| Resumen: Este artículo explora cómo el ukiyo-e, más allá de su técnica, fue clave en la democratización de la belleza en Japón gracias a sus valores fijados en lo cotidiano y lo popular. Desde sus antecedentes, su desarrollo en la vida del periodo Edo y su influencia actual, este texto recorre su historia, sensibilidad y memoria, proponiendo entender al ukiyo-e como una sensibilidad estética viva y en constante cambio dentro y fuera de Japón. Palabras clave: ukiyo-e, Japón, Memoria, Estética, Belleza |
| Abstract: This article explores how ukiyo-e, beyond its technique, was key to the democratization of beauty in Japan thanks to its values rooted in everyday life and popular culture. From its origins, its development during the Edo period, and its current influence, this text traces its history, sensibility, and memory, proposing an understanding of ukiyo-e as a living and constantly changing aesthetic sensibility both inside and outside Japan Keywords: ukiyo-e, Japan, Memory, Aesthetics, Beauty |
Traslated by Luis Roberto Sánchez Mendoza. Recibido: 5 de mayo, 2025. Dictaminado: 16 de junio, 2025. Publicado: 24 de agosto, 2025
Samantha Nicole Rivas Rodríguez
Introducción
En los rincones más insospechados de Japón —desde las calles y el arte que se encuentra en ellas, hasta los productos de las tiendas de conveniencia— resuena una estética que, a más de tres siglos de su nacimiento, sigue viva: el ukiyo-e (浮世絵). Este estilo no sólo democratizó al arte al hacerlo accesible para las clases populares, también democratizó a la belleza misma al encontrar valor en lo cotidiano, pero ¿qué es exactamente el ukiyo-e? ¿Qué características lo convirtieron en un fenómeno mundial?
Aunque hay argumentos que posicionan al ukiyo-e como un género muerto, un movimiento se transformó hacia el nishiki-e y que poco a poco quedaría como un tipo de grabado más, especialmente con la llegada de las altas artes europeas y el nacimiento del Bijutsukan (美術館) (Lo que traducimos como museo de bellas artes), aún hoy en día, paseando por las calles de Tokio, en algún bajo puente de Shibuya, podemos admirar murales urbanos con aquellos guerreros retratados por Utagawa Kuniyoshi[1], y si entramos al Museo Nacional de Tokio o bien, a cualquier museo de arte en la capital del Japón, nos encontraremos, incluso en la tienda de regalos, con alguna imagen del mundo flotante.
Desde las colaboraciones con gigantes de la moda como Uniqlo o artistas contemporáneos, si miramos cuidadosamente, el espíritu de este arte se mantiene vivo, no sólo en Japón a través de la historia, sino en nuevos medios que reinterpretan este arte que revolucionó la estética.Por supuesto, tenemos al diseño gráfico, a los libros o las exhibiciones interactivas viajando por Japón, y entre todo eso, ¿cómo identificamos el inicio o el fin de lo que es el ukiyo-e?

Antes de que el ukiyo-e se consolidara como género, existieron obras que anticiparon su espíritu. El pintor Iwasa Matabei[2], formado por dos de las grandes escuelas de pintura japonesa (Tosa y Kanō) es una figura clave en este punto. Aunque trabajó la pintura y no el grabado, Iwasa Matabei, además de pertenecer al círculo de creación artística para la clase social alta, su trabajo es una exploración de la vida cotidiana y la delicadeza de sus personajes lo que ha llevado a muchos a considerarlo un antecesor directo del ukiyo-e.
A diferencia de la mayoría de artistas de su época que trabajaban temas aristocráticos, religiosos o históricos, Matabei representaba escenas marcadas por una narrativa emocional que colocaba por encima de la grandiosidad. Un ejemplo es el Taira no Koremori shukke-zu (平維盛 北の方惜別図), una escena histórica de los tiempos de la Guerra Genpei[3]. Plasmando un episodio conmovedor, Matabei nos muestra a uno de los últimos herederos del poder de la familia Taira despidiéndose de su esposa, regalándonos una composición en donde el espacio entre estos personajes nos hace sentir la inevitable separación entre ellos.
