| Resumen.– Manuel Álvarez Bravo podría ser el fotógrafo más trascendente de México y una figura clave en la historia de la fotografía. Desde niño mostró interés por este arte, aunque trabajó en distintos oficios antes de dedicarse plenamente a la lente. Fue influenciado por Tina Modotti, Henri Cartier-Bresson, Paul Strand y André Bretón, desarrolló un estilo único. En su trayectoria publicó alrededor de 40 libros y participó en más de 300 exposiciones nacionales e internacionales. Falleció a los 100 años, dejando un legado inmenso. Palabras clave.– Manuel Álvarez Bravo, fotografía, semblanza, historia de la fotografía |
| Abstract.– Manuel Álvarez Bravo might be the most transcendent photographer in Mexico and a key figure in the history of photography. He showed an interest in this art form since childhood, although he worked in different trades before dedicating himself fully to the lens. Influenced by Tina Modotti, Henri Cartier-Bresson, Paul Strand, and André Breton, he developed a unique style. Throughout his career, he published around 40 books and participated in more than 300 national and international exhibitions. He passed away at the age of 100, leaving behind an immense legacy. Keywords.– Manuel Álvarez Bravo, photography, profile, history of photography |
Translated by Luis Roberto Sánchez Mendoza. Recibido: 22 de agosto, 2025. Dictaminado: 19 de octubre, 2025. Publicado: 25 de noviembre, 2025
Primera parte
Preámbulo
Al hablar de la fotografía y su historia en México, es imprescindible mencionar a Manuel Álvarez Bravo, sin lugar a duda, el fotógrafo más importante que ha dado México. Sus primeros contactos con la fotografía sucedieron en su infancia, cuando Fernando Ferrari Pérez, padre de un compañero de escuela, los llevó a él y otros amigos al cuarto oscuro donde revelaba placas de cristal.
El deceso de su padre lo obligó a trabajar desde temprana edad; primero, en una fábrica, luego, en la Contraloría de la Nación y la Compañía de Luz. Ahí, su jefe Hugo Conway pedía por correo algunas revistas de fotografía que eran recogidas por Álvarez Bravo, quien aprendió algo de técnica, conoció la obra de grandes fotógrafos y entró en contacto directo con fotógrafos y artistas, lo que nutrió su forma de mirar a través de la lente. En sus inicios, su mayor influencia fue Tina Modotti, pero hay en su carrera hay muchos nombres más como los de Henri Cartier-Bresson, Paul Strand y por supuesto, André Bretón.
Su trabajo lo convirtió en uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX. Múltiples exposiciones y libros publicados con sus fotografías avalan este hecho. Falleció a los 100 años, dejando tras de sí, un legado impresionante, que incluye un aproximado de 40 libros sobre su obra, editados en México, Estados Unidos (EUA), Francia, Reino Unido, España, Japón e Israel. Sin embargo, no hay un registro fidedigno del número de exposiciones que ha tenido. El Archivo Manuel Álvarez Bravo menciona que en México se cuentan entre 45 y 60 individuales, así como entre 80 y 100 colectivas; en el extranjero se estiman entre 90 y 110 individuales, además de unas 110 y 130 colectivas en una veintena de países alrededor del mundo[1]. Este artículo es la primera entrega de una trilogía donde se abordará al hombre, su discurso y su obra, que pretende, además, honrar la memoria del maestro.
Introducción
El 4 de febrero de 1902, en la calle de las Escalerillas –hoy República de Guatemala– en el Centro Histórico de la Ciudad de México[2], nació Manuel Álvarez Bravo, quien a la postre se convertiría en el fotógrafo más grande que ha dado este país. Luego de haber observado, estudiado, interpretado y retratado al mundo, dejó este plano un 19 de octubre de 2002. El maestro rompió el “Paradigma Casasola” sobre retratar y documentar a los caudillos revolucionarios, para dar paso a un lenguaje fotográfico diferente. Así, planteó su propia interpretación del mundo con un discurso claro:
Uno dispara a lo que le gusta y desde el ángulo que le gusta; es muy importante lo que puede percibirse fuera del asunto principal; el corte nunca es arbitrario, sino exacto. Me parece que todo es retratable, depende de cómo se le vea. Todo lo que se retrata por placer. (Del Conde, 1989, p.7)
Durante casi 80 años fotografió cada rincón de México, mostrando desde su particular punto de vista los diferentes aspectos que hacen de este país un lugar lleno de magia, misticismo y arte. Su labor fotográfica comenzó a mediados de la década de 1920 y a sus 100 años, ocasionalmente, siguió haciendo fotografía[3], pues como aseveró alguna vez, “los sentidos comenzaban a fallar, pero el sentimiento seguía siendo el mismo”. Su trabajo lo llevó a exponer en los más importantes museos y galerías a nivel global, publicando con su obra un sinnúmero de libros.
