La forma, el algoritmo del diseño: deconstruyendo los fundamentos hacia las nuevas ecuaciones de los sistemas visuales - Revista .925 Artes y Diseño
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Revista de la Facultad de Artes y Diseño plantel Taxco

La forma, el algoritmo del diseño: deconstruyendo los fundamentos hacia las nuevas ecuaciones de los sistemas visuales

Por Adriana Paredes Martínez.–

La forma pertenece a un tronco común que establece el factor de conocer y utilizar un lenguaje desde lo general, la taxonomía y posibles usos sólo manejando a la forma por la forma. El diseño gráfico, arquitectónico, multimedia, industrial, y las artes visuales son hermanados por principios morfológicos que se sustentan a partir de los geométricos, dando lugar a la estructura y la manipulación de ella en un binomio geomorfológico. Todos ellos empiezan utilizando un primer “alfabeto” que relaciona mente-imagen; generamos constructos mentales a partir de la observación del entorno y nuestra realidad y tratamos de expresarlos y darles vida, la traducción de lo mental a lo visual se convierte en una cotidianeidad que cada vez exige mayores alcances dentro del vocabulario para desarrollar enunciados, frases y discursos capaces de mantener comunicación no verbal.

Lograr el dominio del lenguaje formal sólo es posible analizando cada una de sus reglas. Referirse al lenguaje geométrico y morfológico determina establecer tres niveles de visualización: formal, simbólico y espacial. Dados los tiempos actuales donde el desarrollo visual delega la mayoría de su materialización en herramientas tecnológicas, se ha perdido el vínculo con el origen, el principio que fundamenta cualquier manifestación no importando su grado de representación. Si bien el ser humano es el actor que funge como creador en el mundo de las imágenes, éstas han sido proporcionadas desde el mundo natural en perfecta armonía y concordancia con todo lo que nos rodea.

La organización de la materia da origen a la definición formal, así mismo la organización de esas formas brindan esquemas definidos que incluso se han llevado hasta lo que conocemos como el diseño de la información y que brindan los esquemas infográficos, diagramas de funcionamiento, árboles de navegación, organigramas por mencionar algunos. Ramificaciones, fractales, apilamientos, son sólo algunos modelos replicados de lo natural a lo cultural y tecnológico, parece que cada vez más pasa desapercibido el ejercicio de abstracción que hace reflexionar que todo aquello que en estos momentos nos hace “amigable” la comunicación, nos ha pertenecido de manera clara y franca desde los inicios de lo que nos rodea sin patentes ni divisiones del conocimiento.

La forma es antes que nada la consecuencia de un proceso de adaptación surge de la cotidianidad sumergida en la concepción de un mundo natural esparcida y que cumple una función; si la misma observación da un manual de uso y comportamiento de la forma, es ilógico pensar que no existe correlación con el comportamiento del ser humano, ya que ese “ser” es el mismo que ha llevado y difundido los principios para continuar con su diseño desde varios ojos y asociaciones. Es la forma natural la que brinda los lineamientos “gramaticales” para la construcción de un lenguaje; interpretado mediante la mímesis que se han adaptado estructuras, mecanismos, organizaciones y diversas disposiciones espaciales en un sentido natural hacia la forma cultural que es aquella que cuenta con la intervención del ser humano.

La forma se presenta como un ente universal y cosmogónico, desde su concepción estructural y su ubicación dentro del espacio ha trascendido a lo sagrado y simbólico. Su origen natural ha conducido el estudio de formas culturales abstractas, geométricas, matemáticas, tipográficas, etcétera. Tan finita e infinita a la vez, su manera de presentarse, modificarse y adaptarse a la realidad que le toca vivir la convierte en el lenguaje idóneo para la comunicación visual. El antecedente de su representación natural hacia la interpretación humana establece una conexión entre geometría y matemáticas. La Geometría Sagrada a través de imago mundis y la concepción del centro como intersección de ejes, crea un vínculo entre lo sagrado y lo terrenal. “La geometría existió́ antes de ser creadas las cosas, es tan eterna como el Espíritu Divino; es el mismo Dios y ha aportado los arquetipos para la creación del mundo de acuerdo con lo expresado por Johannes Kepler en su obra Harmonices Mundi[1], de 1619.

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La Bourtange, Países Bajos. La fortaleza fue construida por Guillermo I de Orange para defender el camino que unía Alemania con Groningen, en una época en la que la región era controlada por tropas españolas.

Si desde la concepción sagrada existe el punto como referencia de intersección y a partir de ahí se esquematiza el espacio, esa similitud es compartida desde el momento de la creación visual al estipular ejes bidimensionales, ubicación e inicio de la forma; si se empieza a generar el algoritmo, es el 3 uno de los dígitos fundamentales del diseño. El ser humano delimita a partir de un CENTRO, la composición gráfica ve su inicio a partir de un centro y subsecuentemente el uso de cada elemento visual desde su construcción ve su origen desde un centro. La particularidad se extiende y cobra importancia un simple “punto” cuando nos asomamos más allá de nuestro monitor.

En 1923, Kandinsky propuso una correspondencia universal entre las tres formas elementales y los tres colores primarios: el dinámico triangulo es esencialmente amarillo; el estático cuadrado, intrínsecamente rojo; y el sereno circulo, naturalmente azul. Hoy, la ecuación ha perdido su pretensión de universalidad y funciona como un signo flotante capaz de adquirir numerosos significados, entre los cuales está el de representación de la Bauhaus. (Lupton, 2019: 9) Es entonces, que la estructura y sustento de la forma, sus fundamentos estipulados en punto, línea y plano, triángulo, cuadrado y círculo, crea una triada de 3+3. La relación entre ellos es constante pero variable; existe asociación y jerarquía, forma visual y conceptual. La organización de elementos, y definirlos de manera separada y en conjunto, son de los primeros conocimientos que establece el código visual. Refiriéndonos al tres, ¿Será mera coincidencia que nuestro campo de representación está dirigido por triadas?

