Año 13 / edición 50 / mayo 2026 - ISSN: 2395-9894

La paradoja de la formación universitaria en artes


Otra aportación al debate es el trabajo de Helen Kara (2015), quien recupera experiencias relacionadas con el arte como investigación en entornos científicos y la importancia de hacerlas visibles como formas de generar conocimiento. Este impulso parece haber quedado suspendido por la relevancia de la discusión sobre autoría en relación con la inteligencia artificial, pese a que los conflictos respecto a la formación de artistas permanecen latentes.

Jaymee Martin (2019) plantea un potente reclamo a las instituciones donde estudió. La autora narra su recorrido educativo, desde que se postuló a la universidad hasta los últimos semestres, y cae en cuenta de que sus intereses, inquietudes e incluso posición política se disolvieron al atravesar el proceso formativo, estructurado a partir de la lectura que la institución hace sobre los intereses, inquietudes y posiciones políticas del circuito artístico, a manera de garantizar mejores condiciones para ingresar al mismo. En otras palabras, “profesionalizándola”. Pese a que esto pareciera una ventaja, Martin enfrenta una sensación de pérdida de identidad y orfandad, y cuestiona cómo ese enfoque. institucional implica un demérito para la creatividad y el discurso particular de los artistas. El texto es solo una de varias reflexiones en torno a los programas de formación artística que, ante las presiones por justificar su existencia, han abrazado la noción de la profesionalización, que es parte de un discurso universitario centrado en una visión capitalista que privilegia la eficacia y la eficiencia.

Hasta la fecha, la reflexión sobre la formación artística universitaria se ha hecho desde una perspectiva historiográfica o sociológica, cuya mirada, si bien valiosa, se centra en lo contextual y no en el sujeto creador. Por su parte, las tesis —al menos en México— realizadas desde posiciones creativas se centran en la documentación de proyectos, pero dejan de lado el aspecto introspectivo del que emerge y se nutre la construcción de la obra de arte, al considerarlo como un elemento anecdótico, personal y carente de rigor científico y metodológico.

«Hasta la fecha, la reflexión sobre la formación artística universitaria se ha hecho desde una perspectiva historiográfica o sociológica, cuya mirada, si bien valiosa, se centra en lo contextual y no en el sujeto creador»

Ante esta problemática, algunos planteamientos psicoanalíticos aportan elementos de análisis sobre aquello que sucede con el sujeto como artista; por ejemplo, la teoría de Jacques Lacan[2] sobre la creación y el discurso. A diferencia de los estudios centrados en los procesos neurológicos o la visión del arteterapia, donde se toma lo creativo como un medio curativo, la perspectiva lacaniana recupera lo que estos han dejado de lado: aquello innombrable que actúa en el artista y lo lleva a acciones que materializan imaginarios nunca antes vistos.

Uno de los textos más conocidos de Lacan es su lectura del Finnegans Wake de James Joyce[3]. Allí ubica lo anteriormente expuesto: considera que los individuos en su relación con el mundo experimentan un malestar, referido no a lo que coloquialmente es una preocupación o un síntoma de sufrimiento per se, sino un mal/estar, una incomodidad, un sentir que no se sabe qué es y ni siquiera puede nombrarse. Ante la imposibilidad de definirlo, permanece latente hasta que es convocado por o se encuentra con algo: una palabra, canción, palabra, actividad, persona, ciudad, etc., lo cual se conoce como resonancia, que supone un impulso que lleva a un hacer. Es decir, decanta en una lógica singular (el discurso artístico), en un modo de hacer algo inédito.

La posición del psicoanálisis lacaniano ante el arte no es decir algo sobre este. Jacques Alain-Miller[4] es muy claro al advertir que, cuando estas disciplinas se cruzan, no es para que el psicoanálisis descubra algo de lo artístico; al contrario, el arte enseña al psicoanálisis. En el texto que dedicó a Marguerite Duras[5], —el cual me atrevo a parafrasear—, Lacan afirmó que “el artista va por delante del psicoanalista; ahí donde el psicoanalista llega después de muchos años y esfuerzos, el artista ya hace de manera intuitiva”.El artista es dueño ya de un saber: ese saber inconsciente que es el nodo que lo encamina hacia el acto de la creación.

Sin embargo, la dinámica social actual está marcada por una subjetividad que propone la “certeza” del beneficio, la exclusión del riesgo y la aplicación del mínimo esfuerzo para tener logros en menos tiempo. En ese contexto, el proceso de creación y la resonancia llegan a vivirse más como un obstáculo. Bajo esta lógica, la profesionalización de las artes responde mayormente a un discurso que obedece, por una parte, a la demanda de “formar individuos” capaces de insertarse en el campo laboral, y por la otra, a cumplimentar con determinados criterios de productividad y resultados que justifiquen los presupuestos destinados a las universidades y escuelas de formación artística. Esto ha implicado la adopción de una lógica de distribución del capital que deja de lado un elemento nodal del acto de creación: el proceso, cuya esencia errática, sujeta a su propio tiempo, imposible de controlar o evidenciar de forma total, es justamente contrario a aquella.

