| Resumen: El presente texto tiene como objetivo problematizar la infovisualidad como un dispositivo de representación de información que domina la interpretación de los fenómenos y cuya estética es necesario politizar. Se configura una breve historiografía de la visualización de la información, que concluye con el contexto de la era de la “infocracia” propuesto por Byung-Chul Han, y se plantea la necesidad de configurar recursos visuales que transiten por rutas divergentes para gestionar una renovada política de la infovisualidad. Palabras clave: infovisualidad, datos, infocracia, información, sociedad del control, representación visual |
| Abstract: This text aims to examine infovisuality as a mechanism for representing information that dominates the interpretation of phenomena and whose aesthetics must be politicized. A brief historiography of information visualization is presented, concluding with the context of the “infocracy” era proposed by Byung-Chul Han, and the need is raised to develop visual resources that take divergent paths to manage a renewed politics of infovisuality. Keywords: infovisuality, data, infocracy, information, control society, visual representation |
Traducción por Luis Roberto Sánchez Mendoza. Recibido: 27 de abril, 2026. Dictaminado: 29 de abril, 2026. Publicado: 6 de mayo, 2026
Infovisualidad
La infovisualidad es la representación visual de información que se compone esquemáticamente para ser comunicada. Se trata de un intento de comprender y asignar sentido al mundo, mediante la cual se articulan símbolos que ejercen una fuerza de dominación sobre quienes los interpretan; de esta forma se activa una relación poder-símbolos propuesta por un grupo dominante para distribuir una narrativa en torno a la cual las personas acotan su modo de actuar en el mundo y estructuran su cotidianidad.
A partir de la Ilustración se instauró un pensamiento que promueve la razón como elemento central de la construcción de dispositivos para tratar de entender el mundo. La infovisualidad se adhiere de manera casi simbiótica al desarrollo de la estadística atribuida a Gottfried Achenwall en el siglo XVIII. Fue en el siglo XIX, con el desarrollo de la industria, cuando se intentó dar respuesta a la necesidad de difundir ese dispositivo para mirar el mundo hacia territorios alejados, en una especie de colonización a través de la información.
Es probable que en el siglo XVI, en Alemania, se haya impreso el primer periódico: el llamado Mercurius Gallobelgicus. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX cuando se instauró el “régimen de la información” (Abril, 1997, p. 34), después de que la Revolución industrial permitió el desarrollo de la tecnología necesaria para distribuir esa información a través de grandes distancias. También en el siglo XIX, con los gráficos diseñados por William Playfar, Joseph Minard y Florence Nightingale, estableció la infovisualidad como una herramienta visual para interpretar fenómenos diversos.

A partir de los gráficos esquemáticos vinculados con la estadística se produce una infovisualidad estatal, una esquemática que sirve para enmarcar los fenómenos sociales, económicos y políticos desde la perspectiva del Estado. Son los grupos de poder quienes pueden producir y difundir la infovisualidad para permear sus interpretaciones hacia la población.
Esta asimetría para producir y distribuir información construye espacios de enunciación cerrados para los grupos históricamente marginados, y la narrativa pública en torno a los fenómenos sociales queda monopolizada por los grupos dominantes. Los medios se constituyen como una herramienta más para integrar toda una “ingeniería política que distribuye sensibilidades” (Rancière, 2013, p. 98).
Infovisualidad en la era de la infocracia
Con la llegada de la computadora e internet, a finales de. siglo XX, la sociedad ingresó a una nueva fase, en la que se han erigido nuevos símbolos y significados, pero desde los cuales también se desplaza el poder y se enmarcan lo mirable y lo pensable a través de una tecnología que dispone de sus propias narrativas dominantes.
A partir del uso de las redes, la sociedad accede a la sociedad del control, como la denomina Deleuze. En ese contexto, la infovisualidad se distribuye, ya que las redes permiten generar una fantasmagoría de apertura y de libertad donde la difusión de ideología a través de la información fluye para corresponder con intereses específicos. La colonización de la mirada y la interpretación de la realidad se consolidan con las redes y la tecnología, y se fortalece el régimen de información heredado del siglo XIX, en una información que se enuncia desde el espacio de poder que implica tener acceso y control de estos medios digitales.
