Publicado: 19 de febrero, 2026
El caso del TDV demuestra cómo la docencia en su práctica más auténtica es una actividad de interacción y reflexión que genera conocimiento, pero no de manera espontánea, sino a través de la investigación.
Luz del Carmen Vilchis Esquivel
…Dar énfasis a la producción plástica como una actividad que implica enfrentar problemas nuevos, cuya solución depende de la investigación teórica, de uso experimental de los materiales y de una constante confrontación de la obra con su entorno cultural, artístico, y social.
José de Santiago Silva
El Taller Documentación Visual (TDV) fue una entidad artística, cuya existencia de 15 años no resulta equiparable con la incidencia social y ni con la cantidad y variedad de productos artísticos realizados.
El modelo de trabajo artístico en grupo no era nuevo, anteriormente habían existido en la Antigua Academia de San Carlos, colectivos cuya integración perseguía el desarrollo de propuestas artísticas. Desde los años setenta se habían asomado a la escena diferentes agrupaciones, entre ellas, el grupo SUMA[1] (1976 – 1982), el MIRA[2] (1977 – 1982) y el No-Grupo[3] (1977 – 1983); todo ellos sin dejar de mencionar a otros colectivos con perfiles semejantes que rondaron el entorno del arte y que fueron engendrados desde otros ángulos, como el Grupo Proceso Pentágono[4] (1978), el Taller Arte e Ideología TAI[5] (1975 – 1979), o bien, el Taller Investigación Plástica[6] (1978 – 1988). Como consecuencia del árido ambiente social y político, en México irrumpieron colectivos de jóvenes artistas motivados por el cuestionamiento y la redefinición de las prácticas artísticas, como un franco rechazo a la corrección y al sistema.
La labor de aquellos grupos en oposición a la institucionalidad amplió el horizonte del arte hacia formas conceptuales y no-objetuales, como la instalación y el performance. El impacto social que provocaron interrogaba la función social del arte.
Sobre ese terreno andado, se cimentó la labor del Taller Documentación Visual a principios de la década de los ochenta. Desde su origen surgió la disyuntiva ontológica de cómo denominarse, utilizar o eliminar una preposición. Ese dilema hoy puede parecer una minucia, una insignificancia, sin embargo, en realidad era una declaración de intenciones y, sobre todo, de procedimientos fundamentales, entendiendo estos como el diálogo y la negociación de acuerdos por encima de todo.
Eso nunca fue un asunto de menor importancia, el espíritu que prevaleció dentro del TDV durante toda su trayectoria fue el de la negociación. Paralelamente a ello, una característica que no podemos dejar de lado es el ambiente de trabajo solidario de sus integrantes. En esas condiciones todos los temas podían ser discutidos y conciliados, concordando con el maestro Sergio Carlos Rey —un ex integrante del Taller en sus primeras etapas— quien ha dicho: “hay que discutir las ideas y no con las personas”. Por lo tanto, las discusiones fueron sin duda acaloradas, pero siempre con la mira hacia el bien del grupo. Al grado de que los jóvenes integrantes que se rebelaron ante aquella forma renacentista del maestro y el discípulo establecieron un nuevo paradigma en el colectivo: el diálogo.

Para comprender la esencia del TDV, podríamos hacer una analogía con otro tipo de agrupación artística, por ejemplo, una agrupación musical, en particular, una banda de jazz. En la estructura interior de este grupo —es bien sabido, y para constatarlo sobran los testimonios de los exintegrantes— el Dr. Antonio Salazar fue el líder y promotor. Salazar era el eje de este proyecto, por lo tanto, asignémosle el rol de bajista y compositor. ¿Por qué una banda de jazz? Por la libertad creativa y por la diversidad de abordajes sobre determinada temática. Dicho esto, a los demás integrantes del proyecto podríamos identificarlos como virtuosos instrumentistas. Así pues, el TDV contó en sus filas con guitarristas, saxofonistas, pianistas, percusionistas, y un largo etcétera, en donde cada encarnación del TDV no resultó similar a la anterior.
Cuando algún integrante salía de esta banda, llegaron otros, pero ningún reemplazo fue de una pieza por otra. Cada reemplazo se integró para convertir al Taller en una nueva versión de este colectivo, para llevarlo, de esa forma, a otros escenarios.
Ya fuera como terceto, cuarteto, o bien como quinteto, el TDV exploró las diferentes posibilidades artísticas que ofrecieron sus integrantes. Lo anterior es referido con detalles por Felipe Mejía en la extensa crónica que aparece en el muy famoso Libro Rosa (Salazar, 2004), donde señala que hubo diversos personajes cercanos —digamos satelitales— al proyecto principal, aquellos a quienes Mejía denominó como ‘palomazos’[7] del proyecto. Siguiendo con la analogía de la banda de jazz, denominemos a todos esos personajes como músicos de sesión, que participaron en ciertas interpretaciones con sus talentos.
El Taller Documentación Visual fue una sustancia compleja, variable en cuanto al número de integrantes y cambiante en su temática, mutando en sus intereses, pero jamás renunciando a los valores que le definieron: libertad social, libertad sexual y libertad política.
Han pasado 40 años de la fundación del primer grupo que dio origen al Taller. Sus 15 años de labor no son pocos, no nos cabe duda de su longevidad, sobra hablar de la vasta productividad de este conglomerado. Pero debe ser más importante reconocer la seriedad con la que se afrontaron múltiples escollos, y principalmente habrá que aquilatar en su justo valor el impacto que el TDV provocó en la sociedad mexicana de finales del siglo XX.

