Elogio de la Madrastra

elogio_de_la_madrastraEsta novela de Mario Vargas Llosa, invadida de erotismo –cuya formulación constante, de la que se vale como uno de sus principales recursos para exponerlo, se deriva de la referencia directa a un conjunto de obras de arte clásicas de la pintura–, es una obra en la que el autor consigue incluir a cada uno de sus personajes en atmósferas pictóricas tanto del renacimiento y el barroco, así como dentro de algunas otras más (correspondientes al rococó y a corrientes de carácter más bien vanguardista). De acuerdo con ello, los personajes de la novela se sumergen entre los trazos venidos de las manos de Fra Angélico, Jacob Jordaens, Francois Boucher, Tiziano Vecellio, Francis Bacon y Fernando de Szyszlo, mimetizándose con los representados en los cuadros por cada uno de los artistas y consiguiendo reconstruir cada una de las escenas; intensificándolas; dotándolas de movimiento; animándolas a un antojo desmedido. En este sentido, Candaules, rey de Lidia reencarna en Rigoberto, quien, además de entregarse de manera obsesiva a sus abluciones lo hace también a lo que para él representa la grupa de Lucrecia, a la cual no debe denominársele de ninguna otra manera que no sea esa… “ni trasero, ni culo, ni nalgas, ni posaderas”, sino así: “grupa”, por las características por él reconocidas, las propias de una yegua “musculosa de aterciopelada docilidad”. De este tipo de mecanismos de alusión visual, la novela está colmada. (CSR/18·08·2017)

Vargas Llosa, M. Elogio de la madrastra, (1988). Tusquets, Barcelona.


El nombre de la Rosa

ElNombredelaRosaObra del novelista y semiólogo Umberto Eco, ha sido motivo de múltiples estudios desde perspectivas tanto historiográficas como desde otras que parten de la crítica y el análisis literarios. De acuerdo con ello, desde estos acercamientos se han destacado aspectos de corte histórico cuyos referentes se anclan al medioevo, así como singularidades estéticas de gran valor creativo en el plano narrativo y en el de la construcción literaria. En esta ocasión, tratando de identificar aspectos relacionados con la forma en que se establecen los juicios racionales que se desprenden de los planteamientos deductivos de uno de los personajes de la obra, hablaremos de algunos de los mecanismos que de manera relacional subyacen a los razonamientos de Guillermo de Baskerville, cuyo diseño de personaje se encuentra inspirado en Occam a quien, al igual que a Bacon, se le debe el reconocimiento sobre algunas de las premisas por él planteadas que sientan las bases de la teoría de los signos dirigida al conocimiento de los fenómenos del mundo partiendo de la observación sistemática y de la interpretación de los indicios.

Para el análisis tomaremos en consideración los elementos contenidos en la narración del Primer día, PRIMA, Donde se llega al pie de la abadía y Guillermo da pruebas de gran dureza. (Eco 1982: 15-21). La suposición en donde se considera como cierto o real un hecho a partir de los indicios que se tienen:

“-¡Vamos! -dijo Guillermo-. Es evidente que estáis buscando a Brunello, el caballo preferido del Abad, el mejor corcel de vuestra cuadra, pelo negro, cinco pies de alzada, cola elegante, cascos pequeños y redondos pero de galope bastante regular, cabeza pequeña, orejas finas, ojos grandes. Se ha ido por la derecha…”

La deducción por medio de la cual se extrae una conclusión de un hecho.

“…aprecio aún más vuestra cortesía porque para saludarme habéis interrumpido la persecución… no temáis, el caballo ha pasado por aquí y ha tomado el sendero de la derecha. No podrá ir muy lejos…, al llegar al estercolero tendrá que detenerse. Es demasiado inteligente para arrojarse por la pendiente…”

La conjetura a través de la cual se forma un juicio acerca de un hecho partiendo de los indicios y las observaciones.

“En la encrucijada, sobre la nieve aún fresca, estaban marcadas con mucha claridad las improntas de los cascos de un caballo, que apuntaban hacia el sendero situado a nuestra izquierda. Esos signos, separados por distancias bastante grandes y regulares, decían que los cascos eran pequeños y redondos, y el galope muy regular. De ahí deduje que se trataba de un caballo, y que su carrera no era desordenada como la de un animal desbocado. Allí donde los pinos formaban una especie de cobertizo natural, algunas ramas acababan de ser rotas, justo a cinco pies del suelo. Una de las matas de zarzamora, situada donde el animal debe de haber girado, meneando altivamente la hermosa cola, para tomar el sendero de su derecha, aún conservaba entre las espinas algunas crines largas y muy negras… Por último, no me dirás que no sabes que esa senda lleva al estercolero, porque al subir por la curva inferior hemos visto el chorro de detritos que caía a pico justo debajo del torreón oriental, ensuciando la nieve, y dada la disposición de la encrucijada, la senda sólo podía ir en aquella dirección.”