Esta sociedad de control como la define Deleuze resulta relevante porque nos permite ubicar algunos de los elementos que trazan la dinámica en que la infovisualidad circula en el contexto contemporáneo. En ella existe una aparente disolución del encierro y una idea predominante que erige la noción de libertad como estandarte, donde el sujeto es libre de emprender, de publicar, de producir, de decir, de educarse, etc. Sin embargo, la totalidad del entorno donde se desarrollan las acciones cotidianas se encuentra mediada y diseñada por una amplia gama de dispositivos que la condicionan.
A través de los mecanismos tecnológicos del siglo XXI se despliega una serie de estrategias que permiten al poder dominar sin ejercer una fuerza coercitiva, erigiendo la narrativa dominante desde diversos puntos de difusión; uno de ellos —definitivamente no el único— es la infovisualidad.
La visualización de información se instala como la interfaz narrativa del tecnopoder y es uno de los engranajes de la enorme maquinaria de la información, aquella que se comunica a través de la fuerza de la imagen y el lenguaje esquemático. A través de esta tecnología visual se fortalece la “epidemiología de las representaciones” (Peraitax, 1994): pensar el mundo por contagio, caracterizar cada uno de los aspectos que conforman nuestra realidad a partir de imaginarios ajenos, representaciones que dominan por la potencia de su difusión y repetición. Como lo expresa Sadin (2008, p. 35): “Se desarrollan ciertos microfenómenos psicológicos que, a fuerza de encabalgarse y mantenerse vigentes, engendran macro fenómenos sociales”.
La infovisualidad es uno de esos microfenómenos psicológicos que instituye grandes narrativas que incitan a los ciudadanos a ejercer un juicio o formarse una opinión sobre un fenómeno relevante a partir de la implantación de una representación o la transmisión de una narrativa cuidadosamente construida a través de la visualidad.
La información que se gestiona en este contexto complejo, delimitado por la euforia tecnológica-económica, coloniza, como si se tratara de una neblina narrativa, los espacios de pensamiento a través de las representaciones visuales. En el caso de la infovisualidad, contagia la interpretación de los puntos sensibles desde los que se configura lo real. La infovisualidad no es inofensiva ni imparcial: se propaga de forma viral y domina el espacio cognitivo. Al respecto, Byung-Chul Han (2002, p. 28) menciona: “La economía del dato aspira a hacer de todo gesto, hálito o relación una ocasión de beneficio, pretendiendo de este modo no conceder ningún espacio vacante, intentando adosarse a cada instante de la vida y confundirse con la vida entera”.
La visualización de información forma parte de esta superestructura compleja, que Han llama la economía del dato. En la sociedad de la euforia tecnológica-económica se ha ingresado a un nuevo estadio de relación con los medios, un complejo y peligroso fenómeno que Han ha denominado el régimen de la información o la infocracia.
Según el mismo autor, en este régimen de la información la democracia se encuentra bajo amenaza por la potencia con que la información se captura y se difunde; una potencia que no deja ningún espacio libre a los ciudadanos para construir una autonomía cognitiva. Han define al régimen de la información “como la forma del dominio en que la información y su procesamiento mediante algoritmos e inteligencia artificial determinan de modo decisivo los procesos sociales, económicos y políticos. A diferencia del régimen de la disciplina, no se explotan cuerpos y energías, sino información y datos” (2022, p. 11).
En este marco, el régimen de la información que establece Han está directamente vinculado a la potencia con que la información se gestiona; una potencia que no es posible fuera del contexto tecnológico del siglo XXI, donde ambas esferas, información y tecnología, se alimentan para transformarse en un entramado más complejo y menos visible. Los usuarios de esta información, estructurada desde el algoritmo y la inteligencia artificial, al mismo tiempo que la consumen entregan datos que permiten una configuración más eficaz, la cual posibilita la colonización de su territorio cognitivo, restringiéndole los espacios de reflexión y análisis, obligándolos a mirar hacia el fenómeno propuesto con las herramientas limitadas de interpretación que provienen de esa relación vertical.
