En las márgenes del libro: Los libros heridos | Revista .925 Artes y Diseño

Revista de la Facultad de Artes y Diseño plantel Taxco

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En las márgenes del libro: Los libros heridos

Por Mónica Euridice de la Cruz Hinojos.

Esa tarde, cuando había terminado el ciclo de primer año de primaria, saqué de la mochila mi libro de español, en ese entonces tenía una parte que era para recortar, así que me dispuse a continuar la labor aparentemente concluida. Tomé las tijeras chatas, corté, corté y corté. Incluso en aquellas áreas que no estaban indicadas para ese fin. Puse pegamento en esos pedazos de papel que contenían ilustraciones, palabras de gran tamaño y letra script, para trasladarlos a otras páginas, al agregar o quitar parte de un texto, podía armar otras historias. Descubrí, sin querer, que podía transformar el libro, en mi libro, que las imágenes y las letras se transmutaban y cambiaba el sentido de las oraciones ahí impresas.

Me encontraba ocupada en esa tarea, cuando mi padre entró casi sin sentirlo. Y con total serenidad pero muy decididamente, tomó el libro maltrecho, puso mis manos delante y me dio con él un par de pequeños golpes. Me dijo que eso es lo que sentía aquel pobre, roto y un poco desmembrado libro escolar. Desde aquel día y durante mucho tiempo, debo confesarlo, me fue imposible ni siquiera subrayar un libro.Mo¦ünica de la Cruz 02 cyanCon los años, ese objeto que es además uno de los más eficaces dispositivos de comunicación que el ser humano ha creado, se convirtió en una presencia constante en mi vida e incluso en un objeto de investigación y de creación. El asunto, aquella vez que incursioné, sin saberlo, en lo que ahora se llama “libro alterado”, quedó como un experimento lejano pero que arraigó fuertemente en mi inconsciente, llenándome de una gran curiosidad.

En el transcurso de mi búsqueda, supe de artistas y diseñadores que cortaban los libros también y no solo eso, cosían, dibujaban, grababan o esculpían sobre libros impresos, retomando los textos que ahí se encontraban o tomando simplemente sus hojas para hacer pliegues, gofrados, huecos o los molían transformándolos en materia prima para otros objetos.Mo¦ünica de la Cruz 03 cyanDe esa manera me di cuenta que no era la única que tenía ese extraño impulso de “destruir” los libros. Por lo que vivo ahora en un estira y afloja entre la idea de la conservación y de la transformación, una especie de sentido místico y sagrado del texto y por otra parte de deseo de transgredirlo, de profanarlo y de re-sacralizarlo.

El tema es complejo y fascinante, los libros han sido por diversas razones, objetos que se han sido perseguidos, censurados, quemados, destruidos, maldecidos e incluso desterrados. Y por esa misma razón hay quien a riesgo de su propia vida, los ha salvado, protegido, conservado y defendido.

Los libros han sido también objetos de codicia, hay quien los colecciona obsesivamente, que los prefiere incluso más que a las personas de carne y hueso. Incluso algunos han vivido como prisioneros, encadenados en las bibliotecas de muchos monasterios europeos para que no les sean robados y se conviertan en prisioneros de otros monasterios, palacios o casas de grandes señores.

Aunque tengo una muy pequeña biblioteca, que es más que raquítica si la comparo a la que siempre he soñado poseer, debo confesar que en ella conservo ejemplares que tienen una larga historia y que me gusta recordar mientras los toco, los consulto o simplemente los contemplo. Me han acompañado de mudanza en mudanza, han aguantado goteras y climas húmedos, a mis mascotas, al sol –que se ha comido el color de los lomos y portadas de algunos de ellos. Estaba orgullosa, habían resistido de manera estoica las inclemencias y maltratos.Mo¦ünica de la Cruz 08 cyanSin embargo hace unos días descubrí que dos libros muy queridos habían sido presa de la polilla y estaban muchas de sus hojas dañadas irremediablemente. Por supuesto que mi primera reacción fue de absoluto horror, recordé ese primer libro mutilado por mis propias manos. Y pensé en todos aquellos libros heridos por las inundaciones o naufragios, los imaginé a la deriva, después de que un barco fuera hundido en altamar; sentí la pérdida inevitable de aquellos incendiados; de los que han sido bombardeados o de aquellos a los cuales las balas los han traspasado; de los libros, que como los míos, han sido presa de insectos y bacterias.

Después de un gran lapso de estupor y de gran desazón, observé con absoluta fascinación el trabajo extraordinario, que solo podría lograrse hoy en día con una cortadora láser, comencé a descubrir una nueva lectura entre los huecos dejados por la voracidad del hambre y el deseo de sobrevivir en una selva de papel y tinta. La poética de la destrucción y de los nuevos sentidos que el azar le da al texto. Hay una belleza extraña en los libros heridos, en los “libros alterados” por la naturaleza o por las grandes tragedias humanas, son experiencias de gran riqueza expresiva.

Los libros deformados por el agua, por el fuego, por el viento o por una cuchillada, por un insecto que laboriosamente crea nuevos espacios, canales, lagunas profundas, en donde se alcanzan a distinguir algunas letras, algunos rastros de un dibujo, de una fotografía, son micro-paisajes en donde el ojo descubre caprichosas oraciones, frases que pueden traer significados ocultos. Voces que se superponen en una intensa cacofonía, silencios impuestos que hacen callar a los pensamientos y a las ideas para que surjan con mayor intensidad o para que le den paso a nuevas ideas y a nuevos pensamientos.

Aquí estoy hoy, esta tarde, una tarde muy lejana de aquella, no soy yo la que rompió el libro, su hilo discursivo, y, sin embargo, soy testigo de una profética puesta de juego de espejos, en donde el maravilloso libro de Miguel León-Portilla que habla de los códices mesoamericanos, sobre “los antiguos libros del mundo nuevo” –donde lamenta la violenta destrucción de las culturas y de sus sistemas de escritura, de la destrucción de los libros-pinturas– ha sido destruido a unos pocos años de su publicación, en mi pequeña biblioteca. Me lleno de admiración y de tristeza. Como si la minuciosa destrucción del texto por pequeños insectos le diera mayor vehemencia, mayor legitimidad.

¡Nada más conmovedor que ver un libro herido que habla de libros asesinados y torturados! 

(Publicado el 4 de mayo de 2015)

Fotografías y referencia:

  • León-Portilla, Miguel, Códices, México, Aguilar, 2003, pp. 33-35.

Licenciatura en Diseño Gráfico, FAD, UNAM; con Tesis con Mención Honorífica. Ayudante de Investigador de la Dra. Ida Rodríguez Prampolini, Investigadora Emérita en Arte por parte de CONACYT y del IIE, UNAM, Veracruz, 1998-1999. Maestría en Tecnologías para el Aprendizaje, Centro Universitario de la Costa, Universidad de Guadalajara. Beca CONACYT. Candidata a Doctora, Doctorado de Artes y Diseño, FAD, UNAM. Beca de Estudios de Posgrado, UNAM. Ha impartido talleres y cursos, ha dado conferencias sobre cine, uso de las TIC`s para la educación, libro de artista, apreciación artística, arte y diseño, paisaje, en México y en el extranjero. Ha participado en más de 20 exposiciones colectivas. Ha sido profesora por más de 25 años en diversas instituciones, preparatorias y universidades, tanto particulares como estatales o nacionales. Es investigadora independiente, sus líneas de investigación y producción son: Lo ritual en el arte; el paisaje y el arte; libro alternativo. Es productora de libro de artista, libro alternativo, cerámica y gráfica. Trabaja además en proyectos multidisciplinarios.

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