Esta atención a la emoción humana y a los momentos efímeros (la despedida, o bien el tiempo que pasaron juntos estos personajes y que llega a su fin) se perfeccionará en el ukiyo-e décadas más tarde.
Otro pintor que nos resulta clave para entender el camino hacia el nacimiento del ukiyo-e es Tosa Mitsuoki[4], un artista de unos treinta años más joven que Iwasa, y cuyo trabajo dentro de la corte imperial revitalizó el estilo yamato-e. Mitsuoki no sólo rescató una tradición que parecía perderse ante la usanza china, sino que reafirmó el estándar de lo japonés. Sus obras, como su versión del Genji monogatari revelan, al igual que con Iwase, una sensibilidad que aprecia lo fugaz, lo delicado y lo simbólico (algo muy cercano a la esencia del mono no aware).
Es curioso pensar que la melancolía de el mono no aware no se opone, sino que complementa con la visión hedonista del ukiyo-e, en donde se celebra la belleza y lo placentero. Lejos de ser una contradicción, se trata de una dualidad propia de la estética japonesa: la belleza del todo y en el todo.
Es por eso que la herencia del arte Heian, cultivada y depurada por Mitsuoki llegó hasta el ukiyo-e en forma de una belleza que no está en lo grandioso, sino en lo íntimo, lo común.
En Mitsuoki e Iwase se encarna un aprecio por lo que está al alcance del creador: Una mirada a la belleza del entorno propio, algo que muchos años después el escritor Nagai Kafu describiría como Nihon-rashii o ‘‘aquello que es propio de Japón’’ y esta tensión entre el placer y lo efímero sería recuperada y reinterpretada por los maestros del ukiyo-e.
En el periodo Edo, Japón gozaba de una estabilidad nunca antes vista. El crecimiento de las ciudades y el ascenso de la clase mercantil crearon un nuevo paisaje social y cultural. El arte, hijo de su época, dejó atrás los espacios exclusivos de la nobleza y se volvió accesible y cosmopolita. Sin embargo, los valores estéticos antiguos —esa mirada particular hacia lo bello, lo frágil— se mantuvieron presentes a pesar de los acelerados cambios de la modernidad. Fue en este espacio donde el ukiyo-e, que se había asomado décadas atrás, estaba a punto de autodefinirse; y es que la época Edo, no sólo fuela estampa, de hecho, es necesario entender las prácticas sensibles de esta época para comprender la democratización de la estética.

Es en la época Edo cuando el Hanami (花見) se vuelve una práctica popular y los pintores Rinpa exploran lenguajes visuales apoyados por los entusiastas del arte. Es junto con la música, el teatro y la literatura que, dentro de las librerías, el ukiyo-e empezaría a desarrollarse en el movimiento que hoy conocemos: un arte impreso, accesible y conectado a la nueva manera de vivir.
Artistas como Hishikawa Moronobu[5] y Suzuki Harunobu[6] dieron forma a las primeras imágenes, y con sus obras, el “mundo flotante” —ese espacio de placer, moda, entretenimiento y deseo— salió a las calles. Los paisajes, retratos, escenas eróticas y cómicas, se mezclaron en la comunicación visual de todo Japón y pronto, también en Europa.
La innovación no sólo fue técnica, el movimiento dio lugar a una forma de mirar que, aunque inspirada en lo cotidiano, no era banal. Es por eso que, a mediados del siglo XIX, cuando Japón se abrió al mundo tras más de dos siglos de aislamiento, el ukiyo-e se convirtió en una revelación, y los grabados que habían sido objetos comunes para los japoneses pronto se encontraron con pintores como Monet[7], Toulouse-Lautrec[8] o Degas[9], dejando una marca y creando un nuevo lenguaje para entender a las imágenes del archipiélago: el japonismo[10].
Este fenómeno de fascinación y reapropiación transformó a la pintura occidental, la que replanteó —al menos en diferentes círculos— sus valores estéticos para dar paso a nuevas inspiraciones.