«La profesionalización de las artes responde mayormente a un discurso que obedece a la demanda de ‘formar individuos’ capaces de insertarse en el campo laboral, y a cumplimentar con determinados criterios de productividad y resultados que justifiquen los presupuestos destinados a las universidades y escuelas de formación artística»

En su Seminario XVII, Lacan identifica cuatro tipos de discursos y su relación con el saber; uno de ellos es el discurso universitario, el cual cabe aclarar que no es sinónimo de la universidad, aunque se encuentran fuertemente ligados, y donde la segunda es determinada por la primera. Para el autor, el saber es singular, imposible de comprobar y de generar reglas universales, por lo cual no sería plausible de ser evaluado, al contrario del conocimiento, que es comprobable, transmisible y genera evidencias. El discurso universitario, más que permitir la emergencia del primero, lo obtura, ya que da énfasis al segundo.

A la luz de lo anterior, la universidad es un mero administrador burocrático del conocimiento, cuya constante actividad consiste en palomear listas de cotejo que den cuenta de que la actividad de enseñanza sucede; además, en la universidad suele generarse un ideal de conocimiento y, con este, una idea de Verdad, con mayúscula, que impide la emergencia de la singularidad, del deseo de un sujeto implicado con un proceso de aprendizaje y, sobre todo, de un proceso creativo. Por lo tanto, la formación universitaria en artes es una paradoja.

Como se ha expuesto, la administración, con sus requisitos, planes, evaluaciones y perfiles, tiene ya definido el conocimiento o experiencia, así como sus formas y cualidades. Los sujetos deben adaptarse a esto si quieren continuar formando parte de estos espacios institucionales, y necesitan cumplirlo al pie de la letra para seguir obteniendo claros beneficios económicos y de estabilidad.

Ante la complejidad que implica saber cómo evaluar quién es artista y quién no, una condición impermeable a los criterios de conocimiento universitario, se ha dado una solución simple que evite obstáculos a los procesos administrativos y burocráticos de los veloces tiempos de la institución universitaria, y se les califica bajo prácticamente los mismos criterios de otras disciplinas. Cuando esto sucede, la obra de arte y la condición de artista quedan marginadas. Como ya dijo Pilar Villela (2017), hacer carrera como artista y hacer carrera como académico son posiciones que se excluyen una a la otra. Los programas de formación artística deberían replantearse qué procesos y dispositivos podrían poner a resguardo y recolocar a la creación como la orientación misma de lo que es un artista.

La propuesta es que crear sea más una pregunta, un proceso que nos haga tropezar con la paradoja misma que somos y que no dé la capacidad de mirar nuestra contradicción, sin repugnancia, pues es desde la duda y el mal/estar como se puede dar batalla a la creación precocida, que da protagonismo al juicio de valor y al ideal que solo produce ecos (Lladó, 2024). Ante esto, quienes realizamos esta actividad imposible de enseñar arte y sostener la creación desde lo institucional tenemos la ardua tarea de pensar cómo incidir en el encuentro con los jóvenes en formación, para lograr que su quehacer artístico se convierta en brújula y no en un camino tan allanado como rígido. ¶

Borgdorff, H. (2010). El debate sobre la investigación en las artes. Cairon 13 Revista de Estudios de Danza. Práctica e Investigación. https://archivoartea.uclm.es/wp-content/uploads/2018/12/cairon-13.pdf

Kara, H. (2013). Creative Researchs Metods in the Social Sciences. A Practical Guide. Policy Press

Lacan, J. (1976). Seminario xxiii. 1975-1976. El sínthome. Lacantera Freudiana. https://www.lacanterafreudiana.com.ar/2.1.11.11.%20CLASE-11%20%20S23.pdf

Lacan, J. (2007). Seminario xvii. El reverso del psicoanálisis. Paidós

Lacan, J. (2014). Homenaje a Marguerite Duras por el arrebatamiento de Lol V. Stein. Paidós (Otros Escritos).

Lladó, A. (2024). Albert Lladó: “La clave es cómo hacernos preguntas sin convertirnos en jueces ni en policías”. WMagazine. https://wmagazin.com/albert-llado-la-clave-es-como-hacernos-preguntas-sin-convertirnos-en-jueces-ni-en-policias/

Martin, J. (2019). Game over: articulando el currículum oculto de una escuela de artes. Esfera Pública. https://esferapublica.org/game-over-articulando-el-curriculo-oculto-de-una-escuela-de-arte/

Villela, P. (2017). La obra de arte en la época de la evaluación del desempeño de la investigación académica. El Ornitorrinco Tachado, 1, 53-64. https://hemeroteca.uaemex.mx/index.php/ornitorrinco/article/view/4618


Licenciada en Teatro por la Universidad Veracruzana, maestra en Artes Visuales por la FAD-UNAM y estudiante del Doctorado en Psicología en la Universidad Veracruzana. Su trabajo se sitúa en el cruce entre psicoanálisis lacaniano, artes y procesos creativos, con interés en las relaciones entre subjetividad, inconsciente y creación. Es artista de performance y collage. Desde 2020 se vincula con la Nueva Escuela Lacaniana en Ciudad de México. Es docente en la Facultad de Teatro y en la Maestría en Salud, Arte y Comunidad (Facultad de Psicología, UV).

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