerar seriamente un hecho que, a nuestro juicio, resulta inescrutable: \u00bfc\u00f3mo es posible que hayamos tenido que esperar pr\u00e1cticamente al siglo XXI, cuando ya hab\u00eda condiciones en el XIX, para encontrar las primeras teorizaciones acerca del \u201cpaisaje olfativo\u201d<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\"><sup><sup>[19]<\/sup><\/sup><\/a>? \u00bfA qu\u00e9 se debe, pues, esa dilaci\u00f3n inexplicable?<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Para tratar de responder a estas preguntas, creemos que es importante volver sobre el 1800 de la mano de Alain Corbin. Seg\u00fan \u00e9l, en esas fechas acontecen dos hechos importantes que no deber\u00edan pasarnos desapercibidos: el primero de ellos est\u00e1 relacionado con la obsolescencia del sentido del olfato, tras el \u00e9xito arrollador de la revoluci\u00f3n pasteuriana<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\"><sup><sup>[20]<\/sup><\/sup><\/a>; el segundo tiene que ver con la desodorizaci\u00f3n efectiva del espacio p\u00fablico y privado, fruto de la implementaci\u00f3n sistem\u00e1tica de pol\u00edticas higienistas<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\"><sup><sup>[21]<\/sup><\/sup><\/a>. Pues bien, la concatenaci\u00f3n de estos hechos, asumible desde otras disciplinas, entra\u00f1a una aut\u00e9ntica paradoja al ser examinada desde una perspectiva est\u00e9tica. Dicho en breve: se despeja una v\u00eda que, al mismo tiempo, se clausura. \u00bfEn qu\u00e9 sentido? En el siguiente: justo en el momento en que el olfato quedar\u00eda liberado de sus fines utilitarios, y por lo tanto abierto a otros usos inauditos como el est\u00e9tico, \u00a1se nos priva de los propios olores!, es decir, de esa materia prima necesaria para propiciar cualesquiera otras experiencias. Hemos pasado, por decirlo as\u00ed, de un olfato que ya no sirve para nada a una nariz que ya no huele nada. Y todav\u00eda hay m\u00e1s y peor: hemos identificado esa ausencia de olor como algo agradable.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00bfC\u00f3mo se explica esta historia? \u00bfC\u00f3mo es posible que hayamos desodorizado la realidad justo cuando est\u00e1bamos en las mejores condiciones para habilitar un uso desinteresado del olfato y, por lo tanto, est\u00e9tico? \u00bfSe esclarece as\u00ed la demora que hemos soportado en el uso de los olores por parte del arte? En cualquier caso, \u00bfestar\u00eda esta historia detr\u00e1s del aplazamiento de la conceptualizaci\u00f3n del paisaje olfativo? Podr\u00eda ser.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Lo cierto es que tanto en el \u00e1mbito del arte como en el del mercado todav\u00eda son escasos las obras y los productos que emplean los olores con fines estrictamente, y no espuriamente, est\u00e9ticos<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\"><sup><sup>[22]<\/sup><\/sup><\/a>. Y eso ya puede constituir un s\u00edntoma. Sea como fuere, lo cierto es que la categor\u00eda de paisaje olfativo todav\u00eda hoy sigue siendo marginal, incluso en contextos en los que uno esperar\u00eda mayor receptividad y apertura como, por ejemplo, en las Facultades de Arquitectura y Arquitectura de Paisaje. Y, probablemente, la promoci\u00f3n y el desarrollo no haya que esperarlos precisamente por estos lares. A este respecto, quiz\u00e1 fuera pertinente apropiarnos de unas reflexiones de A. Roger, si bien en su caso destinadas a ampliar la noci\u00f3n de paisaje buc\u00f3lico-natural:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 30px;\"><span style=\"color: #808080;\">\u00bfDisponemos de modelos que nos permitir\u00edan apreciar lo que tenemos ante los ojos? Parece ser que no (\u2026) Todav\u00eda no sabemos ver nuestros complejos industriales, nuestras ciudades turistas, el poder paisaj\u00edstico de una autopista. Somos nosotros los que tendremos que forjar los esquemas de visi\u00f3n que nos los conviertan en est\u00e9ticos.