Las 3 formas como conceptos: Ilustración realizada por la autora.
Las 3 formas como conceptos: Ilustración © Adriana Paredes Martínez.

Cada una de estas triadas tienen su campo de representación desde el uso de instrumentos y herramientas de trazo hasta el manejo digital, corresponden a nuestro A, B, C de la forma para empezar a sustentarla y, queda implícito –más no claro– que quien no domine sus alcances, materialización y uso, por supuesto, trasladará las limitantes “de no hablar”, el campo semántico, no importando contar con la más alta tecnología o el software más avanzado, el lenguaje es universal y debe dominarse.

Desde las diferentes escuelas hasta nuestros días, la forma geométrica es el factor común entre disciplinas, para traducir la idea mental hacia el papel. Gombrich acota perfectamente que el hombre es sensible a percibir de primera instancia las formas geométricas debido a la simpleza que presentan. Así la forma guarda una extrema semejanza con los principios matemáticos. El proceso creativo desde la naturaleza hacia la construcción de formas en el diseño existe por cuatro operaciones universales. Así la forma guarda una extrema semejanza con los principios matemáticos.

Las 4 operaciones: Ilustración realizada por la autora.
Las 4 operaciones: Ilustración © Adriana Paredes Martínez.

Es a través de éstas cuatro operaciones que se generan las más diversas acepciones desde lo complejo hasta lo rebuscado; son estas operaciones una constante del poder creativo y resulta ser más común marcar las diferencias entre saberes que los vínculos; la poca visión del lenguaje formal radica en que el ejercicio de “deconstrucción” parece no ser cercano a nosotros y si tan sólo practicáramos asociaciones multidisciplinarias de manera lúdica nos sorprenderíamos en los resultados.

De acuerdo con Berlo (2000) el lenguaje incluye un sinnúmero de símbolos significantes, pero también algo más. El lenguaje es un sistema que implica tanto los elementos como las estructuras. Como en todo sistema, podemos definir las unidades elementales y estructurales a distintos niveles, según el propósito. A todo nivel, empero, el lenguaje comprende un conjunto de símbolos (vocabulario) y los métodos significativos para combinar esas unidades (sintaxis). Una gramática es la descripción de las características de la estructura del lenguaje (Ríos, 2010: 7). El contexto actual del Diseño necesita establecer varios verbos de acción que sean acordes a los cambios constantes y que a la vez guarden la continuidad del saber en favor de la universalidad que rodea nuestro lenguaje a través del uso de formas y que nos permite hermanar con otras disciplinas.

La génesis o retorno al origen que exige la formación del diseño es un lazo comunicante donde se reclama la fundamentación como un ciclo infinito y renovador. Si nuestros propios códigos surgen de la naturaleza y es el diseñador un ente biológicamente constituido que cuenta con una manera de entender el mundo y a la vez formamos parte de una sociedad, no es descabellado pensar en la forma como el algoritmo del diseño, como conjunto ordenado de operaciones que permite hallar la solución de un problema, que si bien se pueden usar los mismos elementos, cada ser, al momento de diseñar y crear, obtendrá resultados diferentes; estos diversos puntos de vista hablan de la versatilidad del uso del lenguaje visual a través de la conceptualización de la forma.

Definir la forma desde el contexto natural es una visión contemplativa, desde lo general, la observación del fenómeno permite derivar las ramas y diferentes enfoques derivados de la misma observación. Una constante puede ser contemplada con diferentes puntos de vista; la solución del problema presenta “ecuaciones” que prueban una y otra vez diversas salidas, experimentos y versiones de una misma operación. La forma es el ente general que deriva distintos perfiles de estudio en la búsqueda del mejor resultado. 

[Publicado el 8 de febrero de 2023]
[.925 Artes y Diseño, Año 10, edición 37]

Fuentes de consulta

  • Bergamini, D. (1968) Matemáticas. México, Multicolor
  • Gombrich, E. H. (1999). El sentido del orden. Madrid, Editorial Debate
  • Focillon, Henry. (2010). La vida de las formas. México, UNAM
  • Lupton, E. (2019). El ABC de la Bauhaus. La Bauhaus y la teoría del diseño. México, Gustavo Gili
  • Oviedo Fadul, A. (2004) Diseño. Estructurado de Algoritmos. Sincelejo
  • Roob, A. (2006). Alquimia y mística. Barcelona, Taschen
  • Vanden Broeck, Fabricio. (2000) El diseño de la naturaleza o la naturaleza del diseño. México, UAM
  • Bernal Rosales, O. J., & De Hoyos Martínez, J. E. (2012). El mito fundacional de la ciudad. Una visión desde la Geometría Sagrada. Nova Scientia, 4(8),90-109. [fecha de Consulta 29 de Noviembre de 2022]. ISSN: Recuperado de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=203324394006
  • Ríos Hernández I. (2010). El lenguaje: herramienta de reconstrucción del pensamiento. ‘Razón y Palabra’, Primera revista electrónica en América Latina especializada en comunicología, 72, 1-25. http://www.razonypalabra.org.mx/N/N72/Varia_72/27_Rios_72.pdf

[1] Harmonices mundi (La armonía de los mundos) es el libro en el que el astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler (Weil der Stadt, 1571 – Ratisbona, 1630) expuso la primera formulación de la tercera ley del movimiento planetario.

Doctora con Mención Honorífica en Artes y Diseño, académica con 26 años de antigüedad de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Especialista en estudios de la forma a partir del pensamiento geométrico

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