Noviembre de 2020

Está pasando un minuto en la vida del mundo. Píntalo como es.
Paul Cézanne

En esta galería virtual, presento algunas piezas que reflexionan sobre la íntima relación entre el dibujo y la pintura y algunas formas en que el tiempo se evidencia y contiene por medio de cada uno de estos lenguajes, a través de sus gestos y soluciones. Si bien esta no es una intención meramente comparativa, es inevitable observar las particularidades y misterios de cada disciplina cuando se viven de manera conjunta: los ritmos cambian, la relación corporal es distinta, el tiempo transcurre en una combinación de velocidades y pausas que van a contracorriente del cauce convencional ya que ambos están conformados por la acumulación de tantos instantes que crean una nueva totalidad, más que un fragmento.

El dibujo revela de manera más clara y directa el proceso de su ejecución, cada acierto y cada duda dejan ver la propia mirada y la mano del dibujante. La pintura permite incontables correcciones y ajustes, el cuadro va mutando varias veces durante el proceso y cuando se detiene la pieza esa trayectoria de gestos y decisiones en ocasiones queda invisible, mientras que el dibujo revela las diversas etapas de construcción de manera más evidente, como si se propusiera la simultaneidad de muchos momentos.

Como sabemos, cualquier imagen que percibimos es un registro visual de una apariencia cuya naturaleza es desaparecer; la pintura y el dibujo, desde sus prehistóricos inicios, también surgen de este deseo básico en los humanos por aprehender la existencia, dejar un testimonio visual de nuestras acciones, emociones o ideas, de quienes somos, mientras se reta de manera directa a la desaparición y al olvido. Hoy en día, todos cargamos miles de fotografías de manera virtual en algún dispositivo portátil probablemente con esta misma intención: tener una referencia visual de quienes apreciamos, un recordatorio que nos conecte de nuevo con nuestra sensibilidad y afectos. También sabemos que cualquiera puede tomar una fotografía con el celular, que en su mayoría no van más allá del encuentro entre un suceso y un fotógrafo. A diferencia de esto, el dibujo y la pintura contienen la experiencia existencial y la construcción temporal de la mirada de quien los crea, el cuestionamiento suspendido de la apariencia de una idea o de una forma, mientras nos obligan a detenernos y entrar en su propio tiempo, el de la quietud.

Por Dra. Diana Salazar


Estudia la Licenciatura en Artes Visuales, la Maestría en Historia del Arte en la UNAM y es Doctora en Artes y Diseño. Ha desarrollado una importante carrera como pintora y ha expuesto de manera individual y colectiva en numerosas ocasiones en México y el extranjero. También ha recibido importantes distinciones por ello. Recibe el Premio Universidad Nacional- para Jóvenes Académicos. Desde 1995 es profesora en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Tutora del Posgrado en Artes Visuales de la FAD. Ha impartido cursos y conferencias en importantes Universidades e instituciones.