En el estadio anterior, donde predominaban los medios eléctricos, existía la posibilidad de apagarlos; en el contexto actual, la información que captura ciertos datos y comunica otros se instala como una maquinaria incesante que capta los gestos cotidianos y al mismo tiempo los configura.
Como propone Han, en el siglo XXI la información trabaja a partir de una psicopolítica que dirige nuestro comportamiento sin necesidad de ejercer una violencia, sino más bien emulando un falso espacio de libertad en que los usuarios se introducen de manera aparentemente voluntaria con la aspiración de volverse relevantes y monetizar su contenido.
El régimen de la información fractura la esfera pública, “la desintegra en espacios privados” (Han, 2022, p. 33), ya que difunde datos que fortalecen tales ámbitos, al desviar la atención de aquellos fenómenos que resultan relevantes para la sociedad en su conjunto. El algoritmo y la inteligencia artificial impiden la discusión en el ágora y nos introducen a cada uno de nosotros en nuestra pequeña burbuja cognitiva, desde la que dejamos de mirar y pensar lo social.
La instalación del usuario de información en un delimitado territorio cognitivo e individualista implica la ausencia de representación en su opinión y niega la pluralidad de miradas para estructurar la realidad.
Disputar la narrativa
En la era de la infocracia, para que la imaginación disponga de nuevos marcos de interpretación de la realidad, resulta esencial politizar la estética de la infovisualidad, a modo de incitar nuevas miradas que no sean gestionadas desde los grupos de poder, sino desde territorios de análisis y resistencia discursiva, y de forma contraria a lo que “los dataístas imaginan: una sociedad que puede prescindir de la política” (Han, 2022, p. 63). Es fundamental propugnar por las narrativas para erigir nuevos relatos que se sustenten en datos que abran preguntas y no cierren diálogos. La realidad administrada desde la información difundida únicamente por grupos empresariales e instituciones de poder deviene una realidad unidimensional, carente de los criterios de aquellos ausentes de los que habla Han: ausentes que son indispensables para caminar hacia una verdadera democracia. Por ello, como él mismo propone (Han, 2022, p. 69), “si queremos renovar la democracia en las próximas décadas, necesitamos un sentimiento de indignación, una sensación de pérdida de lo que nos están quitando. Lo que aquí está en juego es la expectativa que cada ser humano abriga de ser dueño de su propia vida y autor de su propia experiencia”.
La infovisualidad es uno de esos dispositivos que ponen en juego nuestra posibilidad de estructurar nuestra propia experiencia del mundo, ya que instaura símbolos y representaciones desde los que se delimita la comprensión del fenómeno, amparados en la idea erróneamente generalizada de la información como comunicación de la verdad. “La información por sí sola no explica el mundo. A partir de un punto crítico, incluso oscurece el mundo” (Han, 2022, p. 81). Para ejercer la infovisualidad desde un territorio menos vertical resulta necesario politizarla, cuestionarla, proponer nuevas rutas de construcción crítica, producir una fisura en el muro informativo que proviene del poder y debilitar la preponderancia del mapa donde la representación visual se muestra como un recurso irrefutable de lo que la realidad significa. A partir de disputar la narrativa dominante es posible trazar dispositivos decoloniales, representaciones visuales que no solo se propongan como planteamientos simbólicos, sino que también se entrecrucen con transformaciones materiales. Una infovisualidad imaginada desde un marco no estadístico, no europeo, no macro, no mercantilizado, no estatal, que promueva reducir la asimetría entre quienes producen y difunden información y quienes solo la consumen, para reinterpretar la realidad distanciados de los marcos hegemónicos. ¶
[.925 artes y diseño, Año 13, edición 50]
Referencias
Abril, G. (2005). Teoría general de la información. Datos, relatos y ritos. Cátedra.
Deleuze, G. (2006). Post-scriptum sobre las sociedades de control. Polis, (13). https://www.redalyc.org/pdf/305/30551320.pdf
Han, B.-C. (2022). Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia. Penguin Random House.
Peraitax, H. (1994). Entrevista a Dan Sperber. Psicothema, 6(3), 566-577. https://www.psicothema.com/pii?pii=949
Rancière, J. (2013). El espectador emancipado. Bordes Manantial.
Sadin, É. (2018). La siliconización del mundo. Caja Negra.