Uno de los ejemplos más famosos es el de la obra Almendro en flor de Van Gogh[11], quien fue un ávido coleccionista de ukiyo-e, especialmente de obras de artistas como Utagawa Hiroshige[12]. A su vez, mientras en Europa estudiaban al ukiyo-e, en Japón los artistas se encontraron con el romanticismo europeo y a sus ideales, los cuales dejaron una huella, que tocaría los últimos años del ukiyo-e y a otras formas artísticas modernas como el nihonga y el yoga. Así, más que una simple influencia, se dio un intercambio con el cual Japón revaloró su propia tradición.

En este punto, podemos ver que el legado del ukiyo-e es más claro, pues después de haber sido atravesado por un desarrollo de la estética reservado casi en su totalidad para las élites, el grabado permitió que cualquier persona accediera a esta exploración de lo sensible, donde lo común no restó valor estético, al contrario, el movimiento se valió de la memoria y la observación, buscando belleza en lo ordinario. La elegancia dejó de ser exclusiva y pasó a encontrarse en un gesto de una joven mientras se mira en el espejo. La naturaleza ya no se ve sólo a través de los palacios, sino desde el barco pesquero de un puerto rural.
En este sentido, el ukiyo-e no sólo fue un producto cultural exitoso, sino una revolución que redefinió los valores estéticos, y hoy, a más de tres siglos de su nacimiento, tiene una influencia importante en el diseño, en lo académico, y en lo comercial.
El ukiyo-e vive en el arte urbano, en la gráfica, en los videojuegos y la animación; Su lenguaje visual se encuentra en posters, libros, galerías y ropa, tanto en Japón como en otros países. Hoy en día al ir a un servicio de streaming podemos encontrar Mononoke de Nakamura Kenji[13] o la aclamada serie Samurai Champloo[14] de Watanabe Shinichirō[15].
Además, el ukiyo-e ha encontrado una segunda (o tercera vida, si tomamos en cuenta al muchas veces olvidado ukiyo-e del midcentury) en el trabajo de artistas contemporáneos que se apropian de sus códigos, como Takashi Murakami[16] y su movimiento superflat o Akira Yamaguchi[17], donde las elegantes líneas inspiradas en Hokusai[18] son desafiadas por los paisajes caóticos de Shibuya o los robots del género Mecha. Estas nuevas visiones del mundo flotante conviven con exposiciones en museos tradicionales que recuerdan la importancia de los maestros y las maestras originales del ukiyo-e.
La separación entre las bellas artes y la cultura visual popular se sigue desdibujando, y en ese espacio indefinido está el ukiyo-e. Es aquí en dónde debemos hacernos esta pregunta: ¿definimos al ukiyo-e sólo por su reproducibilidad técnica —el grabado en madera— o por sus valores, los que van más allá del medio? Si adoptamos una visión demasiado estricta, podríamos limitarlo injustamente y excluir de su influencia a manifestaciones contemporáneas que, a pesar de ser sus propios movimientos, se alimentan no sólo de la estética, sino de los valores que se han proyectado, en más de tres siglos de cultura visual.
Una vez más, lo afirmo: hoy en día, dentro y fuera de Japón, el ukiyo-e sigue presente en múltiples espacios gracias a su naturaleza nostálgica, personal e íntima. Su reproducción no está sólo en la forma, también en el fondo, donde su capacidad de repetición está en la memoria colectiva y en los valores estéticos que encarna. Así, aunque ya no miremos a una cortesana del periodo Edo, sino a una figura contemporánea, cualquiera que sea, el eco del ukiyo-e persiste en esa forma de relacionarse con lo cotidiano. ¶
[.925 Artes y Diseño, Año 12, edición 47]
Fuentes de consulta
| Glosario Ukiyo-e (浮世絵). Literalmente “pinturas del mundo flotante”. Estilo de grabado japonés desarrollado durante el periodo Edo, caracterizado por representar paisajes, cortesanas, motivos eróticos, entre otros. Nishiki-e (錦絵). Tipo de ukiyo-e a color propio del siglo XVIII. Mono no aware (物の哀れ). Concepto o filosofía japonesa que valora la belleza de lo efímero, la melancolía y la naturaleza. Yamato-e (大和絵). Estilo de pintura japonesa tradicional. Hanami (花見). Práctica de contemplar los cerezos en flor, tradicionalmente en primavera. Japonismo. Movimiento artístico y cultural europeo del siglo XIX influenciado por el arte japonés. Superflat. Movimiento artístico contemporáneo iniciado por Takashi Murakami, que fusiona el arte tradicional japonés con la cultura pop. Mecha. Género del manga y anime japonés que se centra en robots gigantes pilotados por humanos. |
Gagosian Gallery. (2025, 8 de mayo). Takashi Murakami: JAPONISME → Cognitive Revolution: Learning from Hiroshige. https://gagosian.com/exhibitions/2025/takashi-murakami-japonisme-cognitive-revolution-learning-from-hiroshige/
García, O. (2014). El periodo Edo. Sociedad y cultura popular urbana. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Hockley, A. (2003). The prints of Isoda Koryūsai. University of Washington. https://www.google.com.mx/books/edition/The_Prints_of_Isoda_Kory%C5%ABsai/QIcsyurU9doC?hl=es-419&gbpv=0
Kafu, M. (1910). Edo geijutsu-ron [Ensayo del arte de Edo]. Shunyoudo.