<\/span><a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\"><sup><sup>[23]<\/sup><\/sup><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Pues bien, <em>mutatis mutandis<\/em>, probablemente tambi\u00e9n seremos nosotros los que tendremos que modificar y ampliar nuestros esquemas de olfacci\u00f3n y estos, como nos ha dado perfecta cuenta la historia del paisaje (al menos en nuestra tradici\u00f3n), podr\u00edan ser suministrados por el arte<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\"><sup><sup>[24]<\/sup><\/sup><\/a>. Ante el flagrante desamparo <em>in nasu <\/em>que venimos padeciendo, necesitamos un arte de los olores que nos ense\u00f1e a oler paisajes olfativos, de la misma manera que en el siglo XVI nos ayudamos de la pintura para ver paisajes visuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Volvamos a las preguntas de nuevo: \u00bfPodremos alg\u00fan d\u00eda apreciar los paisajes olfativos que nos rodean? \u00bfY dise\u00f1arlos? Sea o no el arte el mecanismo para catalizar estos cambios, algo nos estaremos acercando al d\u00eda en que empecemos a utilizar el aparato conceptual est\u00e9tico para dar cuenta de los olores (bello, feo, sublime, etc.). Y todav\u00eda estamos lejos de que se normalicen estos usos ling\u00fc\u00edsticos. <span style=\"color: #800000;\">\u00b6<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #800000;\">(Publicado el 12 de febrero de 2020)<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\"><strong>Referencias<\/strong><\/span><\/p>\n<ul>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Calvo Serraller, F., \u201cConcepto e historia de la pintura del paisaje\u201d, en Arnaldo, J.; Ashton, D.; Bettagno, A.; et al. (1993). Los paisajes del Prado. Nerea, Madrid<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Clair, J., De immundo, Arena Libros, Madrid, 2007<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Corbin, A., El miasma o el perfume, F.C.E., M\u00e9xico, 1987<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Febvre, L. El problema de la incredulidad en el siglo XVI, UTEHA, M\u00e9xico,<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Henshaw, V., Urban Smellscapes, Routledge, N. York, 2014<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Kant Cr\u00edtica del juicio, trad. Garc\u00eda Morente, Porrua. M\u00e9xico<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Korsmeyer, C., El sentido del gusto, Paid\u00f3s, Barcelona, 2002<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Laporte, D., Historia de la mierda, Pre-textos, Madrid, 1998<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">L\u00f3pez Mascaraque, L. y J. Alonso, El olfato, La Catarata, Madrid, 2017<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Maderuelo, J., El paisaje: g\u00e9nesis de un concepto, Abada, Madrid, 2005<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Maderuelo en \u201cEl paisaje urbano\u201d, Estudios geogr\u00e1ficos, Vol. LXXI, 269, 2010<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Pallasmaa: Los ojos de la piel, Gustavo Gili, Barcelona, 2015<\/span><\/li>\n<li style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #003366;\">Roger, Breve tratado del paisaje, Biblioteca Nueva, Madrid, 2007<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Este art\u00edculo no hubiera sido posible si Eduardo Pe\u00f3n, secretario t\u00e9cnico