Los inicios
Nací en la ciudad de México, detrás de la catedral, en el sitio donde se levantaban los templos de los antiguos dioses mexicanos, el cuatro de febrero de 1902. Acabé la primaria y después he sido autodidacta. Serví mucho tiempo al gobierno de mi país como contador manejando mucho dinero abstracto. Siempre me interesó el arte y cometí el típico error de creer que la fotografía era el más fácil, el recuerdo de los intentos que hice en otros campos me hace comprender que encontré mi camino a tiempo. (Kismaric, 1997, p. 12)
Fue el quinto de los ocho hijos de Soledad Bravo y Manuel Álvarez[4], pintor y periodista. En su familia se incentivó la cultura como un valor importante, lo cual estimuló su sensibilidad. De joven fue muy común verlo en mercados de chácharas[5] y librerías de usado; incluso, se menciona que coleccionó cards de visite[6], fotografías viejas, grabados y libros antiguos. Su padre y su abuelo fueron fotógrafos aficionados, pero no le enseñaron, este arte lo aprendió fuera de casa. Él mismo mencionó que Fernando Ferrari Pérez, padre de un amigo, lo inició en el cuarto oscuro:
Había un individuo, quizá aficionado a la fotografía, que nos invitaba a dos o tres de nosotros a ver cómo trabajaba, o sea, cómo hacía fotografías. Nos quedábamos muy quietos, muy concentrados, apenas si respirábamos. Recuerdo vivamente una lamparita con una luz roja, sacaba una lámina de vidrio (de cristal) de la cual brotaba una imagen. Ése es mi primer recuerdo de la fotografía. (1997, p.13)
A los trece años, Álvarez Bravo dejó la escuela y durante un breve tiempo trabajó en una fábrica de textiles, luego en una correduría; posteriormente, tomó clases nocturnas de literatura durante un breve lapso. Por la noche, también estudió pintura en la Academia de San Carlos y música en la Academia de Artes Tradicionalistas, mientras de día se desempeñó como contador en la Contraloría de la Nación, trabajo que conservó muchos años. Sobre su paso por la Contraloría, Elena Poniatowska narra:
Era tan capaz, tan rápido en eso de los números que, en un santiamén, en un Jesús, María y José terminaba de sumar, de restar y multiplicar todo en su cabeza, sin necesidad de papel y lápiz y se salía al balcón “a ver”. Entonces lo amenazaron:
–Te vamos a correr.
–¿Por qué? Si yo ya acabé.
–¿Cómo que ya acabaste?
–Sí, ya hice todo.
Lo que otros tardaban horas en resolver, Álvarez ya lo había sacado en claro. Había en él un espíritu científico, un físico, un químico, que necesitaba herramientas precisas. (Poniatowska, 1992-93, p. 31)
Justamente a los 13 años, el pequeño Manuel recibió un regalo que le cambió la vida, una cámara de daguerrotipo con la que pudo capturar y revelar sus primeras imágenes con técnicas caseras (Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura [INBAL], p.2). Desafortunadamente, no hay referencias contundentes donde se mencione quién fue el autor de tan maravilloso obsequio.
A los 14 años, Álvarez Bravo conoció a Dolores “Lola” Martínez de Anda, con quien que se casó diez años después (1925). Ella adoptó –al estilo estadounidense– los apellidos del esposo, mismos que conservó incluso después de su separación en 1934, aunque no se divorciaron legalmente hasta 1949. Lola aprendió fotografía de él y desarrolló su propia técnica, con lo que se convirtió en la primera fotógrafa mexicana reconocida a nivel mundial (Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado «La Esmeralda” [ENPEG], p.1), gracias a su trabajo como reportera gráfica, comercial, documental, retratista y artista plástica:
En 1918, Álvarez Bravo estudió pintura en la Academia de San Carlos y el maestro Garduño, profesor de aquellos tiempos, colocó una composición constituida por frutas de temporada, como plátanos, naranjas y manzanas; misma que, por supuesto, se ocupó como modelo para pintar durante varios días, hasta que se mosqueó. Esta situación causó desesperación en el joven Álvarez, pues el lento proceso de putrefacción del bodegón no fue de la mano con sus expectativas artísticas. “Esa lentitud de la copia de una naturaleza muerta me hizo sentir la urgencia de encontrar algo que fuera más rápido, pero pasó el tiempo antes de que intentara yo la fotografía” (1992-1993, p.32).
En octubre de 1921, José Vasconcelos fue designado el primer secretario de Educación Pública de México, por lo que trabajó arduamente para establecer escuelas y fomentar una revolución artística, especialmente a partir del muralismo, cuya obra insertó en planteles públicos y edificios gubernamentales. No obstante, posiblemente por haber presenciado distintas revoluciones de México, Álvarez no fue cercano a las causas políticas, lo que marcó su estilo, alejado al que imperaba en ese momento.
Si bien, las políticas educativas de aquel momento permitieron el desarrollo de los grandes artistas de la era postrevolucionaria, Álvarez Bravo completó su evolución estética gracias a la influencia de otros artistas y pasó de la escuela pictorialista a la experimentación del movimiento modernista de los años veinte. De este modo, el estilo personal de Álvarez quedó completamente desarrollado para 1930. Al respecto, Rita Eder menciona:
Las primeras fotografías de don Manuel muestran esta tendencia pictorialista, pero pronto hay un cambio, en el que intervino la presencia de Edward Weston y Tina Modotti en su paso por México. Basta ver “Jícamas” de 1929, para comprobar la influencia de Weston en su trabajo (Eder, 1992-1993, p.8).