Para lograr esta tarea, la presente edición reúne meritorias aportaciones de varias plumas, que abordan las particularidades del Taller Documentación Visual desde distintas ópticas con la pretensión de analizar y comprender la trascendencia del fenómeno desde varios planos. Destaquemos la participación del Dr. José de Santiago Silva, de la Mtra. Angélica Valentino Muñoz, del Dr. José Rafael Mauleón Rodríguez; por supuesto la muy valiosa gestión del maestro Sergio Carlos Rey, quien facilitó el acceso a los archivos de las cápsulas del tiempo del TDV, así como también articuló la participación de algunos de los exintegrantes del colectivo y de alumnos prestadores de servicio social en la CIDyCC[8] para aportar sus visiones acerca de aquella etapa. En especial hemos de destacar la coordinación editorial a cargo del Dr. Tiberio Zepeda Prats y el Lic. Alfonso Heredia Arriaga, quienes participaron de manera entusiasta desde la gestación de esta edición especial y la hicieron posible.
Nosotros en .925 artes y diseño consideramos de suma importancia preservar la memoria del “TeDiViertes”, así como de los académicos, alumnos y artistas que le dieron forma y dirección, todos ellos apasionados, quienes caminaron decididamente por la calle de Moneda con dirección a las aulas de la Antigua Academia de San Carlos, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, entre los años de 1984 y 1999.
Por mi raza hablará el espíritu.¶
[.925 Artes y Diseño, Año 13, edición 49]

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Referencias
Salazar Bañuelos, A. (2004). XV años Taller Documentación Visual. Universidad Nacional Autónoma de México, Escuela Nacional de Artes Plásticas.
[1] Estaba integrado por alumnos del artista plástico Ricardo Rocha, entre los que se encontraban: Oscar Aguilar Olea, Gabriel Macotela, Paloma Díaz Abreu, Patricia Salas, Alma Valtierra, José Barbosa, René Freire, Oliverio Hinojosa, Armandino Lozano, César Núñez, Miriam Ramírez, entre otros más.
[2] Sus integrantes principales fueron Arnulfo Aquino, Melecio Galván, Eduardo Garduño, Rebeca Hidalgo, Silvia Paz Paredes y Jorge Pérez Vega.
[3] Sus integrantes principales fueron Maris Bustamante, Melquiades Herrera, Alfredo Núñez y Rubén Valencia, entre otros más.
[4] Fue fundado por Víctor Muñoz, Carlos Fink, José Antonio Hernández Amezcua y Felipe Ehrenberg. Posteriormente, se integraron Miguel Ehrenberg, Lourdes Grobet, Carlos Aguirre, Rowena Morales y Rafael Doniz.
[5] Integrado por Luis Acevedo, Andrés de Luna, Felipe Leal, Morris Savariego, Alberto Híjar, Ana Cecilia Lazcano, Miguel Ángel Esquivel y Atilio Tuis.
[6] Los integrantes originales del TIP fueron José Luis Soto González, Isabel Estela Campos, José Luis Gutiérrez Peña, Crecencio Méndez y Camilo Aguilar.
[7] Acto de tocar música una o varias personas de manera improvisada, por el simple gusto de hacerlo, por extensión se entiende como algún tipo de colaboración.
[8] Coordinación de Investigación, Difusión y Catalogación de Colecciones (CIDyCC) de la Facultad de Artes y Diseño en la Antigua Academia de San Carlos.