de la Licenciatura de Arq. del Paisaje (FA UNAM), no me hubiera brindado la oportunidad de ensayar un formato de seminario de investigaci\u00f3n en una optativa del Plan de Estudios. <em>Last but not least<\/em>, a mis alumnos Esmeralda Gaona Estudillo, (Estado de M\u00e9xico, 1996), Santiago Echarri Cotler (Ciudad de M\u00e9xico, 1996), Sara Laura D\u00edaz Jim\u00e9nez (Ciudad de M\u00e9xico, 1996), integrantes del Seminario sobre el Concepto de paisaje (Coordinado por Fabio V\u00e9lez Bertomeu) \u2013todos ellos alumnos de la Facultad de Arquitectura, UNAM\u2013, por ense\u00f1arme m\u00e1s a m\u00ed que yo a ellos. (<em>Nota de Fabio V\u00e9lez<\/em>).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><sup><sup>[2]<\/sup><\/sup><\/a> Maderuelo, J., <em>El paisaje: g\u00e9nesis de un concepto<\/em>, Abada, Madrid, 2005, pp. 37-8.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><sup><sup>[3]<\/sup><\/sup><\/a> Calvo Serraller, F., \u201cConcepto e historia de la pintura del paisaje\u201d, en AA.VV., <em>Los paisajes del Prado<\/em>, Nerea, Madrid, 1993, pp. 11-2. Y, no por caso, como ha advertido A. Berque, esta clase ociosa va a ser urbana y el espacio privilegiado desde el cual se va a potenciar esta nueva mirada no va a ser otro que la ciudad: \u00abSe van a desarrollar ciudades y una clase ociosa apta para contemplar la naturaleza en lugar de transformarla laboriosamente con sus manos (\u2026) Hacer trabajar a los dem\u00e1s fue esencialmente y durante milenos hacerles trabajar la tierra. De ah\u00ed surgieron las ciudades y fue, por tanto, a partir de las ciudades desde donde se pudo dirigir la mirada desinteresada al entorno\u00bb, <em>El pensamiento paisajero<\/em>, Biblioteca Nueva, Madrid, 2009, p. 40. Esto podr\u00eda dar lugar a pensar que, en rigor, no podr\u00eda existir el \u201cpaisaje urbano\u201d. Pero no es el caso, como nos ha advertido, por ejemplo, J. Maderuelo en \u201cEl paisaje urbano\u201d, <em>Estudios geogr\u00e1ficos<\/em>, Vol. LXXI, 269, 2010, pp. 575-600.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><sup><sup>[4]<\/sup><\/sup><\/a> Sobre este aspecto se han demorado largo y tendido Roger y Maderuelo en las obras aqu\u00ed citadas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><sup><sup>[5]<\/sup><\/sup><\/a> Incluso para un te\u00f3rico del paisaje como R. Milani, que infravalora el rol del arte y la pintura en la construcci\u00f3n de la mirada paisaj\u00edstica, el sentido de la visi\u00f3n permanece incuestionable, <em>El arte del paisaje<\/em>, Biblioteca Nueva, Madrid, 2015, pp. 50 y 61.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><sup><sup>[6]<\/sup><\/sup><\/a> Como escribe J. Pallasmaa: \u00abel conocimiento ha pasado a ser an\u00e1logo a la visi\u00f3n clara y la luz a met\u00e1fora de la verdad\u00bb, <em>Los ojos de la piel, <\/em>Gustavo Gili, Barcelona, 2015, p. 19.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><sup><sup>[7]<\/sup><\/sup><\/a> Seg\u00fan L. Febvre, por ejemplo, antes del S. XVII la vista no era lo primero ni el m\u00e1s importante de los sentidos, pues \u00ab<em>ante todo<\/em>, [el mortal com\u00fan del S. XVI] oye y huele, aspira los oreos y capta los rumores\u00bb, <em>El problema de la incredulidad en el siglo XVI, <\/em>UTEHA, M\u00e9xico, p. 375.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><sup><sup>[8]<\/sup><\/sup><\/a> Korsmeyer, C., <em>El sentido del gusto, <\/em>Paid\u00f3s, Barcelona, 2002, p. 63 y ss.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Se entender\u00e1 con este ejemplo: \u00bfacaso decimos de un perfume, una comida o una textura que son bellos (o feos, kitsch, grotescos, etc.)?