Esta evolución fotográfica es muy importante, pues hay que considerar que México no se caracterizó por una actividad fotográfica de vanguardia, como sí lo hicieronNueva York o París. A esto, se sumó que no tuvo acceso de primera mano a un entorno fotográfico que le permitiera construir un marco referencial. De este modo, sin gran información escrita ni muchos materiales para desarrollar su labor fotográfica, Álvarez Bravo dependió, principalmente, de la llegada de unos pocos libros y revistas de fotografía.
Él comentó haber leído revistas de fotografía desde 1924 y que le interesaron sobre todo por los datos, para tener una referencia de tipo técnico. Las publicaciones las obtuvo gracias a Hugo Conway, director de la Compañía de Luz y Fuerza de México y Ferrocarriles Nacionales de México, donde trabajó como contador. Conway –un aficionado a la fotografía– las pedía del extranjero, Álvarez las recogía y en el camino las hojeaba. Entre las publicaciones que llegaban estaban The Amateur Photographer, Camera Craft, El progreso fotográfico y Camera.
Las influencias primigenias
En 1923 compró su primera cámara y conoció a Hugo Brehme (Fernández, 2012, p. 2), a quién Álvarez Bravo citó como el primer fotógrafo del que recibió inspiración e influencia. Brehme llegó a México en 1906, procedente de Alemania, y su producción fotográfica comenzó en 1912 con la elaboración de tarjetas postales (vistas de paisaje). Sus ingresos provinieron de algunas tomas por encargo, que complementó con trabajo de revelado e impresión para aficionados (Casas, 13). Por otro lado, Edward Weston, quien tuvo una influencia indirecta en la formación de Álvarez, abandonó su estudio en Pasadena, dejó a su esposa y partió a la ciudad de México, donde conoció a la actriz de cine mudo y modelo Tina Modotti y a su hijo Chandler (Pitts, 1999, p. 16).
Es importante mencionar, que las actividades profesionales iniciales de Álvarez estuvieron más relacionadas con el cine. Aún así, en 1926 obtuvo su primer premio de fotografía, otorgado por la Feria Regional Ganadera de Oaxaca. En 1927 conoció a Tina Modotti, quien pulió –por llamarlo de alguna manera– su técnica. Ella fue una especie de mentora que, además, lo introdujo al mundo de la fotografía y le presentó a los intelectuales de la época. En 1929 Tina le sugirió a Álvarez Bravo que le enviara una carpeta de impresiones a Edward Weston, a California, cosa que él hizo. Pese a que nunca lo llegó a conocer en persona, Weston sí realizó una crítica al material recibido en una carta fechada el 30 de abril de 1929:
Perdón, pero no estoy seguro de a quién me dirijo: ¿Señor, señora o señorita?
Me pregunto: ¿a qué se debe que haya recibido de usted una serie de fotografías muy buenas? ¿Se enviaron para la exposición en Alemania que reuní en la costa Oeste? Si es así, es demasiado tarde. ¿Se enviaron para que yo y otros fotógrafos interesados las viéramos? Si es así, ¡aprecio ciertamente el gesto!
Pero no importa por qué las tengo, debo decirle cuánto las estoy disfrutando. Son importantes, de veras, y si es usted un nuevo trabajador la fotografía es muy afortunada de tener a alguien con su punto de vista. No es frecuente que un grupo de fotografías me conmueva hasta entusiasmarme.
Quizá la mejor para mí es la del niño orinando: muy bien vista y ejecutada. Otras que me gustan especialmente son: la piña, el cactus, la roca cubierta de líquenes, la construcción, la calavera.
No escribiré más hasta no tener noticias suyas, alguna explicación y algunas palabras sobre usted mismo. (Debroise, 265)
Aunque Álvarez Bravo no respondió nunca a la carta, tal vez por timidez, significó mucho para él que su obra hubiera sido recibida tan favorablemente por un reconocido maestro de la fotografía moderna. En su diario de ese año, Weston se preguntó por el paquete de impresiones y especuló: “tengo en realidad una sospecha –me sigo preguntando– si estas impresiones no vienen de Tina –bajo pseudónimo–, quizá para tener una opinión mía no prejuiciada”.
Es importante señalar que las imágenes que recibió Weston fueron el resultado de su primer periodo de actividad fotográfica, caracterizado por una profunda experimentación. que le permitiió aplicar el conocimiento recién adquirido en el manejo de luces y sombras en aspectos compositivos de escenas cotidianas. Como dato, cabe mencionar que en ese momento usó una cámara Graflex (Kismaric, 27).
Es importante mencionar que tanto la obra de Edward Weston durante su estadía en México y como la de Manuel Álvarez Bravo fueron de gran relevancia en la ruptura con la ya muy establecida escuela fotográfica pictorialista del momento. Como apunta Magdalena Broquetas: “esa visualidad dominante empezó a ser cuestionada por la mirada modernista de Edward Weston y la fotografía indigenista de Manuel Álvarez Bravo, autores que inauguraron un quiebre con el pintoresquismo» (Broquetas, 2). De modo que el trabajo de ambos vino a romper con el paradigma estético imperante e incluso dictó tendencias visuales para la época.