Y por último la presuposición, en donde se parte de una suposición previa considerándola como la causa o el motivo de un hecho.

 “…Si el caballo cuyo paso he adivinado no hubiese sido realmente el mejor de la cuadra, no podrías explicar por qué no sólo han corrido los mozos tras él, sino también el propio cillerero. …un monje que considera excelente a un caballo sólo puede verlo, al margen de las formas naturales, tal como se lo han descrito las auctoritates,…

…, ¿por qué Brunello?

… ¿Qué otro nombre le habrías puesto si hasta el gran Buridán, que está a punto de ser rector en París, no encontró nombre más natural para referirse a un caballo hermoso?”

 De acuerdo con estas formas de reconocimiento sobre la razón de las cosas vemos una manera consistente de aplicación de un procedimiento de interpretación relacionado con la teoría semiológica cuyos principios se corresponden con mecanismos que parten de la suposición, la deducción, la conjetura y la presuposición y cuyo método le es explicado a Adso por parte de Guillermo de la siguiente manera:

 “…durante todo el viaje he estado enseñándote a reconocer las huellas por las que el mundo nos habla como por medio de un gran libro… pensando en la inagotable reserva de símbolos por los que Dios, a través de sus criaturas, nos habla de la vida eterna. Pero el universo es aún más locuaz de lo que creía Alain, y no sólo habla de las cosas últimas (en cuyo caso siempre lo hace de un modo oscuro), sino también de las cercanas, y en esto es clarísimo. Me da casi vergüenza tener que repetirte lo que deberías saber.” (CSR/24·02·2017)

Eco, U. El nombre de la rosa. (1982). Lumen, Barcelona.


El suelo bajo sus pies

72 ElsuelobajosuspiesUn fotógrafo se vuelve testigo presencial de acontecimientos históricos que unen al mundo oriental con el occidental. El testimonio de una generación que vive la modernidad desde sus estragos hasta sus victorias es dejado por Rai Merchant, desde la percepción que nos regala de los cambios arquitectónicos que sufre su ciudad natal: Bombay. Ciudad que abandona para ver desde lejos, e incluso desde la historia de la fotografía, su pérdida de Oriente o su “des-orientación”, mientras que se inmiscuye en un seductor mundo Occidental encarnado por Vina Apsara, una rockstar o semidiosa que, junto con su amado –el ídolo juvenil Ormus Cama– enloquece a multitudes con sus canciones. Gracias a esa relación, Rai vive gran parte de la historia del rock, o quizá de la música popular contemporánea, de donde salen a relucir movimientos que van desde la entonces ilegal escena dj, pasando por un intrépido dub, hasta llegar al jazz más purista. Merchant también aprovecha su interminable viaje por el mundo para contar cosas atroces de su época: la parte final de la guerra fría y el inicio de los modelos económicos especulativos que engendraron la globalización. Desde una derrumbada ciudad de Tequila, México, Rai Merchant comienza su relato que le da vida a esta gran novela. (SSV/11·11·2016)

Rushdie, S. El suelo bajo sus pies. (1999). Plaza & Janes, Barcelona. Traducción de Miguel Sáenz.


El pintor de batallas

72 El Pintor de Batallas¿Existe el orden en el caos? ¿O acaso en el caos que percibimos subyace el orden? ¿La guerra, el amor, el arte y la razón obedecen a leyes que no comprendemos? Faulques, reportero de guerra en el retiro, confronta a sus fantasmas en el encierro de un viejo faro y pretende encontrar sentido a su existencia pintando la escena bélica que no pudo capturar fotográficamente. En un recorrido vertiginoso a través de multiplicidad de obras y autores que han mostrado a la guerra en sus trabajos, Arturo Pérez-Reverte –con una prosa potente– indaga entorno a enigmas que se manifiestan cotidianamente y en donde la violencia siempre sale triunfadora. La imagen es una de las preocupaciones principales del personaje central: “De tanto abusar de ella, de tanto manipularla, hace tiempo que la imagen dejó de valer más que mil palabras. Pero la culpa no es suya… Demasiadas fotos, ¿no crees? El mundo está saturado de malditas fotos”. Una novela fascinante en la que el autor español cala profundamente en la conciencia humana. (EAC/11·11·2016)

Pérez-Reverte, A. El pintor de batallas. (2006). Punto de Lectura, Madrid.