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\"><sup><sup>[10]<\/sup><\/sup><\/a> Especifica Kant: \u00abPues cada cual tiene conciencia de que la satisfacci\u00f3n en lo bello se da en \u00e9l sin inter\u00e9s alguno, y ello no puedo juzgarlo nada m\u00e1s que diciendo que debe encerrar la base de la satisfacci\u00f3n para cualquier otro, pues \u00abno fund\u00e1ndose en una inclinaci\u00f3n cualquiera del sujeto (ni en cualquier otro inter\u00e9s reflexionado), y sinti\u00e9ndose, en cambio el que juzga, completamente <em>libre, <\/em>con relaci\u00f3n a la satisfacci\u00f3n que dedica al objeto, no puede encontrar, como base de la satisfacci\u00f3n, condiciones privadas algunas de las cuales s\u00f3lo su sujeto dependa, debido, por lo tanto, considerarla como fundada en aquello que puede presuponer tambi\u00e9n en cualquier otro\u00bb, <em>Cr\u00edtica del juicio<\/em>, trad. Garc\u00eda Morente, Porr\u00faa. M\u00e9xico, p. 258.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\"><sup><sup>[11]<\/sup><\/sup><\/a> <em>Ibid<\/em>., p. 260.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\"><sup><sup>[12]<\/sup><\/sup><\/a> <em>Ibid.<\/em>, p. 259.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\"><sup><sup>[13]<\/sup><\/sup><\/a> Probablemente, el primero en advertir y legitimar el t\u00f3pico (animalidad-olfato) fue Freud en <em>El malestar en la cultura<\/em>, a partir de la tr\u00edada civilizatoria \u201cbelleza, limpieza y orden\u201d. Prueba de lo anterior es que todos aquellos que han escrito sobre este particular se han visto en la obligaci\u00f3n de pasar por \u00e9l, ya sea para reafirmarse o para posicionarse en contra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\"><sup><sup>[14]<\/sup><\/sup><\/a> L\u00f3pez Mascaraque, L. y J. Alonso, <em>El olfato<\/em>, La Catarata, Madrid, 2017, p. 12.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\"><sup><sup>[15]<\/sup><\/sup><\/a> <em>Ibid.<\/em>, pp. 12 y ss.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\"><sup><sup>[16]<\/sup><\/sup><\/a> Laporte, D., <em>Historia de la mierda<\/em>, Pre-textos, Madrid, 1998, pp. 44 y 52.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\"><sup><sup>[17]<\/sup><\/sup><\/a> Corbin, A., <em>El miasma o el perfume<\/em>, F.C.E., M\u00e9xico, 1987, p. 71.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\"><sup><sup>[18]<\/sup><\/sup><\/a> Habr\u00eda que decir: pese a los te\u00f3ricos urbanos. Es por ello, a nuestro ver (y por citar a dos cl\u00e1sicos), que H. Lefebvre se equivoca cuando, en la producci\u00f3n del espacio, relega el olfato en raz\u00f3n a su pretendida \u201cindecodificabilidad\u201d, de un modo parejo al de K. Lynch, cuando en la ordenaci\u00f3n semi\u00f3tica de la ciudad, s\u00f3lo contempla la posibilidad de un ordenamiento urbano en t\u00e9rminos visuales.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\"><sup><sup>[19]<\/sup><\/sup><\/a> Hasta donde creemos, es N. Poiret la primera en presentar, aunque todav\u00eda de manera precaria, la noci\u00f3n de \u201cpaisaje olfativo\u201d. Inspir\u00e1ndose en el \u201cpaisaje sonoro\u201d de Murray Schafer (60\u2019s), se\u00f1ala la autora en un breve articulo: \u00ab\u00bfNo podr\u00edamos inventar nosotros un <em>smellscape<\/em>, un \u201cpaisaje olfativo\u201d? \u00c9ste estar\u00eda conformado por el conjunto de fen\u00f3menos olfativos que permiten, m\u00e1s all\u00e1 de la visi\u00f3n, una apreciaci\u00f3n sensible y est\u00e9tica en el espacio\u00bb, \u201cVariations sur les paysages olfactifs\u201d, <em>Ambiances architecturales et urbaines<\/em>, Editions Parenth\u00e8ses, Marseille, 1998, num. 42\/3, p. 186.