Con la deportación de Tina en 1930 por estar involucrada en actividades del Partido Comunista Mexicano —del que Diego Rivera era un miembro activo[7]—,. ella le cedió su lugar en la revista Mexican Folkways a Álvarez; misma que le permitió acercarse a importantes figuras del arte en México, como los muralistas José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros (Gatopardo, 6).
El despertar del artista
En un ámbito diferente de la fotografía, Rufino Tamayo, quien ya era reconocido en aquel momento, fue el primer artista visual a quien le llamó la atención la obra de Álvarez Bravo. Con dicho acercamiento, inició una importante relación amistosa, que además nutrió de manera importante la concepción estética del fotógrafo.
Álvarez Bravo cobró mayor notoriedad como artista en 1931, cuando recibió el primer premio en un concurso nacional de fotografía organizado por la Compañía de Cemento Tolteca. La composición de la imagen ganadora, conocida como “La Cementera”, “La Tolteca” y “Tríptico Cemento-2”, fue muestra de una clara influencia de Edward Weston, sobre lo que menciona Rita Eder:
En 1922, el norteamericano hizo una serie de fotografías para una planta de acero (La American Rolling Mill Co., ARMCO) en las que el ruido, la mugre, el desorden y, en suma, la complejidad de la vida humana desapareció y fue reducida a sus formas geométricas, planos simplificados de una extrema pureza. Esta descripción encaja con las tomas realizadas por el mexicano para la compañía de cemento La Tolteca en 1931, con la cual ganó el primer premio. La foto se caracteriza por una visión minimalista, plana y de composición abstracta (1992-1993, p. 8).”
Su primera exposición individual se presentó 1932 en la Galería Posada y, para 1933 conoció al fotógrafo norteamericano Paul Strand, considerado uno de los líderes de la fotografía moderna norteamericana. Strand estaba convencido de que para usar la fotografía honestamente, quien la practicara debía tener un auténtico respeto por el objeto o persona que tuviera delante. Manuel y Lola Álvarez Bravo, su esposa, viajaron por México con Strand durante la filmación de Redes y, gracias a este encuentro inicial, forjaron una relación que duraría hasta la muerte del estadunidense.
Álvarez Bravo retrató el campo, los pueblos y la ciudad; fotografió escenas y objetos de la cultura mexicana, sus templos católicos y artefactos. Éstos aparecen en su obra con tanta frecuencia que surgen como facetas orgánicas del pasaje espiritual omnipresente del país. Luego, en 1934 Álvarez Bravo conoció a Henri Cartier-Bresson y, en marzo de ese año, compartieron las salas destinadas a exhibición en el recién inaugurado Palacio de Bellas Artes[8]. Según Álvarez Bravo, presentaron “lo que tenían”. Cartier-Bresson mostró fotografías que había tomado en los dos años anteriores en Francia y España, y más recientemente, en México.
Sobre este acontecimiento histórico, el crítico Fernando Leal escribió:
El arte de Manuel Álvarez Bravo tiene muchas coincidencias con el de Cartier-Bresson. Trabajando en dos continentes alejados, muchas veces se han visto solicitados por los mismos asuntos y la función puramente emotiva de la cámara, por encima de la limitada técnica del buen fotógrafo, ha sido el punto de partida en su idéntico esfuerzo de expresión por medio del lente.
Lo que los diferencia principalmente, es que el francés asalta a la vida en forma instantánea y el mexicano pacientemente la retrata, preocupado más por sus calidades que por sus expresiones (Kismaric, 30).
Manuel Álvarez Bravo y Henri Cartier-Bresson alcanzaron un trabajo notablemente similar en su conjunto. Es difícil precisar cuánto se influenciaron mutuamente, pero queda claro que el conjunto de la obra madura de Álvarez Bravo se desarrolló independientemente de la de Cartier-Bresson Como declararó don Manuel “no fotografiaban juntos, pero caminaban por las mismas calles y muchas de sus fotos eran de las mismas cosas”. Adicionalmente, Cartier-Bresson y Álvarez Bravo tuvieron una afinidad en la observación de la vida cotidiana de los pobres. La obra de Cartier-Bresson se tiño por un sentido palpable del mundo físico del fotógrafo: su mundo es efímero, el significado se condensa en un breve instante. En cambio, las fotografías de Álvarez Bravo son francamente deliberadas y contemplativas, señalando verdades eternas.
El surrealismo en Álvarez Bravo fue intuitivo y llegó a él casi por destino pues, en México, la realidad y la irrealidad, habitan un universo compartido; lo cual, para alguien cercano a los valores de pueblos originarios, donde se fusiona simbólico y lo místico, no es difícil de entender. Su participación en el movimiento surrealista fue iniciada, alentada y promovida por André Breton[9], quien visitó México en 1938 –auspiciado por el gobierno francés– para dar conferencias sobre arte y cultura. Durante ese viaje, quedó fascinado con las fotografías de Álvarez Bravo y lo conoció en la casa de Diego Rivera, en Coyoacán. Para 1938, cuando Bretón regresó a París, expresó su entusiasmo por todo lo mexicano en el artículo “Souvenir du Mexique”, publicado en la última entrega de Minotaure, en 1939. Breton escribió acerca de las fotografías del mexicano:
“Ese poder de conciliar a la vida con la muerte es sin duda alguna el mayor atractivo que México posee y un campo en el que ofrece un inagotable catálogo de sensaciones, que van desde las más benignas hasta las más insidiosas y cuyos polos opuestos nos son revelados de una manera que me parece insuperable por las fotografías de Manuel Álvarez Bravo” (Bretón traducido por Pedemonte, 2).