Shirane, H. (2012). Japan and the Culture of the Four Seasons [Japón y la Cultura de las Cuatro Estaciones]. Jstor. Columbia University Press.
The Metropolitan Museum of Art. (s.f.). Taira no Koremori’s Farewell, from The Tale of the Heike (Heike monogatari). The Met. https://www.metmuseum.org/art/collection/search/823663
中央大学公式 [YouTube.] (2019, 7 de febrero). 知の回廊 第126回「知れば楽しい「浮世絵」の世界」 [Corredor del conocimiento, episodio 126: El mundo del ukiyo-e es fascinante cuando lo comprendes] [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=_mFKW9VVu1E
[1] Utagawa Kuniyoshi (Edo, 1798 – Edo, 1861). Grabador japonés, maestro de la técnica del ukiyo-e en la impresión xilográfica.
[2] Iwasa Matabē (1578 –1650). Artista japonés de principios del período Tokugawa, especializado en escenas de género de eventos históricos e ilustraciones de literatura clásica japonesa y china.
[3] Guerras Genpei es una serie de conflictos civiles que tuvieron lugar entre 1180 y 1185 (finales de la era Heian), y que enfrentó a los clanes Taira y Minamoto, con la victoria del clan Minamoto. Esta situación puso a los samuráis al mando político y militar de Japón, y permitió el establecimiento del primer shogunato.
[4] Tosa Mitsuoki (1617 – 1691). Pintor japonés.
[5] Hishikawa Moronobu (Awa, 1618 – Edo, 1694). Pintor y grabador japonés.
[6] Suzuki Harunobu (1724 – 1770). Grabador japonés, creador de la técnica nishiki-e.
[7] Claude Monet (París, 1840 – Giverny, 1926). Pintor francés.
[8] Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Montfa (Albi, 1864 – Saint-André-du-Bois, 1901). Pintor y cartelista francés.
[9] Hilaire-Germain-Edgar de Gas (París, 1834 – París, 1917). Conocido como Edgar Degas, pintor, escultor y grabador francés.
[10] Movimiento artístico y cultural europeo del siglo XIX influenciado por el arte japonés.
[11] Vincent Willem van Gogh (Zundert, 1853 – Auvers-sur-Oise, 1890). Pintor neerlandés, exponente del postimpresionismo.
[12] Utagawa Hiroshige (Edo, 1797, – Edo, 1858). Pintor japonés.
[13] Kenji Nakamura (Ogaki, 1970). Director de anime japonés.
[14] Samurai Champloo es una serie de anime japonesa de aventuras históricas de 2004. La primera producción televisiva del estudio Manglobe, la serie de 26 episodios, se emitió entre mayo de 2004 y marzo de 2005.
[15] Shinichirō Watanabe (Kioto, 1965). Director japonés de cine y televisión de anime.
[16] Takashi Murakami (Tokio, 1962). Artista contemporáneo japonés.
[17] Akira Yamaguchi (Tokio, 1969). Artista contemporáneo japonés.
[18] Katsushika Hokusai (1760 – 1849). Pintor y grabador japonés.