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\"><sup><sup>[20]<\/sup><\/sup><\/a> Escribe A. Corbin: \u00abLa desaparici\u00f3n del papel pat\u00f3geno de la hediondez reconforta el retroceso de la olfacci\u00f3n dentro de la semiolog\u00eda cl\u00ednica; el m\u00e9dico ha cesado de ser el analista privilegiado de los olores\u00bb, <em>op. cit.<\/em>, p. 242.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\"><sup><sup>[21]<\/sup><\/sup><\/a>\u00a0 Se\u00f1alamos lo de p\u00fablico y privado, porque en lo referente al espacio p\u00fablico, Laporte ha dado cuenta de los inicios de este proyecto, si bien con un \u00e9xito ambivalente, a partir del S. XVI. Corbin nos confirma la consumaci\u00f3n del plan con su extensi\u00f3n en la esfera dom\u00e9stica en el XIX, <em>ibid.<\/em>., p. 158.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\"><sup><sup>[22]<\/sup><\/sup><\/a> Es el caso de este monogr\u00e1fico de V. Henshaw, <em>Urban Smellscapes<\/em>, Routledge, N. York, 2014<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\"><sup><sup>[23]<\/sup><\/sup><\/a> A. Roger, <em>Breve tratado del paisaje<\/em>, Biblioteca Nueva, Madrid, 2007, pp. 121-2. Esta posici\u00f3n ha sido replicada por A. Berque, <em>op. cit.,<\/em> pp. 87 y ss., a nuestro ver con un argumento idealista.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\"><sup><sup>[24]<\/sup><\/sup><\/a> No es producto del azar que la mayor\u00eda de las categor\u00edas est\u00e9ticas en nuestra tradici\u00f3n sean visuales. Ciertamente, hemos tenido que esperar a las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo pasado para que el arte empiece a operar con olores y s\u00f3lo as\u00ed se entiende la aparici\u00f3n de nuevas categor\u00edas como la de lo \u201cinmundo\u201d, v\u00e9ase J. Clair, <em>De immundo<\/em>, Arena Libros, Madrid, 2007.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Fabio V\u00e9lez, Esmeralda Gaona Estudillo, Santiago Echarri Cotler y Sara Laura D\u00edaz Jim\u00e9nez[1]. \u00bfPor qu\u00e9 solemos identificar el paisaje con esas praderas suizas que suelen utilizar los publicistas para vendernos productos org\u00e1nicos? \u00bfPor qu\u00e9, en cualquier caso, damos por hecho que la ciudad es incompatible con el paisaje y que \u00e9ste s\u00f3lo podr\u00eda encontrarse fuera de ella? \u00bfPor qu\u00e9 el paisaje suele gozarse en tiempo de ocio o en viaje turista? \u00bfHay s\u00f3lo paisaje en la \u201cnaturaleza\u201d? \u00bfY en el campo, en el mundo rural? \u00bfSon lo mismo? \u00bfY el paisaje, puede ser feo? \u00bfExisten paisajes naturales feos? \u00bfY<\/p>\n","protected":false},"author":58,"featured_media":5345,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[257],"tags":[97,272,69,268,269,68],"class_list":["post-5359","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-fabio-velez-bartomeu","tag-arquitectura","tag-ciudad","tag-entorno","tag-paisaje","tag-territorio","tag-urbanismo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5359","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/58"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5359"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5359\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5500,"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5359\/revisions\/5500"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5345"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5359"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5359"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revista925taxco.fad.unam.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5359"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}