Para 1939, Bretón escogió obra de Álvarez Bravo para integrarla en su exposición de arte mexicano, en la Galerie Renou et Colle de París. Incluyó, además, un par de obras de Frida Kahlo, escultura precolombina, pintura de los siglos XVIII y XIX y su propia colección personal de Bretón de recuerdos de México (exvotos, juguetes, candelabros).
Cabe mencionar que la identificación de la obra de Álvarez Bravo con el movimiento surrealista es a la vez auténtica y engañosa pues, a pesar de que se incluyeron fotografías suyas en dos importantes exposiciones surrealistas, él nunca consideró que su obra o él lo fueran surrealistas. Incluso, en 1945 Siqueiros lo acusó del crimen estético de “bretonismo”, es decir, de hacer fotografías que se conformaban a las nociones de Bretón del México surrealista. Siqueiros declaró además a Álvarez Bravo culpable de adoptar de los europeos una pretenciosa clase pseudo-apolítica en su manera tomar fotos.
En este sentido, hay que mencionar que La Buena Fama Durmiendo, es una obra en particular, en la que Álvarez Bravo pareció haber cumplido un encargo directo de Bretón, lo cual se consolidó como prueba clara, casi irónica, de la queja de Siqueiros; sin embargo, ese fue un episodio menor en su trabajo artístico.
Al respecto, José Antonio Rodríguez, en su artículo titulado “Manuel Álvarez Bravo et la photographie contemporaine”, menciona:
“La historia es relativamente conocida: a solicitud expresa de André Breton, Manuel Álvarez Bravo le realiza a Alicia, modelo de la antigua Academia de San Carlos, una serie de desnudos que iban destinados a ser la portada del catálogo de la Exposición Internacional del Surrealismo a celebrarse a principios de 1940 en la Galería de Arte mexicano de la Ciudad de México. Manuel recibe una llamada telefónica de Breton mediante un intérprete que hablaba en español. Le pide a Alicia, subir a la azotea, le llama al doctor y escultor Francisco Marín, su amigo, para que le ayudase a vendarle el cuerpo a la modelo”. (Rodríguez, 2)
Sobre esto, Álvarez Bravo mencionó que tenía un rollo de película intacto y que tiró todas las exposiciones para hacer la toma, con una cámara Plauber[10]. Es importante aclarar que, a pesar de la leyenda existente sobre la obra, esta nunca fue publicada por cuestiones de censura, pues la sociedad de la época no permitió mostrar públicamente desnudos fotográficos que exhibieran el vello púbico.
“Infortunadamente, la idea del diseño para La Buena Fama para la portada nunca fue realizada, ya que la censura contemporánea internacional prohibía la aparición de modelos desnudos que mostraran su vello púbico; la fotografía que Álvarez Bravo entregó para sustituirla también cumplía con los cánones surrealistas, fue Sobre el Invierno.” (Kismaric, 34)
Durante la vida de Álvarez Bravo, las imágenes en movimiento, al igual que las imágenes fijas, fueron mágicas y seductoras para el fotógrafo. En 1943 se afilió al Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de México, donde trabajó como cineasta y fotógrafo de tomas fijas. Sus esfuerzos en este ámbito fueron serios, pero se vieron frustrados por la falta de fondos.
Su primer intento de película, y el más logrado, fue Tehuantepec. Desafortunadamente, no hay ninguna versión completa de sus películas, entre las que se pueden mencionar Los tigres de Coyoacán, un estudio de sus hijas vistiéndose; La vida cotidiana de los perros, ¿Cuánta será la oscuridad?, hecha con el escritor José Revueltas; y El abonero, que hizo con Juan de la Cabada, escritor y amigo de Revueltas; a mediados de los años cuarenta y hasta fines de los cincuenta. Trabajó como fotógrafo de toma fijas en muchas películas mexicanas, la más notable de ellas, Nazarín de Luis Buñuel; con quien en 1944 colaboró en Los olvidados, aunque sus fotos no fueron utilizadas.
En 1945 su trabajo se expuso en la muestra colectiva Mexican Art today, del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA por sus siglas en inglés) y en 1947 continuó el romance con el cine, ya que realizó foto fija para algunas películas. Entre ellas destaca Enamorada, dirigida por Emilio “El Indio” Fernández.
La consolidación
Para 1950, Álvarez ya era parte de la escena cultural y artística de México, gracias a la amistad que construyó con algunos intelectuales como Octavio Paz, Carlos Fuentes y Juan Rulfo. Sumado a esto, el INBA expuso su obra y lo colocó como un referente de la modernidad en la fotografía mexicana. Entre 1951 y 1952, publicó trabajo en algunas revistas culturales y de arte en México, además de que colaboró con en el diseño visual del Pabellón de México en la Bienal de Venecia, lo que llevó su trabajo a Europa.

