Abril 2021

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Imagen tomada de la Revista Los Universitarios, No. 20, Tercera Época, febrero de 1991. Edición ilustrada por Vicente Rojo. Portada

La primera vez que escuché hablar de Vicente Rojo[1] cursaba el 3er semestre de la licenciatura, un profesor me había incluido en un proyecto para editar, diseñar y publicar una revista sobre diseño (que solo pudo tener 3 ejemplares publicados) y para la edición del 4º ejemplar me pidió que fuera a entrevistar a un tal “Vicente Rojo” que era muy importante diseñador.

Me dijo: “Te va a interesar y te sentirás identificado porque hizo grandes cosas en la Imprenta Madero[2]”. Para entonces yo ya tenía casi cinco años trabajando en proyectos de impresión y me encantaba el ambiente de las artes gráficas, de hecho, esa era mi labor en la revista. Me dio sus datos para comunicarme con él, encomendándome una entrevista para la revista.

En ese momento no existía el internet y solo podía acudir a la biblioteca a buscar información que me preparara para saber quién era el señor y conocer su obra. Pero inexperto e ingenuo, solo atendí un par de publicaciones que hablaban sobre su obra pictórica, la cual no me parecía muy trascendente para el diseño, no me encantó, y mucho menos entendía qué tenía que ver eso con la Imprenta Madero, es más, ni siquiera sabía qué era la Imprenta Madero.

Cuando llamé me contestó Bárbara, su esposa, me presenté, le expliqué mi misión y me comunicó con (hoy puedo decir con mucho orgullo) el Maestro Vicente Rojo, quien me dijo:

–¿Por qué no vienes el jueves en la tarde y platicamos con un café? Te doy mi dirección y aquí te espero a eso de las 5:00 pm.

–Ya tengo su dirección–. Contesté, queriendo verme muy profesional y demostrando que ya tenía todo listo y que venía de parte de mi editor. Recuerdo que detecté una risa por parte de él.

Como no tenía idea de quién se trataba, la verdad no estaba nervioso por conocerlo, pero sí entusiasmado por hacer mi primera entrevista y que fuera publicada en la revista que hacía junto con mi profesor. Hoy, a la distancia puedo asegurar que esa tarde de jueves cambió mi perspectiva sobre el diseño, sobre su historia en México, sobre Vicente Rojo, sobre mi futuro y sobre lo que quería hacer en adelante con mi carrera.

Muy formal y profesional, vestí de traje, llegué puntual y me encontré con una casa en Coyoacán, digna de un diseñador/artista/intelectual, que me sorprendió por su arquitectura, por su decoración, pero, sobre todo, por ver obras como las que unos días antes yo desprecié en libros; empecé a sospechar que estaba menospreciando al personaje, pero algo dentro de mí no entendía por qué, si era tan importante, me habían encomendado a mí esta tarea. Si mi profesor tenía su teléfono y dirección ¿por qué me lo pedía a mí? ¿por qué no lo hizo directamente él?

Cinco minutos después apareció una figura esbelta, vestido tan casual que me hizo sentir ridículo con traje. De hecho, después de saludarme me preguntó:

–¿Estás estudiando diseño? Casi incrédulo de que yo fuera diseñador, seguramente por mi vestimenta.

Yo quería ir al grano, verme profesional y no parecer un estudiante de 3er semestre, y que él se diera cuenta de que yo tenía experiencia en las artes gráficas y que sabía de impresión, después de todo, esa era la única explicación que tenía para que yo fuera el encargado de entrevistar a Vicente Rojo.

Así que comenzamos a platicar al respecto y justamente mis primeras preguntas tenían que ver con esa Imprenta Madero: “¿Quieres saber de la Imprenta Madero?, acompáñame”.

Me llevó a su despacho, me mostró fotos, pero sobre todo muestras de los trabajos que experimentalmente hacía con su equipo de trabajo en una imprenta que sin duda cambió por completo la visión del diseño en el mundo, gracias a un grupo de personas creativas, locas, decididas a experimentar con las artes gráficas y el diseño, que tuvieron que luchar contra las ideas convencionales de los dueños, quienes solo veían a la imprenta como un negocio industrial, pero que pronto cambiarían al notar las propuestas innovadoras que este joven artista –que había estudiado cerámica y pintura en España antes de venir exiliado a México y, a su llegada, pintura en La Esmeralda– hizo en dicha imprenta, que eran algo comparables con la Bauhaus, pues se atrevió a introducir procesos creativos, propositivos, experimentales y artísticos, en los métodos industriales de transformación de papel blanco en impresos netamente comerciales, dándoles un carácter (probablemente por primera vez en México) de comunicación antes de únicamente informativos.