En el año 1955 formó parte de la exposición fotográfica más sobresaliente en la historia de la disciplina: “La Familia del Hombre”, donde se recopiló material de 273 fotógrafos destacados del mundo. Entre ellos, Ansel Adams, Richard Avedon, Margaret Bourke-White, Henri Cartier-Bresson, Dorothea Lange, Irving Penn y Edward Weston. La exposición fue ideada en 1950 por Edward Steichen –director del MoMA– y de su asistente Wayne Miller, quienes tuvieron la intención de ofrecer una visión de las personas mediante imágenes de interés humano en un sentido amplio. La selección de fotos duró más de tres años y se recibieron poco más de 4 millones de imágenes que se seleccionaron cuidadosamente hasta llegar a 503. La exposición se inauguró el 24 de enero de 1955 y se convirtió en una muestra itinerante alrededor del mundo que fue puesta en más de 120 museos. Su versión final y completa se instaló permanentemente en el Castillo Clervaux, ubicado en Luxemburgo, a partir de 2013 (UNESCO, 1-2).
1956 es un año en el que su carrera dio un gran salto, dado que publicó algunas de sus fotografías en el libro Mexico: Splendor of Thirty Centuries. Además de que compartió el Palacio de Bellas Artes nuevamente, ahora con pintores y grabadores contemporáneos, con lo que su obra comenzó a difundirse en catálogos internacionales de fotografía. Esto incrementó su prestigio internacional, lo cual, lo llevó a valorar su archivo fotográfico en 1957. En consecuencia, comenzó a clasificar y preservar sus negativos. En 1958 fue invitado a exponer en una muestra sobre arte contemporáneo latinoamericano en París, lo que ganó mayor reconocimiento para su obra en Europa. Para 1959 fue considerado por los críticos como el más importante fotógrafo de América Latina.
En 1960, retomo su trabajo con la fotografía a color, trabajo que ya había realizado en los años veinte, donde realizó algunos autochromes[11] e impresiones en dye-transfer[12] . Posteriormente, en la década de cuarenta y todavía en los años setenta, trabajó con impresión en platino, produciendo nuevas impresiones de viejos negativos.
En 1961 se incluyeron fotografías suyas en la muestra itinerante Art Mexicain, que se presentó en varias ciudades europeas. Es entonces que su obra, junto a la de Nacho López y Héctor García, comenzó a erigir de forma internacional la concepción de un discurso fotográfico mexicano. Luego, en 1962 realizó una serie de retratos a intelectuales y artistas mexicanos, con lo que quedó clara su importancia en el círculo cultural. En 1964 se inauguró la Bienal de Venecia, la cual mostró su obra en el pabellón mexicano. En 1965, el INBA en busca de legitimar la fotografía como arte autónomo, expuso su obra ese mismo año, mientras en regiones como Estados Unidos y Europa sus fotos comenzan a ser adquiridas por colecciones institucionales. Sin lugar a duda, el año 1968 marcó la historia moderna de México y, durante el movimiento estudiantil, Álvarez mantuvo un perfil bajo en lo referente a la documentación. Sin embargo, el discurso de su obra comenzó a ser interpretado como una crítica hacia la represión.
En 1971, el Palacio de Bellas Artes organizó una gran retrospectiva de su obra, la primera de este tipo en México que fue dedicada a un fotógrafo. Hecho que lo consagró como el fotógrafo más importante del país. De hecho, en 1972 se editaron catálogos que lo ubicaron junto a otros grandes fotógrafos del siglo XX, como Cartier-Bresson y Edward Weston. Dos años después, (1974) se publicó el libro Instante y Revelación, una importante compilación de su obra e ideas acerca de la fotografía.
En 1975, como reconocimiento a su obra, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, otorgado por el gobierno de México, en el área de Bellas Artes. En 1976 Álvarez Bravo inició un estudio del desnudo femenino, para lo que recurrió al jardín de su casa y al patio de su taller en Coyoacán. Luego, en 1976, el MoMA organizó una exposición colectiva de fotógrafos latinoamericanos en la que incluyó su obra; mismo año en que las revistas especializadas a nivel internacional comenzaron a solicitarle obra para ser publicada y analizada por expertos. Al año siguiente (1978) la Bibliothèque Nationale de France, en París adquirió algunas fotografías de Álvarez para incorporarlas a su acervo, lo que dio paso a que en 1979 se inaugurara una gran retrospectiva suya en el Centro Georges Pompidou de París.
Álvarez fue invitado en 1980 a un proyecto iniciado por la Fundación Cultural Televisa, una colección fotográfica que sería la base para la creación de un museo dedicado a esta disciplina. Desafortunadamente este proyecto no se concretó, aunque sirvió para conformar una interesante colección que fue exhibida más tarde en un museo más ambicioso: el Centro Cultural Arte Contemporáneo. Este abrió sus puertas en 1986 y en su interior se exhibieron muestras de grandes artistas como Salvador Dalí, Edward Munch, Paul Klee, María Izquierdo y Manuel Álvarez Bravo, entre otros.

En 1984, fue merecedor del Premio Internacional de la Fundación Hasselblad, de Suecia, considerado el máximo galardón en fotografía mundial. Posteriormente, recibió el reconocimiento Master of Photography del International Center of Photography (ICP) de Nueva York en 1987. Ese mismo año fue distinguido como creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte en México.
Luego el INBA organizó una retrospectiva en 1988 para celebrar sus más de seis décadas de trayectoria; para ese momento, su obra ya era objeto de estudio formal en universidades mexicanas y estadounidenses. Incluso, fue incorporada a cursos de historia del arte y la fotografía. En 1989 algunas de sus fotos formaron parte de la exposición Mexican Masters of Photography, que se presentó en Estados Unidos y Europa.
En 1991, le otorgaron en Leverkusen, Alemania, el premio internacional de fotografía Hugo Erfurth y el premio Agfa Gevaert. Al año siguiente (1992), como parte de la conmemoración del Encuentro de Dos Mundos, su trabajo se exhibió en importantes muestras sobre América Latina en Europa. Ese mismo año, se publicó el libro Manuel Álvarez Bravo: Photopoetry, donde se propuso una lectura de su obra como una síntesis entre fotografía documental y poesía visual.
Para 1993 el fotógrafo fue nombrado Creador Emérito por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Luego, en 1994, la Universidad de Guadalajara le otorgó el doctorado honoris causa. En 1995, recibió la Medalla de Oro a la Fotografía del National Arts Club de Nueva York, así como la Medalla de Excelencia Leica y la Gran Cruz de la Orden del Mérito en Portugal. En 1996, el artista Francisco Toledo fundó en su honor el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo en la capital oaxaqueña. Después, en 1997 se publicó el libro Árbol de imágenes, donde se incluyen obras inéditas y reflexiones del fotógrafo.
En 1988 ya con una movilidad reducida debido a su edad, participó en encuentros internacionales de fotografía y se realizaron retrospectivas de su obra en Japón y Alemania. Para 1999 se le rindió homenaje en el Festival Internacional de Fotografía de Arles, Francia y se publicaron algunos libros en Europa y América sobre sus más de siete décadas de trabajo.
Durante el año 2000 el gobierno de México le organizó un homenaje nacional en el Palacio de Bellas Artes y comienzó a planearse el centenario de su nacimiento como el gran acontecimiento cultural para el 2002. En 2001, el Paul Getty Museum exhibió una exposición retrospectiva en Los Angeles, EUA y durante un corto periodo (2000 a 2006), una sala del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México llevó su nombre. Lamentablemente, por falta de condiciones, esta tuvo que ser clausurada.
Su deceso ocurrió el 19 de octubre de 2002, justo en medio de los múltiples homenajes que se le realizaban durante el centenario de su nacimiento, que se vieron opacados por el más trascendental de todos, uno póstumo en el Palacio de Bellas Artes. La obra del fotógrafo es una de las más prolijas en la historia de nuestro país y, como muestra, se pueden mencionar las más de 150 exposiciones individuales y 200 colectivas de su obra, dato avalado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA, 2023).
Conclusiones
Don Manuel Álvarez Bravo fue un gran asimilador de ideas y estilos fotográficos, como muchos grandes artistas, y logró convertirlos en asunto de su propia vida. Su visión contribuyó en la construcción del concepto de México del siglo XX, y su obra ha sido tan convincente y rica, que ha marcado un nivel de exigencia artística difícil de superar. A través de sus distintas temáticas y su particular sensibilidad, que pareciera evolucionar con el paso del tiempo, sus fotografías han definido el ethos de México y de su época.
El legado de Manuel Álvarez Bravo ha sido valorado de forma importante: por un lado, la colección de negativos fue encuentra resguardada en la Casa Archivo Manuel Álvarez Bravo, de la Ciudad de México desde 2011, fundada a iniciativa de Colette Urbajtel –su viuda–. Por otro lado, a partir de 2017, sus negativos, impresiones, documentos y publicaciones fueron inscritos en el programa “Memoria del Mundo” de la UNESCO.
Este artículo, es un homenaje en el que se celebran la vida del maestro y la genialidad del artista. Uno que, durante su larga vida, compartió la visión de uno de los más grandes creadores en la historia de este país, al que retrató desde el ángulo que le gustaba y en el momento que le gustaba. En Las Escalerillas, del pasado, de la calle de Guatemala, de la actualidad, nació la luz de México: se eternizó en plata sobre gelatina y titiló solo por un instante en Espíritu Santo, para emprender un viaje hacia la eternidad y llenar de luz al mundo. El hombre trascendió, pero su obra es perenne. ¶
[.925 Artes y Diseño, Año 12, edición 48]
Referencias
Ávila, A. (2019) La tarjeta de visita, celebración y culto a la memoria. Liber #3, Arte & Cultura Grupo Salinas.
Bretón, A. (1938). Recuerdo de México (H. Pedemonte, Trad.). Minotaure. https://letraslibres.com/wp-content/uploads/2016/05/Vuelta-Vol13_148_03RcMxABtn.pdf
Broquetas, M. (2021). Método y trayectoria. Fotohistoria en primera persona. Cuadernos Inter.c.a.mbio sobre Centroamérica y el Caribe, 18(2).