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Imagen tomada de la Revista Los Universitarios, No. 20, Tercera Época, febrero de 1991. Edición ilustrada por Vicente Rojo. Página 25

La tecnología, para ese entonces empleada tanto en el diseño como en las artes gráficas, no contaba con los recursos que permitirían hoy hacer todo lo que hacemos para el diseño, pero que tampoco se sabía que podían hacerse, justamente ese fue uno de los legados de Vicente Rojo: hacer del diseño un proceso creativo y artístico que pudiera plasmarse de manera gráfica en cualquier sistema de impresión.

Fueron justamente el maestro Rojo y su equipo quienes, a través de muy complejos y arduos procesos manuales, hicieron propuestas innovadoras para lo que se podía hacer en un taller de litografía-offset, procesos que pocos años después se incorporaron a los planes de estudios de las muy recién creadas licenciaturas en Diseño Gráfico de la UIA y de la UNAM, y que para unas generaciones posteriores se convirtieron en el pan de cada día, en la escuela y probablemente después en su desempeño profesional, pero que surgieron al menos en nuestro país de la mente inquieta y espíritu creativo de un artista que es considerado precursor del diseño moderno, uno de los primeros exponentes del diseño gráfico mexicano tal como lo conocemos.

No entendí nunca por qué decidió dedicarse años después solo a la pintura, si era tan buen diseñador y autor de “obras” del diseño que incluso hoy perduran en el sistema de comunicación gráfica del país y del mundo, sin que necesiten actualización ni renovación, pero seguramente eso fue debido a sus estudios y a eso quiso dedicarse. Yo pensaba que él debía seguir haciendo diseño, aportando diseños, enseñando (como lo hizo una vez en la Imprenta Madero). A veces cuando escuchaba hablar de él, o referirse a Vicente Rojo como “pintor”, me enojaba que no se conociera, como yo lo pude hacer, que también era diseñador, y de los grandes.

Lo que sí sé con toda certeza, es que después de ese jueves no volví a ver al diseño en la forma en que lo hacía, esa entrevista marcó mi vida para siempre. Fue la experiencia que hizo que años más tarde yo también hiciera una revista y un programa de radio en torno al diseño gráfico.

Aquella edición nunca vio la luz, el material de la entrevista y de las fotografías no me pertenece, lamentablemente, y tal vez nunca vuelva a verlo. Pero la vivencia de compartir con el Maestro Rojo esa tarde, que fuera él mismo quien me compartiera sus experiencias, sus trabajos, platicar con él sobre lo que me apasionaba de la imprenta y de las artes gráficas y del diseño, eso, sin duda, sí me pertenece.

Que en paz descanse el Maestro Rojo, que los “barridos de color”, como les decía, las combinaciones tipográficas con grabados y troqueles y sus experimentaciones gráficas perduren por siempre. Que la eternidad le de un lugar en el Olimpo del Diseño. Gracias.

Mtro. Claudio Ruiz Velasco Rivera Melo

Académico de la FAD UNAM Xochimilco


[1] Vicente Rojo Almazan (Barcelona, 1932 – Ciudad de México, 2021). Artista plástico, diseñador y editor mexicano de origen español.
[2] A principios de los años cincuenta, Tomás Espresate y don Eduardo Naval, propietarios de la Librería Madero, habían creado una pequeña imprenta por la Zona Rosa, donde trabajaban José Azorín y los hermanos Jordí y Francisco Espresate. Después, estas instalaciones fueron trasladadas a la Colonia del Valle. Posteriormente otro crecimiento de maquinaria y equipo humano los llevó a la calle de Avena en la colonia Iztapalapa, donde la Imprenta Madero continuó y terminó su ciclo de vida en 1998.
Por los años sesenta, Vicente Rojo, director artístico de la imprenta –con el apoyo de jóvenes operarios–, experimentó sus inquietudes artísticas en viñetas, marcos, plecas y grabados en metal. A este grupo se debe el primer libro realizado en selección de color, hecho en placas de metal, sobre Remedios Varo, fue un adelanto para su época. Tal búsqueda produjo el incipiente lenguaje de un verdadero diseño gráfico.