Casas, B. Hugo Brehme y su contribución al paisaje mexicanista. Discurso Visual, diciembre de 2009, https://discursovisual.net/dvweb13/agora/agobenigno.htm
Comisión Nacional de los Derechos Humanos México (CNDH). (s.f.) Diego Rivera Pintor muralista indigenista y antifascista que luchó por los derechos laborales de los mexicanos. CNDH. https://www.cndh.org.mx/noticia/diego-rivera-pintor-muralista-indigenista-y-antifascista-que-lucho-por-los-derechos#:~:text=Diego%20Rivera%2C%20un%20convencido%20miembro,sindicales%20de%20los%20trabajadores%20mexicanos
Del Conde, T. (1989). Mucho sol. Fondo de Cultura económica, México,.
Debriose, O. (1994) Fuga Mexicana. Un recorrido por la fotografía en México. Consejo Nacional para le Cultura y las Artes (CONACULTA).
Eder, R. (1992-1993) El arte de Álvarez Bravo en los años 30. Luna Cornea, Centro de la Imagen.
Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado «La Esmeralda”. Lola Álvarez Bravo. (s.f./2019) https://www.esmeralda.edu.mx/lola-alvarez-cueto
Fotográfica.mx. Fundación Cultural Televisa. Conócenos. https://fotografica.mx/nuestro-trabajo/conocenos/
Gato Pardo. (2018) El lente humanista de Álvarez Bravo. https://www.gatopardo.com/articulos/el-lente-humanista-de-alvarez-bravo
Fernández, H. (2012) Manuel Álvarez Bravo, una biografía cultural. [Catálogo de exposición]. Palacio de Bellas Artes.
INBAL. (2021, 18 de octubre). Manuel Álvarez Bravo, poeta de la lente y fundador de la fotografía moderna. Boletín No. 704.
INBAL. (2023, 3 de febrero). Manuel Álvarez Bravo, poeta de la lente y fundador de la fotografía moderna. Boletín No. 107.
INBAL. (s.f.). Palacio de Bellas Artes. https://inba.gob.mx/recinto/1/palacio
Kismaric, S. (1997). Manuel Álvarez Bravo. The Museum of Modern Art; La Vaca Independiente.
MoMa.org. (s.f.) Dye transfer print. https://www.moma.org/collection/terms/dye-transfer-print
National Science and Media Museum. (2009). History of the autochrome: The dawn of colour photography. https://blog.scienceandmediamuseum.org.uk/autochromes-the-dawn-of-colour-photography/
Rodríguez, J. (2015). Manuel Álvarez Bravo et la photographie contemporaine. Atlante, Revue d’études romanes, 3. https://journals.openedition.org/atlante/13515?lang=en
Reforma. (2002, 4 de febrero) Manuel Álvarez Bravo, 100 años de una mirada viva. Edición para suscriptores, Reforma.
Pitts, T. (1999). Edward Weston. Taschen, Alemania.
Poets.org. (s.f.) André Bretón. https://poets.org/poet/andre-breton
Poniatowska, E. (1992-1993). El sueño es blanco y negro. Luna Cornea, Centro de la Imagen.
UNESCO. (2003). Family of Man. Unesco.org. https://www.unesco.org/en/memory-world/family-man
[1] Los datos estadísticos se obtuvieron a partir de la página del Archivo Manuel Álvarez Bravo.
[2] Dato obtenido del catálogo de la exposición “Manuel Álvarez Bravo, una biografía cultural”, realizada en el Palacio de Bellas Artes de México, entre noviembre de 2012 y marzo de 2013.
[3] Aquí es importante señalar lo que apunta el Maestro Sergio Carlos Rey, un catedrático de la FAD-UNAM con más de 35 años impartiendo clases relacionadas con loa fotografía, quien afirma que: “cualquiera puede tomar una foto, hacer foto es un acto de conciencia en el que se analiza lo que se va a fotografiar, no solo se aprieta un botón”.
[4] Su abuelo también se llamaba Manuel Álvarez (Rivas), quien fue pintor y fotógrafo.
[5] Se trata de objetos de poco valor que generalmente se compran en puestos o mercados de segunda mano.
[6] Arturo Ávila menciona que algunos historiadores de la fotografía, como André Rouillé, Marie-Loup Sougez o Naomi Rosenblum, indican que fue en 1854 cuando André Disdéri patentó en París este formato para retratos.
[7] A partir de la década de 1920 Diego Rivera adquirió una perspectiva política más apegada a la organización sindicalista y cercana a los incipientes ideales del comunismo (cndh.org.mx).
[8] Según la página oficial del INBA, se inauguró el 10 de marzo de 1934. (inba.gob.mx, 1).
[9] Considerado el padre del surrealismo, originalmente fue un poeta dadaísta, sin embargo, se separó del movimiento por diferencias estéticas. En 1942 publicó el manifiesto surrealista, que describió las preocupaciones de la corriente y lo consolidó como el líder del mismo (Poets.org, 2).
[10] Dato mencionado por Susan Kismaric en el libro Manuel Álvarez Bravo.
[11] Se trata de un proceso inventado por los hermanos Lumière en 1904, su comercialización inicia en 2007 y el resultado era una transparencia positiva. (scienceandmediamuseum.org.uk, 3-4).
[12] Es un proceso a color que se hizo popular entre 1920 y 1950, en esta técnica se aplican tres colores, cyan, magenta y amarillo sobre una capa de emulsión, se trataba de un trabajo realizado por profesionales debido a su complejidad y permitían al fotógrafo un control muy alto en lo que se refería al balance de color (Moma.org, 1).






